Tatuarse es algo que hoy en día es muy común. Se dice que no puede tener una explicación general, ni siquiera el mismo tattoo, como se le llama, pues una flor puede tener significados diferentes depende de cada persona. Incluso se dice que el significado tiene relación con la parte del cuerpo que sea tatuado. A veces es para uno mismo, a veces por el placer de ser mirado.
Lo que yo pienso respecto al tatuaje es que la persona que lo hace tiene baja autoestima, y desea sentir que hizo algo por sí mismo. Realmente no hizo nada, pero se miente a sí mismo creyendo que sí, o le miente a los demás mintiéndose a sí mismo, pues él sabe que los demás lo ven y piensa que ellos piensan que hizo algo por sí mismo. Él mismo sabe que los demás saben que no hizo nada por sí mismo, porque él mismo sabe que eso es no hacer nada por sí mismo.
En definitiva (es sólo mi opinión personal), es cuestión de baja autoestima, permitiéndose pintarrajear su cuerpo como si fuera propio, como si fuera un lienzo, como si fuera que el significado de su tatuaje se hace más creíble si lo tiene tatuado. Como si fuera que si no lo tuviera tatuado no le daría valor a eso que representa. Por ejemplo, muchos dicen que un colibrí representa el alma de alguien fallecido muy querido. Suponiendo que así sea, o sin suponerlo, dando razón a los sentimientos personales, ¿acaso si no lo tiene tatuado es señal que no amó o aún ama a esa persona fallecida? El que ama, ama aun sin tatuarse.
Al final, es algo que no es más que una representación y no una connotación real. Lo que tiene de llamativo es que es algo que se hace en el cuerpo, que es eterno, por lo menos hasta que la carne sea alimento de gusanos.

Esto me llevó a pensar si el ejercicio no es parecido o tal vez lo mismo que el tatuaje. Hacer ejercicio es muy bueno y muy sano. Explicaré desde un punto de vista más allá del cuerpo: cuando la mente se mantiene ocupada en algo saludable, tanto para el cuerpo como para el alma, eso provoca que estemos bien tanto en el cuerpo como en el alma. El cerebro es una máquina perfecta e impresionante. Y por más grandioso que sea, no puede hacer dos cosas voluntarias a la vez. Y aclaro voluntarias ya que mientras leemos respiramos, oímos, nos movemos, digerimos y estamos en el baño. Es decir que sí podemos hacer varias cosas a la vez, pero no son cosas voluntarias. No podemos leer y entender lo que leemos si al mismo tiempo pretendemos escribir, escuchar música de manera atenta. Esas son cosas imposibles de hacer al mismo tiempo.

El cerebro necesita estar activo, atento, ejercitándose para no atrofiarse, ya que es un músculo más que si no se usa por mucho tiempo se entumece.

Cuando hacemos ejercicio nos mantenemos activos en el cerebro ya que se debe mantener el ritmo respiratorio, el equilibrio, la fuerza, la velocidad, etc. Eso favorece mucho al cuerpo pues acostumbramos a que la “Gran Máquina” directora del cuerpo nos mande señales activadas bajo la oxigenación y el cuidado, con ese entrenamiento de estar activos y no pasivos. En lugar de “esperar” recibir órdenes de nuestro cerebro basado en lo que nos informamos de lo que vamos escuchando en la sociedad, seremos nosotros los que dominaremos esos pensamientos y esas órdenes. Podremos dejar de hacer algo, como fumar si así lo deseáramos, si nuestra “Gran Máquina” está entrenada. Es por eso que el ejercicio es tan bueno, tan saludable.
¿Pero qué pasa cuando lo que deseamos con el ejercicio no es otra cosa que aumentar la masa muscular? Yo no puedo creer que eso es por beneficio de verse bien uno a uno mismo, sino más bien para ser visto, lo mismo que pasa con el tatuaje. Ya sea para ser visto por alguien más o para uno mismo, la idea es que se vea, que se note. ¿Acaso necesitamos hacernos notar o es claro que las personas que creen necesitar eso es por tener el autoestima baja?

Podría decir lo mismo de las . Si piensas algo que no cambia en nada si lo dices o no, el hecho que lo digas es porque necesitas que te vean que lo dijiste. Repito: me refiero a esas cosas que en nada cambia a nadie, ni favorece ni perjudica. Entonces, ¿qué sentido tiene? Publican un vaso del Starbucks con el nombre, una comida en el Bellini, un video tomando alcohol, una rutina de ejercicios… ¿Acaso eso le sirve a alguien verlo o le “sirve” solamente al que lo muestra para auto complacerse que los demás lo ven?

En un mundo donde la baja autoestima es tan grande, vale la pena analizar por qué pasa eso y sacar de raíz ese flagelo, y no “tapar el sol con un dedo” con un tatuaje, una musculatura o unas fotos en . Peor aun es cuando lo que se publica en las ni siquiera es propio, sino que se comparte y comparte de manera casi infinita lo que nadie sabe quién lo escribió. ¿Acaso eso no es baja autoestima?

Y tal vez la respuesta a por qué vivimos en una sociedad de tan baja autoestima es justamente el análisis de las mismas consecuencias que hemos analizado.

El hecho que hoy en día se tenga acceso de manera tan fácil para tatuarse, para hacer ejercicio y tener un gran físico, de tener a la mano las “benditas redes sociales” hace que “no tengamos llenadera” y todo nos parezca insuficiente, pues siempre hay más por hacer en esos ámbitos.

Tal vez, si nos canalizáramos en leer libros, en estudiar algo, en perfeccionar el amor familiar, los tiempos, la organización, nuestro autoestima subiría como espuma de cerveza, pero todas esas cosas no son evidentes a las demás personas. Y peor aun, los que llegan a notarlo, nos perciben como seres extraños, idiotas. Sí, dije idiotas porque la palabra idiota quiere decir fuera de la realidad.

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Mi nombre es Gabriel Zaed y escribo bajo el seudónimo de Rob Dagán. Mi pasión por la escritura es una consecuencia del ensordecedor barullo existente en mis pensamientos. Ellos se amainan un poco cuando son expresados en tinta, en un escrito. Más importante es expresarse que ser escuchado o leído, ya que la libertad no radica en hablar, sino en ser libre para pensar, analizar.