Así como en nuestro país hay políticos hoy en el poder —como el propio presidente López Obrador o el fiscal Gertz— ejerciendo revancha contra personajes que les antecedieron y amagando con meterlos en la cárcel bajo acusaciones fundadas o infundadas, de igual modo, en el para nosotros lejano Irán, el nuevo gobierno encabezado por Ebrahim Raisi, un clérigo de línea dura archiconservadora, opera junto con el Poder Legislativo, al cual domina, para enjuiciar a quien le antecedió en el cargo, el reformista Hassan Rouhani.

Un comité emanado de dicha legislatura envió un expediente y una petición formal al poder judicial para que se le juzgue por diversos delitos presuntamente cometidos a lo largo de su gestión presidencial, que duró desde 2013 hasta 2021. Es claro que esta iniciativa no se habría producido sin la intervención directa del gran líder, el ayatola Ali Khamenei.

La petición de marras incluye un documento firmado en línea por más de medio millón de ciudadanos, “estudiantes universitarios, clérigos jóvenes y gente de distintos ámbitos”, quienes exigen al “parlamento revolucionario” ocuparse del caso hasta llegar a un veredicto firme contra el expresidente por los siguientes delitos: devaluar la moneda nacional, destruir empleos, emplear a espías y potenciales traidores en puestos gubernamentales clave y haber permitido la infiltración de servicios de inteligencia del enemigo dentro del equipo iraní que negoció el “humillante” acuerdo JCPOA de 2015 con Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia, Alemania y China, firmado para detener el desarrollo nuclear iraní a cambio del retiro de las sanciones que pesaban sobre el país persa.

La lista de acusaciones a Rouhani es larga. Se presentan en total 18 cargos. Entre ellos, haber engañado al público respecto al fin de las sanciones internacionales, haber destruido la tecnología nuclear iraní y ser responsable de la muerte de más de 200 ciudadanos en la represión de las protestas populares de noviembre de 2019 por la elevación del precio de los energéticos. Esta última acusación es evidentemente hipócrita, ya que desde el mismo momento de los hechos fue claro que dicha represión, una de las más mortíferas en la historia de la República Islámica, fue avalada por el propio Khamenei, quien adjudicó las protestas a “enemigos infiltrados desde el extranjero”.

Es de suponer que el expresidente Rouhani debe estar nervioso. Enfrenta acusaciones de traición que, de acuerdo con la legislación nacional, se castiga con pena de muerte. Sabe que aun cuando el régimen se precia de tener un aparato judicial independiente, éste ha sido siempre profundamente conservador, además de que su más alta autoridad es nombrada por Khamenei. En la actualidad ese máximo cargo lo desempeña un clérigo de línea dura de nombre Gholam Hossein Mohseni, quien seguramente manejará el asunto como se lo indique el gran líder de la revolución islámica, sin cambiarle ni una coma.

A partir de este particular caso es posible registrar cómo los regímenes que se autodefinen como “revolucionarios” son los más propensos a incurrir en vendettas políticas contra aquellos a quienes acusan de haber traicionado la revolución. El concepto de traición sirve así como justificante para silenciar o eliminar a quienes presuntamente cometen tan grave falta. Ejemplos no faltan. La revolución soviética, la china, la cubana y la sandinista lo han hecho, con el fin de acabar con cualquier reducto de crítica y/o disidencia. Los enemigos de la revolución son, en esa modalidad de discurso oficial, también enemigos del pueblo, y por tanto merecen castigos severos. Se trata del lenguaje y los métodos típicos que aparecen de forma casi natural en sociedades polarizadas intencionalmente por dirigentes que presumen su condición de revolucionarios.
No en balde crecen la alarma y la crispación entre nosotros en México. Cuando se oye a nuestro Presidente decir que quienes no apoyan su reforma energética son traidores a la patria, no se puede sino sentir escalofrío. Porque la retórica importa y las palabras cuentan. Las violencias que destruyen vidas y arruinan porvenires son a menudo hijas suyas.

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