El 63 aniversario de la independencia de Israel, que se festeja este año el 10 de mayo, es una buena ocasión para hacer un balance de las relaciones bilaterales Israel-, establecidas en julio de 1952.

A lo largo de los años, estas relaciones han reflejado los cambios geopolíticos, tanto mundiales como regionales, que evidentemente han influenciado también la política exterior de ambos países.

En los últimos 20 años y especialmente en la última década, somos testigos de un acercamiento construido sobre convergencias e intereses comunes, por lo que hoy en día ambos países mantienen una relación fuerte, diversificada y desarrollada.

Sostenemos un diálogo en una amplia gama de temas que nos han permitido conocernos y acercarnos más.

En casi todos los variados ámbitos de nuestras relaciones, los indicadores muestran crecimiento y avance, tal como lo demuestran las estadísticas de comercio, de cooperación económica, de las inversiones y ciertamente tal como se observa en los crecientes lazos culturales y científicos.

El acuerdo de libre comercio cumplió diez años en 2010. Este acuerdo agrega una nueva dimensión a las relaciones bilaterales. Desde la firma del tratado, el comercio bilateral se triplicó. Israel exporta productos químicos, software de alta tecnología, productos agrícolas, maquinaria y electrónica. Por su lado, exporta aceites de petróleo, automóviles y otros vehículos, instrumentos y aparatos electrónicos y médicos, así como carne, granos, maíz, azúcar, cacao, café y metales.

Con el paso del tiempo la balanza de comercio se ha inclinado a favor de Israel en virtud de que el aumento de la exportación mexicana a Israel es mayor que el de la exportación israelí a . De acuerdo con datos del registro aduanal israelí, en el año 2010 el volumen del comercio directo fue de cerca de 600 millones de dólares, de los cuales cerca de 268 millones son de la exportación mexicana, el doble del 2007.

Si miramos hacia adelante, estas relaciones exhiben un gran potencial de crecimiento. Es tiempo que los mexicanos y los israelíes se conozcan mejor unos a otros. Estamos hablando de dos países que a pesar de su inserción en regiones diferentes y distantes tienen mucho en común, tal como se desprende de sólo pensar en las antiguas y ricas y cultura que caracterizan a ambos países. Ambos tienen hoy mucho que ofrecerse. Israel es un país en la vanguardia de la tecnología y la innovación, un líder en biotecnología, medicina, telecomunicaciones y más. tiene una de las más grandes economías del mundo. El potencial turístico está muy poco explotado.

En los últimos años la presencia cultural israelí en ha ido en aumento. Así, han visitado el país la orquesta sinfónica israelí, varias compañías de danza, diferentes artistas así como la cinematografía israelí cuyas producciones más recientes han participado en festivales mexicanos. Por su parte, ha sido conocido y apreciado cada vez más en Israel. Pero hay mucho más que hacer en esta área. Cabe destacar que otra área muy interesante en la que empezamos a colaborar es la arqueología, en la que nuestros pasados son recreados.

Como parte de este creciendo diálogo, tenemos que fomentar los lazos entre ambas sociedades civiles. Pienso en la intensificación de los lazos académicos entre universidades y científicos, y en la creación de más lazos entre instituciones que promueven la democracia, el bienestar social y el conocimiento entre diferentes sectores de la población en ambos países. La importancia del acercamiento entre las sociedades en el mundo global en que vivimos es obvia; la posibilidad de hacerlo gracias a los avances tecnológicos y comunicativos se ha ampliado.

Por último, considero que tenemos un compromiso con el desarrollo, la expansión y el fortalecimiento de nuestras relaciones, a través del marco de la cooperación y el diálogo mutuo. Este es el reto de la diplomacia contemporánea.

* Artículo publicado en la columna "Ideas mediterráneas" en Excelsior el 12 de mayo, 2011.
*Rodica Radian-Gordon es Embajadora del Estado de Israel en México.

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