encara en estos días un conjunto de circunstancias que pueden conducir ya a un desastre económico, ya a un enfrentamiento militar, cuando no a ambos resultados. Por añadidura, torcidas exigencias personales del primer ministro Benjamín Netanyahu agravan sustancialmente este escenario.

Para empezar, las ascendentes agresiones del -19 han obligado a cerrar ciudades como Tiberíades. Diariamente, el número de afectados  supera los 400, suma  que ha obligado a los hospitales a reabrir y ampliar los servicios y espacios a fin de atenderlos. En correspondencia, las autoridades policiales han elevado las multas- el equivalente de 150 dólares- que imponen a quienes no visten la máscara protectora en espacios públicos. El servicio de ferrocarril se ha renovado con marcadas restricciones: los boletos deben ser adquiridos 24 horas antes del viaje y se prohíbe el consumo de alimentos en los vagones. Y es probable que cines y teatros no abrirán sus puertas en un par de semanas como se había proyectado, si el virus multiplica las agresiones.

Por otra parte, el masivo desempleo – más de la mitad de la fuerza laboral del país – multiplica las protestas en las calles. Las compensaciones del seguro social cesarán hacia el fin de este mes y conducirán al país a una crisis socioeconómica sin precedentes. Ciertamente, la torcida conducta del gobierno acentúa el disgusto popular. Se trata por un lado de un pesado gabinete conformado por 36 ministros con sus secretarias y asesores que pretenden desempeñar funciones apenas necesarias; y a ninguno de ellos se le ha ocurrido reducir voluntariamente los altos salarios que perciben. Y para colmo, al Primer ministro Benjamín Netanyahu se le ocurrió exigir la devolución de sumas que cubrió por concepto de impuestos y gastos en su lujosa residencia personal que superan los 300 mil dólares. Reclamo que mereció el apoyo de su partido Likud y considerablemente acentúa el disgusto popular.

Al tratarse de una figura que se cuenta entre los tres políticos de superior fortuna del país – se estima que ampliamente supera los 20 millones de dólares – la exigencia de Netanyahu en estos oscuros momentos irrita a amplias parcelas de la ciudadanía y multiplica el disgusto popular.

Y como si estas desalentadoras circunstancias no fueran suficientes, el gobierno que él dirige  se inclina a anexar en las próximas semanas territorios en la franja occidental que limitan con el Mar Muerto y Jordania. Medida que apura múltiple y afiebrada oposición. La comunidad europea y países en el Medio Oriente – Egipto, Jordania, Qatar – ya han difundido severas críticas a estas intenciones. El único actor que parece respaldar a Netanyahu es Donald Trump, quien hoy al verse abrumado por no pocas tensiones en su país probablemente reconsiderará el apoyo prometido al primer ministro israelí.

En suma: nunca antes debió encarar tal conjunto de tensiones y dilemas. En estas circunstancias, la insurgencia popular y el enfrentamiento armado son escenarios cercanos. ¿Acertará este gobierno a reconsiderar el malestar popular y las tensiones regionales que están provocando  sus torcidos  pasos?

1 COMENTARIO

  1. Muy discutible el articulo.
    No existe relacion entre las acusaciones contra Netaniahu y la CORONA..
    y no hay motivos (fuera de argumentos politicos) para juntarlos.

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Invitado por la UNAM llegué a México desde Israel en 1968 para dictar clases en la entonces Escuela de Ciencias Políticas y Sociales ( hoy Facultad). Un año después me integré a la CEPAL con sede en México para consagrarme al estudio y orientación de asuntos latinoamericanos. En 1980 retorné a Israel para insertarme en las universidades Tel Aviv y Bar Ilán. En paralelo trabajé para la UNESCO en temas vinculados con el desarrollo científico y tecnológico de América Latina, y laboré como corresponsal de El Universal de México. En los años noventa laboré como investigador asociado en el Colegio de México. Para más amplia y actualizada información consultar Google y Wikipedia.