La destrucción del avanzado sistema eléctrico que alimentaba a una de las instalaciones de en materia energética no convencional es una inquietud compartida por Washington, y Teherán. Las razones son desiguales. 

En estos días, el presidente se inclina a concertar un compromiso con el gobierno iraní en contraste con Trump quien en su momento suspendió nexos importantes en materia militar y económica con este país. Si el actual mandatario norteamericano – quien hasta el momento no concertó relación personal alguna con el Primer ministro Netanyahu – persiste en esta actitud, los iraníes verán en esta postura un prudente respaldo a sus intenciones que conducirían a una mesurada – o tal vez a algo más – capacidad nuclear. 

Posibilidad que inquieta por dos razones. De un lado, el probable alcance del poder atómico por parte de trastornará considerablemente el balance en el Medio Oriente, incluyendo el discreto acuerdo que en la materia suscribieron hace varias décadas el presidente Nixon y la Primer ministra Golda Meir. Por el otro, Teherán considera que es el factor que habría tomado la iniciativa de destruir el avanzado sistema eléctrico no convencional que nutre a las instalaciones en con el fin de preservar su superioridad en esta esfera. 

Una convicción que se sustenta en la equívoca publicidad que Netanyahu y algunos de sus partidarios han difundido respecto a lo que habría ocurrido en Natanz. Según fuentes confiables y con apego a conductas oficiales en el pasado, iniciativas de esta índole en el caso de ser tomadas por los servicios secretos de Israel- siempre han conocido el absoluto secreto. 

De aquí que el proceder de Bibi en este tema suscita hoy en incómodos interrogantes. Con amplia sonrisa y oblicuas frases, Netanyahu insinúa que habría tenido activa participación en los sucesos verificados en Natanz. Actitud sin precedentes que fluiría del actual y dramático juego de fuerzas políticas que de momento está lejos de definir una estable coalición gubernamental.  

Cabe asumir que reaccionará de diferentes maneras si y cuando acumulará pruebas sobre el verdadero origen del desastre en Natanz. Si en verdad apuntan a no sólo nuestro país asumirá riesgos y una embarazosa posición internacional. En tal caso, también las diásporas judías deberán tomar acertadas medidas.       

     

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Invitado por la UNAM llegué a México desde Israel en 1968 para dictar clases en la entonces Escuela de Ciencias Políticas y Sociales ( hoy Facultad). Un año después me integré a la CEPAL con sede en México para consagrarme al estudio y orientación de asuntos latinoamericanos. En 1980 retorné a Israel para insertarme en las universidades Tel Aviv y Bar Ilán. En paralelo trabajé para la UNESCO en temas vinculados con el desarrollo científico y tecnológico de América Latina, y laboré como corresponsal de El Universal de México. En los años noventa laboré como investigador asociado en el Colegio de México. Para más amplia y actualizada información consultar Google y Wikipedia.