Dos victorias.
Al estar casi dejando està hermosa festividad judìa, y despuès de escuchar a varios Rabinos disertar, y de empaparme con varias publicaciones semanales acerca de la Parashà o capìtulo semanal de la lectura de la Torà y su relaciòn con celbraciones tan hermosas como esta.Despuès de todo, rumiando contenidos, queda claro que en Janukà hay dos victorias judìas: 1_ la militar, de una guerra de liberaciòn nacional, que duro por lo menos 12 años, y 2_ una ideològica o moral si se prefiere, del pensamiento judìo sobre la cultura  griega y la adoraciòn de esta ùltima por los placeres mundanos, la estètica, y las formas.Y de una filosofìa de alto vuelo, pero claramente disociada de la moral judìa que linda o cercana al recato,  y donde se pone el ènfasis en la busqueda  de la pureza del alma(por sobre la musculaciòn), el refinamiento de la persona, a los fines de poder cumplir los mandamientos, preceptos o mitzvot(en el servicio a Hashem) y de modelar conductas bondadosas para con nuestros semejantes.
El cantaro de aceite puro.
No cabe duda que los sabios judìos no se equivocaron.Ya que, en la tradiciòn,y como mensaje dominante, la restauraciòn del Templo profanado.La historia del cantaro de aceite puro rescatado, y el encendido de la Menorà o candelabro de la forma adecuada y milagrosa, prevaleciò por sobre el relato de las arduas batallas que tuvieron que librar los Macabeos para poder librarse de la dominaciòn griega.
Los motivos.
El final.
Lamentablemente la victoria en el plano militar, y la liberaciòn nacional e independencia del paìs, solo duro una cierta cantidad de años, hasta que emergiò otra potencia militar como Roma y nuevamente subyugò  a la naciòn judìa. Pero la victoria espiritual judìa eclosionò como un mensaje para la eternidad, y para todas las generaciones posteriores.Es decir, que la luz de la Torà no podrìa nunca ser borrada, aunque si eclipsada parcialmente en èpocas de sometimiento y persecuciones por enemigos externos o por claudicaciones internas.
Por lo tanto, la potencia espiritual del pueblo judìo es invencible.Pero nuestra capacidad militar y guerrera, penosamente  esta sujeta a victorias y derrotas, que aùn hoy, acompañan la gloriosa historia del Estado Hebreo y la vida del pueblo judìo todo en todos los paìses de su dispersiòn.
Nuestra fuerza principal està en el espìritu, mas que en la fuerza fìsica.Asì lo definiò el Patriarca Isaac, cuando palpando a un Iaacob que vestido con las ropas de su hermano, buscaba tomar las mejores bendiciones que tocan a todo primogènito, y el hijo de Abraham sentenciò: ” la voz es la voz de Iaacob, pero las manos son las manos de Esav”.Y la explicaciòn es que: la fuerza de reside en su boca en sus rezos, mientras que Esau que representa a los pueblos del mundo tienen un dominio sobre la fuerza fìsica valiendose de sus enormes recursos humanos en cantidad y materiales.
Janukà es la victoria del espìritu por sobre lo material, y deja abierta la esperanza para la supervivencia de los judìos frente a terribles adversidades, aguardando la llegada del Mesìas hijo de David, y el restablecimiento del Tercer Beit Hamikdash o Santo Templo, donde nuevamente volverà a brillar la luz que emanaba del lugar escogido desde el principio de los tiempos por la divinidad.Y esa luz brillarà por siempre, mostrando al mundo que este es el deseo divino, de restaurar lo destruido, para deleitarse eternamente con su hijo dilecto(su paloma que se encuentra àun en cautiverio en ocasiones fìsico o espiritual).D’os es luz, la Torà es luz, y en cada corazòn judìo que palpita, y busca y anhela esa luz para que se torne explìcita, y que disipe un mundo con tanta oscuridad.
Dr. Natalio Daitch
Buenos Aires-Argentina
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