El presidente estadounidense imprime su huella progresista en la difícil tarea de la gobernanza política y económica, tras el peor shock sanitario global de los últimos 100 años. Con visión, determinación y prisa sella el nuevo rumbo de Estados Unidos, echando a andar la locomotora sanitaria, económica, legislativa y de política exterior como si fueran tiempos de guerra.

El inquilino de la Casa Blanca no sólo ha desfundado el legado trumpista, sino gobierna para tiempos extraordinarios en aras de avanzar su agenda, frenar la propagación del COVID-19 y brindar asistencia a las familias más necesitadas.

Bajo un llamado de unidad, y en medio de un trumpismo latente, el presidente moviliza a todos los actores políticos y económicos para reeditar el New Deal de Franklin D. Roosevelt, instaurado tras el crack de 1929.

Muchos historiadores coinciden que como entonces, el desempleo y la pobreza vuelven a ser una constante, por lo que no es de extrañar que utilice la política keynesiana nueve décadas después para motorizar la economía nacional, distribuir mejor la riqueza y aliviar la carga de las capas más vulnerables al apostar por un Estado de bienestar expandido y consolidado.

En 100 días, ha transformado el paisaje estadounidense después de la presidencia disruptiva, caótica y anti-ejemplo de Donald Trump. Al presidente que desunió, aisló, sometió y provocó, lo reemplazó un político profesional que busca poner orden en la máxima súper potencia mundial.

Destacó su victoria en el Capitolio cuando se aprobó un paquete de estímulos por 1.9 billones de dólares, al cual le seguirá su plan histórico de infraestructura para modernizar el sector de transportes, comunicaciones, red eléctrica, suministro de agua, banda ancha de internet, al tiempo de generar inversiones en educación, salud, ciencia, innovación y energías limpias.

Este plan de infraestructura debe leerse como un acto mayúsculo, pues ya está considerado como el plan más ambicioso desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Gracias a ello se estima que crezca al 8% en 2021 (Goldman Sachs), incremente en 1.4 puntos el crecimiento de la economía mundial que la OCDE pronosticó en diciembre, y pase del 4.2 al 5.6%.

Ya lo dijo Kristalina Georgieva, directora general del FMI, la economía hubiera entrado en una depresión tres veces más profunda de no ser por la histórica intervención de gobiernos y bancos centrales para contrarrestar el choque de la pandemia.

Sin embargo, en medio de esta calamidad estrepitosa, el gran desafío de será generar un consenso bipartidista sobre su plan fiscal que incluye el aumento de los impuestos y la eliminación de subsidios a industrias que consuman combustibles fósiles -dos puntales que borraran aún más la herencia trumpista-.

Al respecto, es importante recordar que en la Cumbre Mundial de Líderes Climáticos convocada por Biden, se comprometió a reducir las emisiones de alrededor del 50% para el 2030 en comparación con los niveles del 2005.

Con prisa y contundencia se convirtió en país ejemplo a la hora de distribuir y vacunar contra el COVID-19. Biden duplicó su objetivo de vacunación al aplicar 200 millones de dosis en sus primeros 100 días de gobierno y su gestión rompió récord con más de 3 millones de dosis diarias.

Del adormilado (sleepy Joe), aburrido, con voz apagada y poco carisma -la figura que no despertaba emoción ni hacía vibrar a los estadounidenses- pasamos al transformador, eficaz, competente y altamente decidido a no malgastar el tiempo.

Justo cuando el mundo enfrenta el tsunami pandémico, las economías abatidas y una mayor emergencia climática, Biden recoge al mundo al dejar claro que está de vuelta en el escenario global. Con su estilo de gobernanza política y el regreso a la diplomacia, dota de alivio y esperanza al recrear amigos y aliados en la política internacional.

Con él, Washington está de regreso en el Acuerdo de París, la OMS, el Acuerdo de Migración de la y en pláticas indirectas con Irán en Viena. Su contundencia en el escenario internacional se ha reflejado en haber finalizado la guerra con Afganistán, reconocer el genocidio armenio y frenar el muro con México, aunado a su firme posición de apoyar la democracia liberal frente a la ola autoritaria y enfrentar a los gobiernos de Rusia y China.

En el carril de las asignaturas pendientes se apunta la problemática de armas en y la ola de masacres recientes junto con la necesidad de promover la equidad racial y los derechos civiles.

Sin embargo, la migración ha sido el puntal más espinoso y el botín de críticas republicanas ante el aumento dramático de las detenciones de indocumentados en la frontera y de los niños migrantes no acompañados.

Estemos pendientes del próximo encuentro entre la vicepresidenta Kamala Harris y el presidente Andrés Manuel López Obrador el 7 de mayo.

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Internacionalista con Maestría en “Estudios Latinoamericanos” en la FCPyS UNAM. Soy miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) y mi experiencia laboral destaca en áreas de planeación, investigación y comunicación integral vinculada al quehacer del gobierno federal, de asesoría sobre asuntos internacionales del Poder Legislativo y en la coordinación de proyectos de comunicación internacional. Fui líder de Comunicación Nacional e Internacional del IV Foro Mundial del Agua y Coordinadora de Comunicación de México en la Tribuna del Agua en la Expo Zaragoza 2008, España. Actualmente soy analista y conductora del programa de televisión “Vértice Internacional” y de la serie “2013:Elecciones en el mundo” en el Canal del Congreso. Asimismo, soy autora de varios libros y artículos, así como comentarista sobre asuntos políticos globales. La gente me describe como una persona responsable, disciplinada, innovadora y visionaria, así como enfocada a la consecución de metas.