Diario Judío México - Como escritor, es un caso tal vez excepcional en la creación literaria europea, en contraste con la judía e israelí. Aludo a su escritura en un idioma absolutamente extraño a sus orígenes; debió aprenderlo después de cursar la adolescencia. Circunstancia que resultaría  desconocida para un Sholem Aleijem o Agnón, para un Bialik o Lea  Goldberg, quienes desde muy temprano pudieron manifestarse con múltiples y diversas letras hasta escoger una  de ellas en particular.

En efecto, el polaco fue el idioma formativo de Conrad. Nació en Podolia, entonces en Polonia y hoy en Ucrania,  en 1857, región que  entonces formaba parte de la Rusia zarista.  Su padre gustaba traducir del inglés a Shakespeare y a Dickens y dar a conocer sus protestas contra la presencia rusa en su idioma y en su patria. Le animaban aspiraciones nacionalistas polacas, y pagó caro  por esta actitud:  él y su esposa fueron expulsados a Siberia. Allí murieron tempranamente.

Huérfano a los doce años, Joseph prefirió una discreta rebelión.  Frisando los 17 años se  fugó a y Francia, y de allí a Inglaterra. La posibilidad de ser forzadamente reclutado a las filas del Zar le hizo preferir el inicio de una vida de marino. Eran los tiempos de expansión del Imperio Británico  cuando, en rivalidad con el alemán presidido por Bismark, extendió  su presencia e influjo en la mitad del mundo . Conrad conocerá así lugares lejanos en Asia y África, especialment el Congo que será tema de un relato.  En estos peregrinajes marítimos  reunió múltiples y difíciles experiencias que dará a conocer – matizados por  la fantasía- en sus novelas.

Una de ellas es Lord Jim, que mereció pocos años después de su fallecimiento ( en Londres, 1924) ser llevada una y otra vez a la pantalla cinematográfica. En  1925 por Víctor Fleming y en 1965 por  Richard Brooks.

Heroísmo, sentimientos de culpa, oscilaciones entra lo fantástico y lo real: vivencias que modelaron  la vida y muerte de Jim,  joven inglés de 23 años que cultiva románticas  percepciones de él mismo y de la vida.  Incluso su título nobiliario ( Lord)    es una expresión irónica: revela más su imaginación  que la realidad. En el marco de sus peripecias marinas, Jim  asume el cargo de primer oficial en un barco inglés llamado Patna. Como actividad rutinaria recoge  a 800 peregrinos musulmanes que habitan en lejanas localidades del  Sudeste asiático.  Ellos anhelan llegar a Meca para rendir tributo a Mahoma. Por un desperfecto, el barco amenaza naufragar en medio del mar. Y Jim, junto con la tripulación, se hacen de un bote y se alejan de la nave. Pero ésta no se hunde. Los pasajeros son rescatados por otro navío  y llegan al puerto de Adén.  Y allí esparcen la noticia sobre lo ocurrido, poniendo énfasis en la irresponsabilidad de Jim y de sus compañeros. Y  desde allí y desde entonces  el joven se ve constantemente acusado por la deserción, un acto que mal corresponde a las nobles aspiraciones que tenía. Se siente cobarde y maldito, y la agonía – la lucha perenne contra la muerte –  es su cotidiana vivencia.

Para suavizarla, busca refugio en una isla malaya de nombre Patusan que se ubica en la lejana Malasia. Por sus labores y dedicación, bien pronto se torna una figura modelo para los nativos, y, en particular, para la mestiza Joya, hija de un traficante llamado Cornelius. Pero la tranquilidad isleña es perturbada por Brown , pirata y traficante que pretende apoderarse de los  recursos y alimentos que están en Patusan. Su intervención y las intrigas suscitan discordias entre los  nativos. Jim interviene activamente para sosegar los ánimos. Pero en los violentos intercambios muere Dain Waris, hijo del  cacique que domina la isla.  Jim se siente culpable y pide ser ultimado por el padre  para sentirse al final como un héroe. Con su muerte busca redimirse por su cobardía en tiempos pasados.

Así su larga agonía – palabra griega que se deriva de gonía y que, por oposición,  significa nacimiento- lo precipita finalmente a la muerte que pide para liberarse de las culpas que lo embargan.

Todas estas peripecias son narradas por una tercera persona, el capitán  Marlowe, quien aprecia y comprende a Jim ; al mismo tiempo censura  y no disculpa la cobardia que el joven reveló cuando el barco que tripulaba  estaba a punto de naufragar.

Lord Jim fue traducido al hebreo por Amatzia Porat  en 1967.   Un monumento en memoria de Conrad  se alza hoy  en la ciudad de Gdylia, Polonia.

 

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Llegué a México desde Israel en 1968 invitado por Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. A partir de 1969 me integré a la CEPAL, Naciones Unidas. Fui investigador en El Colegio de México en los años noventa, asesor de UNESCO, y en la actualidad catedrático en la Universidad Bar Ilán de Israel.