“Francia me ha convertido en lo que soy y le estaré eternamente agradecida. Puede disponer de mí como quiera”. Al ofrecer sus servicios en el otoño de 1939 a un oficial del contraespionaje, la estrella de cabaret Joséphine Baker se unió a la resistencia.

“Desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial, Joséphine Baker lleva una doble vida: artista de music-hall (…) y agente de inteligencia impulsada por un feroz patriotismo” hacia su tierra de adopción, explica el investigador Géraud Létang, del Servicio Histórico de Defensa en Francia.

Nacionalizada francesa en 1937 tras su matrimonio con Jean Lion, un industrial judío, la artista puso a disposición su talento musical en los primeros meses del conflicto para entretener a los soldados franceses y aprovechó las recepciones en embajadas para recabar información para el contraespionaje.

La “Venus de Ébano”, víctima de la segregación racial en su Estados Unidos natal, rechazó en 1940 cantar ante los alemanes en el París ocupado. Y tras el llamado a la resistencia del general Charles de Gaulle de ese mismo año, sirvió de tapadera para Jacques Abtey.

El jefe del contraespionaje militar en París al servicio de las Fuerzas Francesas Libres de De Gaulle se convirtió así en su “representante” y viajó con ella, bajo la falsa identidad de Jacques Hébert, junto a otros agentes de incógnito.

“Su fama le permite desplazarse, cruzar las fronteras en grupo, ya que una artista implica una compañía, mientras que en Francia se controla a todo el mundo”, explica Létang.

Las informaciones recabadas las escribió en tinta simpática, invisible en sus partituras musicales. La artista transportó incluso en ocasiones estas comprometedoras notas en su sostén.

“Es muy práctico ser Joséphine Baker. Cuando me anuncian en una ciudad, me llueven las invitaciones. En Sevilla, en Madrid, en Barcelona, el guión es el mismo. Me gustan las embajadas y los consulados, están llenos de gente interesante”, escribió en su autobiografía “Joséphine”.

Pero cuando se marchaba de las recepciones, tomaba notas minuciosamente, explicó en el libro. “Siempre paso por la aduana de forma relajada. Los aduaneros me sonríen mucho y me piden efectivamente papeles pero ¡son autógrafos!”, agregó la bailarina.

A partir de 1941, instalada en el norte de África, la vedette, agotada por esta doble vida, cayó gravemente enferma. Pero retomó en 1943 su actividad artística al servicio de las tropas aliadas, recabando a su vez informaciones para el Estado Mayor de De Gaulle.

“Los aliados no dicen todo a las Fuerzas Francesas Libres”, apunta el historiador.

En junio de 1944, Baker estuvo a punto de morir en un accidente aéreo frente a Córcega.

Alistada en las fuerzas femeninas del ejército del aire con el grado de subteniente, desembarcó en Marsella en octubre de 1944. La cantante ofreció conciertos cerca del frente tanto para los soldados como para los civiles.

Y tras el 8 de mayo de 1945, cuando los aliados aceptaron la rendición incondicional de la Alemania nazi, la artista actuó ante los deportados liberados de los campos.

En 1946, recibió la medalla de la Resistencia y, a continuación, le propusieron la Legión de Honor en el ámbito civil, pero ella la quería en el militar.

“Joséphine Baker tenía una férrea voluntad de no ser una cantante al servicio del ejército, sino una combatiente que canta. Este estatus de combatiente era una búsqueda existencial para ella”, señala Géraud Létang.

Finalmente, se logró una solución. En 1957, a la artista se la condecoró con la Legión de Honor en el ámbito civil, pero también con la Cruz de Guerra con palma de bronce.

“Nuestra madre sirvió al país. Es un ejemplo de los valores republicanos y humanistas”, pero “ella siempre dijo: ‘Yo solo hice lo que era normal'”, explicó a la AFP su hijo mayor, Akio Bouillon.

dab-bpe/tjc/me

FuenteEl Financiero

1 COMENTARIO

  1. Sin el ánimo de ensuciar su figura, recordemos que era bisexual y tuvo varias amantes mujeres, entre ellas la escritora francesa Colette.

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