Juan Ramón de la Fuente

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El Bucareli de hace dos lunes llamado “¿De cuál fumaron?” causó inesperada polémica, además de convertirse en la columna más visitada en internet con récord de lectores.

No es, sin duda, la calidad sino su tema el atractivo principal de lo escrito, el de la legalización de la mariguana desde la siembra hasta su consumo. Diversas opiniones me obligan a ampliar el asunto, consultando a quienes, por su reputación y trayectoria merecen ser escuchados. Entre los mexicanos con mayores méritos para enriquecer nuestros elementos de juicio está Juan Ramón de la Fuente, con quien me une, más allá de la amistad entrañable de varias décadas, el agradecimiento de universitario por su rectoría en un momento difícil de nuestra casa de estudios, su desempeño como secretario de Salud, su labor profesional de médico psiquiatra y su trayectoria académica y personal, cualidades que me convencieron de la necesidad de tener un presidente como él en México. Voté por Juan Ramón en 2006, consciente de la invalidez de mi sufragio, pero satisfecho de haberlo emitido y de que fuera, al mismo tiempo, un voto de protesta contra una ley antidemocrática.

El de la mariguana es asunto que el doctor De la Fuente ha tratado en conferencias y escritos donde revela conocimiento profundo que no debe obviarse ante la inminencia de una toma de decisiones a ese respecto. Hago una síntesis de trabajos y declaraciones: “Hay que celebrar el debate que se ha iniciado entre los círculos políticos, sociales y académicos de la sociedad mexicana sobre la despenalización de la mariguana. El surgimiento de la discusión tiene varios orígenes: el combate renovado al crimen organizado con sus costos y resultados; las tendencias internacionales; los cambios en materia de derechos y costumbres aprobados en nuestra ciudad capital, vanguardia del liberalismo en México; la experiencia de diversos líderes latinoamericanos que los ha conducido a una necesaria y deseable revisión de políticas públicas y de actitudes personales. Ya nada debería coartar este debate. Por el contrario, conviene alentarlo, profundizarlo en sus múltiples vertientes.


“La primera condición para que una discusión de esta índole sea en verdad provechosa reside en la conducta de los participantes. Asumir posiciones, fundamentarlas y esgrimirlas sin ambages ni eufemismos enaltece el debate. Los ataques ad hominem, lo denigran. Lo propio de un debate es que todos los participantes expongan abiertamente sus posturas, y asuman las consecuencias de las mismas. En México hoy, muchos sectores de la sociedad se oponen a cualquier tipo de despenalización de cualquier droga. Esa tesis puede ser tan respetable como otras, expresadas también en amplios sectores, que piensan exactamente lo contrario. Se oponen a cualquier tipo de despenalización de cualquier droga. Esa tesis puede ser tan respetable como otras, expresadas también en amplios sectores que piensan exactamente lo contrario.

“Un debate de esta importancia para la nación debe trascender los afectos y las fobias personales, y centrarse en los argumentos expuestos por unos y otros. Descalificar una idea porque quien la defiende no cuenta con nuestra simpatía es absurdo; lo esencial es la idea, no la historia personal de su defensor, o detractor. Debemos desterrar a la discusión pública la embestida personal, los procesos de intención y la simulación indignada o sorprendida. Nadie puede tirar la primera piedra: quienes aspiran a conservar el statu quo prohibicionista no sólo tienen derecho a hacerlo; su anhelo merece respeto sin que se sospeche de sus motivaciones. Aquellos que por un camino u otro hemos llegado a la conclusión contraria, a saber: que el enfoque punitivo del último medio siglo ha llegado a su límite, consideramos que estos recursos podrían ser mejor utilizados en programas de información, educación, prevención, rehabilitación y tratamiento”.

El doctor De la Fuente y el doctor en Economía y exsecretario de Hacienda Pedro Aspe Armella, en un trabajo conjunto, sostienen: “Pensamos que es hora de confrontar el problema de la mariguana en una escala mundial, con una óptica distinta, y de llegar a conclusiones prácticas más que eficaces de las logradas hasta la fecha. Pero además, es tiempo propicio para decidir el rumbo que en México queremos seguir sobre este complejo y delicado tema que afecta, por supuesto, a la salud, pero también a la economía”.

Si estas opiniones, que respeto aunque no comparto, ayudan a una mejor comprensión del problema para decidir el futuro de la mariguana, habremos logrado nuestro objetivo.

Crecí hasta los 20 años en seis vecindades de La Merced. Quien ha tenido un vecino mariguano sabe cuánto pesa el miedo.

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