Diario Judío México - Hay generalizaciones que son ciertas: A la mujer le gusta ser reconocida, ser apreciada y también hallar gracia en los ojos de su marido. Al hombre le gusta ser respetado, ser alabado…. Pero hay que tener cuidado con estas reglas. Por ejemplo, un hombre casado se jactó que en su década de matrimonio no faltó ni un solo viernes llevarle un ramo de flores a su esposa. Él mismo procuraba elegirlas, dedicaba tiempo y esfuerzo cada viernes en hacerlo. Sin embargo, confesó que su situación en pareja no era la óptima. Se le recomendó que empiece a averiguar qué le interesaba a su mujer. Le habían enseñado que todas las mujeres aman las flores. Por eso no se permitió pasar ni un shabbat sin flores- ¡qué belleza! Al mismo tiempo fue un desacierto- a su mujer no le llamaba mucho la atención el tema de las flores. Descubrió que ella tenía cierta debilidad por unas golosinas. Cuando se percató de ello su marido, dejó a un lado las flores y se preocupó en que nunca le faltasen esos caramelos.

Esto es un error que puede ser común: Aprendimos algo como regla general, “las mujeres aman…”, “a los hombres les encanta que…”, pero a veces nos casamos con la excepción. Nuestra tarea debe ser dedicarnos a descubrir a nuestro cónyuge- tanto lo que le fascina como lo que le disgusta. No nos casamos con “mujeres” o con “hombres”… nos casamos con un solo individuo, no es “una mujer” ni es “un hombre”, es “mi mujer”, es “mi marido”.

En la construcción del Tabernáculo Moshé aceptó donativos de objetos personales- tal como joyas de las mujeres y espejos de cobre. El motivo es que D-s quería que cada quien sintiera una conexión personal con el Tabernáculo, que cada quien pudiese decir, “es mi Tabernáculo”, “doné este objeto”- no meramente “doné oro”. Eso crearía en cada quien un apego más íntimo con el Tabernáculo, y por ende, con el Hacedor. De la misma manera, nuestro deber es hallar en nuestra pareja- y en nuestros hijos- aquello que le agrada para dárselo. Así tendremos mejores posibilidades de tener una paz verdadera y durarera en casa.

Ampliado de las palabras de Rabí Reubén Epstein.

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