Diario Judío México - Hay hombres que temen de sus esposas… y viceversa. El problema es que no se enfrenta él a ella o viceversa, no es correcto. Debe pararse y decirle, “no me hables así”. Pero no se debe transmitir el mensaje con un lenguaje obsceno, es algo ruin. Incluso al padre o a la madre se le puede decir, “padre, te respeto, pero no quiero que me hables así”. Si las víctimas no lo han hecho hasta ahora es por el temor al resultado. Pero, ¿qué es lo peor que pueda pasar? Incluso hay niños que aterrorizan a sus padres, no pueden decirle nada; D-s le ha dado a ese niño un carácter fuerte, pero eso no impide que los padres hablen con su hijo y le expliquen cómo tiene derecho de hablar y cómo no. No hay que maltratar al niño, pero sí ponerle límites claros y firmes. No podemos permitir que nuestro miedo conduzca nuestras vidas (Rab Igal Cohen).

Eso es como mi maestro, Rabí Mijael Perets, ha comentado muchas veces: En verdad a veces la culpabilidad la carga aquel que permanece callado. No hay ninguna mitsvá de soportar el descaro de otro. Si alguien es enojón, el blanco de su furia no tiene por qué callarse. Esto es en la pareja como en cualquier otra relación. A veces sucede que el hombre quiere imponer en su casa cómo su esposa reza- por ejemplo. Ella toma su tiempo para hablar con el Creador y él- internamente y sin darse cuenta- se siente amenazado porque él mismo es carente en ese punto, por ello le ordena que rece apresuradamente. La mujer no debe callar, que le diga que es su propia relación con el Eterno, no es un asunto que le atañe a él. Esto deriva de lo antedicho, es un temor a hablar, a exponer el propio punto de vista.

Si alguien es fuerte, muchas veces lo es porque el débil lo permite. No callemos cuando debemos hablar. No es ser bueno, no es lo que D-s pretende de nosotros. No olvidemos nunca ser dignos, pero no permitamos ser pisoteados por los prepotentes. Y, ¿si se trata de alguien que es imposible? Entonces pensemos que tal vez tengamos que separarnos para mantenernos bien- ante cualquier duda no hay mejor que un rab para guiarnos.