Diario Judío México - Un sacerdote norteamericano Edward Flannery en su libro “23 siglos de antisemitismo” rastreó las primeras citas históricamente documentadas de su encono específico contra los judíos. En su rastreo llegó hasta el siglo III a.e.c. y a la ciudad de Alejandría que era en esa época una segunda Atenas, al haberse convertido en la capital comercial e intelectual del mundo antiguo.

A comienzos de la era común había en Alejandría cien mil judíos y como consecuencia Egipto se transformó por igual en el corazón de la diáspora judía así como en la vanguardia de la helenización.

La atmósfera religiosa tolerante en Egipto permitió a los judíos practicar libremente su monoteísmo. Sin embargo la mayor parte de los historiadores alejandrinos expresaron judeofobia probablemente porque los egipcios nativos aún gozando de prosperidad económica y cultural, resentían la dominación griega y después la romana. Ese descontento se tradujo en Xenofobia para después descargarse contra el pueblo hebreo, anexando además la envidia social frente al florecimiento de esa colectividad.

Entre los autores de los diferentes mitos gentiles que manchan la historia judía, podemos citar: Hecateo de Abdera, Lisimaco, Mnaseas de Patros, Filostrato, Apolonio Molon, Damocrito, etc.

Posteriormente cabe mencionar que el verdadero enfrentamiento que el helenismo mantuvo con el pueblo judío fue nacional y en territorio de en la época del reinado de Antioco IV Epifanes. Cuando el imperio helenista decae, se convirtió en heredera y dos escritores romanos heredaron de los griegos también la judeofobia. Así tenemos entre los satiristas más famosos a Juvenal que culpa a los judíos de la decadencia de la forma tradicional de vida romana; a Tácito, a Cicerón, etc…

Todo lo anterior puede resumirse en “judeofobia literaria” que serviría de base para la que nació con el cristianismo y que se convertiría en norma.

La judeofobia cristiana persigue un objetivo muy preciso, “despertar el odio hacia los judíos”, ese objetivo excedía en mucho el de sus predecesores, la judeofobia pagana.

El cristianismo emerge del judaísmo, sus líderes fueron judíos, así como sus primeros seguidores y su culto.

Una vez que las incompatibilidades doctrinarias fueron obvias, la armonía original entre las dos religiones quedó condenada.

La escisión entre las dos religiones fue proclamada por otro judío discípulo de Jesús: Pablo (Saúl de Tarso) el fundador histórico del cristianismo.

Gradualmente mientras el nuevo testamento era compuesto, la actitud cristiana hacia los judíos empeoraba y se ponía énfasis en desjudaizar el cristianismo.

Por ejemplo en el relato de los “Hechos de los Apóstoles”, los judíos pasan a ser los villanos.

Queda claro que los cristianos más tempranos eran judíos y por más que sea muy áspera la crítica que un judío hace de su propio pueblo su posición es abismalmente distinta de la de un gentil que utilice los mismos documentos probatorios e interpretaciones. Podría entenderse la judeofobia creciente del cristianismo como el resultado de la influencia de una corriente específica: el gnosticismo.

Ese desvío del cristianismo hacia el gnosticismo es radicalmente opuesto al judaísmo. En la disolución de Judea y las calamidades que azotaron a los judíos entre los años 70 y 135 muchos cristianos vieron en ello una ratificación de su creencia en la que Dios estaba disgustado con los judíos y no deseaba su continuidad.

Cuando el cristianismo se convirtió en la religión dominante en el imperio romano a partir del año 323, el término “judío” pasó a ser un insulto pues la teología cristiana sostenía que las miserias de los judíos eran debido a un castigo divino por la crucifixión de Jesús.

En el marco de los autores de la “Patrística de Occidente” es importante mencionar a Juan Crisóstomo autor de “Adversus Judaeous” para quien no había diferencia entre el amor por Jesús y el odio por sus supuestos condenadores.

Por la misma época apareció Agustín, obispo en Noráfrica que nunca tuvo contacto con judíos; explicó que los judíos subsistían a fin de probar la verdad del cristianismo: Al igual que Caín, los judíos llevaban una marca.

Bibliografía: Textos de Gustavo Perednik

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