En estos tiempos de pandemia y de guerra, podemos apreciar lo que Michel Foucault llamaba biopoder y biopolítica, conceptos que podemos apreciarlos en la obra de .

En términos generales, Foucault se refiere al biopoder como aquel dominio sobre la vida, es decir, la particularidad del biopoder consiste en que éste deja morir y hace vivir. Ahora bien, en cuanto a la biopolítica, implica la implementación de acciones políticas sobre la vida a nivel de poblaciones, que contribuye a una sociedad disciplinaria con una tendencia a garantizar productividad. Por lo tanto, se puede decir que el biopoder determina la conducta del individuo en una lógica de dominación.

Una vez expuesto lo anterior, pasemos a abordar al personaje objeto de este artículo: Stanley Kubrick, uno de los más grandes genios en la historia del , nacido en Nueva York un 26 de julio de 1928, en el seno de una familia judía, y que recordemos que la comunidad judía fue centro de persecución y exterminio durante la Segunda Guerra Mundial, es decir, fue objeto de la biopolítica durante el régimen del Tercer Reich.

Dicho personaje desde temprana edad se interesó por la fotografía, así como por la música, siendo otra de sus grandes pasiones el ajedrez, actividad que le permitió desarrollar esa obsesión por la perfección.

Hay que mencionar que Stanley era tan apasionado por la música que decidía en sus películas qué música poner e incluso a prescindir de la banda sonora ya compuesta para determinado trabajo.

Sin duda fue la fotografía lo que le abrió la puerta al séptimo arte. Gracias a su pasión por la fotografía, el joven Kubrick entró a trabajar a la revista Look, donde se hizo de una gran reputación profesional pues realizaba grandes reportajes fotográficos.

El gran talento de pronto fue palpable, pues gracias al trabajo que había desarrollado en la revista Look, Stanley comenzó a trabajar en documentales, otro escalón más para el cine. Y al verse el gran talento que tenía el buen Stanley, se le abrieron las puertas para realizar su primer largometraje, “Miedo y deseo”, comenzando así la carrera fílmica de unos de los más grandes directores de de todos los tiempos.

Pero dentro de su haber filmográfico hay que mencionar dos cintas en específico: “La naranja mecánica” (1971) y “Nacido para matar” (1987). En ambas películas se abordan temáticas relacionadas con la biopolítica y el poder disciplinario hacia los individuos a través de instituciones como el sistema penitenciario y ejército.

“La naranja mecánica”, cinta basada en la novela distópica del mismo nombre escrita por Anthony Burgess, donde se aborda la historia del pequeño Alex, un adolescente desadaptado que junto con sus drugos (amigos) por las noches se dedican al vandalismo, al caos, al desorden, a una ultraviolencia que caracteriza a una sociedad que ha ido perdiendo valores a pesar de la modernidad.

Y bajo esta línea de violencia, Alex es arrestado y sometido al sistema penitenciario de una Inglaterra futurista pero cada vez más fragmentada. Por lo cual, en un intento de reinsertar a los reclusos a la sociedad, el gobierno implementa un tratamiento, la técnica de Ludovico, para inhibir la violencia de aquellos reclusos. Y ante la posibilidad de salir libre, Alex se ofrece a ser el conejillo de Indias de dicho tratamiento, por lo que pierde su autonomía y albedrio al ya no poder decidir entre lo debido y lo indebido, sintiendo repulsión por los actos de violencia pero también teniendo como efecto secundario el sentirse mal al escuchar una sinfonía de Beethoven, con la intención de que sea parte del sistema que ha condicionado su voluntad a favor de los intereses del grupo político en el poder.

Por ello, vemos en dicha obra un claro ejemplo de la biopolítica y el carácter disciplinario hacia la conducta del individuo, en este caso, Alex, que ha sido objeto para que su conducta esté determinada a intereses del sistema, perdiendo así su subjetividad. Se busca que su comportamiento sea una especie de mecanismo disciplinado, una naranja mecánica.

En cuanto a “Nacido para matar”, se aborda la temática de la formación de los marines, un grupo beligerante de Estados Unidos. La historia se centra en el personaje de “Bromista” y su proceso de entrenamiento riguroso como recluta para el cuerpo de marines (máquina de guerra) para posteriormente ir a la Guerra de Vietnam.

Observamos cómo el ejército es un dispositivo disciplinario a favor de intereses políticos y económicos de grupos de poder bajo un discurso de nacionalismo y de protección a su país. Por ello, hay una inserción sutil de una ideología de democracia y libertad por parte del ejército norteamericano en la formación de sus soldados que van dispuestos a morir en otros países que invaden para atender a intereses económicos de las élites en el poder.

Y en este sentido, podemos apreciar que hay instituciones del Estado que bajo un discurso de reinserción social, de formación militar, y de servicio al país, se acondicionan las conductas de un sector de la sociedad para ser un engrane más del sistema económico y político, reproduciendo conductas que marcan una ideología de poder.

Podemos decir que la obra de Kubrick, con las dos películas comentadas, muestra no solo un estilo muy propio de contar historias, sino también con contenidos que ejemplifican temas sobre el biopoder, la biopolítica y el carácter disciplinario del que es objeto la sociedad a través de los años. Hoy, en un contexto de globalización, estamos y seguimos inmersos en temas de pandemia y guerra que bien o mal, se relacionan con las acciones gubernamentales que determinan e influyen en el nivel de vida de las sociedades con fines de productividad.