Acabo de regresar de Israel, donde participé en la Reunión Anual de Embajadores que se lleva a cabo a fines de diciembre y principios de enero. Además de las conferencias y actividades diplomáticas, que fueron parte integral del programa, tuvimos la oportunidad de visitar la ciudad de Beersheva, la capital del Neguev al sur de Israel, así como algunas aldeas aledañas a ésta. Dicha visita nos impactó al ver el fuerte desarrollo de esta zona periférica, ya que el Neguev cubre 60% de la superficie total de pero su población es solamente 8% del total en el país.

El desarrollo del Neguev fue una de las prioridades de David Ben-Gurion, el fundador del Estado de Israel. Su visión fue adoptada por todos los gobiernos y uno de los primeros pasos para implementarla fue la construcción de la Universidad de Beersheva y su inauguración en 1969 (la universidad hoy día lleva el nombre de Ben-Gurion). Durante las décadas posteriores, Beersheva y sus alrededores siguieron desarrollándose y en los últimos años —con el mejoramiento de la infraestructura del transporte y la decisión del ejército israelí de mover sus bases al Neguev— están recibiendo un fuerte impulso. La declaración hace pocos meses del primer ministro Netanyahu, de convertir a Beersheva en el Centro Cibernético de Israel, sin duda añadirá aún más a dicho impulso.

El medio ambiente también forma parte integral del desarrollo urbano. En el caso de Beersheva, uno de los proyectos más importantes es el de la recuperación del cauce del río de Beersheva, convirtiendo este espacio en un parque urbano y un pulmón verde de alta calidad. El parque mide 8 km de largo y abarca una superficie de casi 450 hectáreas. El agua utilizada dentro del parque, e incluso el lago que forma parte de éste, es reciclada. Hasta hace muy pocos años el cauce sirvió como un basurero regional. Al convertirlo en un parque recreativo, el cambio radical añade belleza al paisaje, mayor plusvalía al terreno —ya que se construyen complejos habitacionales en las cercanías— y, sin duda, un cambio positivo de los habitantes hacia su ambiente.

El proyecto se llevó a cabo con el apoyo del Fondo Nacional Judío, una ONG cuyos orígenes se remontan a principios del movimiento sionista en 1901. El Fondo —una de las instituciones centrales en el establecimiento judío en Palestina— se ha dedicado principalmente, desde la fundación del Estado en 1948, a la forestación y reforestación, así como a la preparación de la tierra para la agricultura en amplias zonas del país. En la última década, el Fondo ha puesto mucho énfasis en el tratamiento de aguas y de suelo, y en general al mejoramiento del medio ambiente. El parque de Beersheva, así como otros construidos de manera similar en otras partes de Israel, engloba todas las propuestas ideadas por el Fondo.

Desde sus inicios, el Fondo tiene filiales en las comunidades judías alrededor del mundo, incluso en México, donde ya está por cumplir 90 años de existencia. La filial mexicana ha estado involucrada en varios proyectos ambientales, entre los cuales se destacan en la última década la donación de olivos a la comunidad “El Olivo” en 2004 (convirtiéndose los árboles en la principal fuente de ingreso para esta comunidad, ubicada en Ixmiquilpan, Hidalgo); la colaboración con el Gobierno del DF en la renovación de la Alameda en 2012; además del parque Ben-Gurion en Pachuca en 2005. Actualmente se está trabajando en un posible proyecto en Metepec, relacionado con el mejoramiento de aguas.

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