Diario Judío México - Un momento crucial en esa dimensión del judaísmo fue la Diáspora de Babilonia, la primera, en el siglo VI a.C. El judaísmo oficial lamenta esa fecha, pero permítaseme a un gentil seguir el criticismo judío, y disentir. Cuando el judío tuvo que mantener su identidad entre los pueblos diferentes de la tierra, lejos ya del Templo, una nueva dimensión de articulación y flexibilidad de la ley, de relación del individuo y la colectividad, empezaba a crecer y desarrollarse fecundamente.

En nuestros días, cuando a Elie Wiesel, premio Nobel de la Paz, le plantean, en sus viajes por el mundo, críticas al estado de Israel, responde que eso él sólo lo hace en Israel.

Esa riqueza vital, sin embargo, tiene amargos costes. La Historia judía es fecundísima en críticas internas y apostasías (¿no es el cristianismo una de ellas?). Así son también los numerosos casos de pensamientos, por parte de judíos, claramente antisemitas. Tales pensamientos, si por un lado honran, con su independencia, al judaísmo, y de esa manera lo siguen, yendo hasta contra sí mismos, por otro, en algunos casos, ofuscan su propia visión con la sinrazón y la injusticia.

AER: Hay una ambivalencia contradictoria con respecto al judío entre las gentes. Por una parte, es un pueblo respetado y admirado. Por otra, existe a veces una actitud de rechazo que se manifiesta en expresiones populares despreciativas. Por ejemplo: perro judío, hacer una judiada, ser un fariseo, etc… ¿Cómo explicas este fenómeno?

FC: Hay un momento histórico de inflexión entre ambas actitudes: las Cruzadas del siglo XII, en la que el judío pasó de ser un útil organizador y comerciante a ser una competencia a eliminar. (También en ese momento la civilización islámica empezó a abandonar su legado clásico y liberalidad, y a entregarse a la intolerancia).

Es esta una causa del antisemitismo, de tipo economicista. Pero no basta. El antisemitismo es más profundo y de más largo alcance. Creo que hay razones “históricas”. Y, digamos,“filosóficas”, o “ideológicas”.

Decía un filósofo antiguo que dos fuerzas mueven todo: la concordia y la discordia. Hace tiempo que proyecto una Filosofía de la Historia basada en la concordia o algo así, pero la Historiografía reinante basa casi todo en la discordia. Sobre todo, la llamada “Historia Universal”, empezada a construirse precisamente desde las Cruzadas y el inicio de la Baja Edad Media, cuando Europa empezó a proyectar su dominación universal.

Según esta Historia, el género humano ha progresado matando al padre. Y, en referencia a ese marco universal, dos colectividades han ido desempeñado el papel de víctimas en ese proceso: los negros africanos, representantes del origen de la humanidad, y los judíos, representantes de la escritura y el origen de la civilización. Y esa conciencia oscura sigue muy viva y operante.

Es triste que el ser humano pensante, gente a veces inteligente, no sea consciente de esas poderosas fuerzas que actúan en él y no se independice de ellas. Y crea y alimente sus propios prejuicios, muchas veces con razonamientos ridículos. Por ejemplo, hay algo que a cierta “izquierda” mundial le impulsa a obtener autocomplacencia, un espectro de progresismo y cura de mala conciencia, a costa de sacrificar al judío de forma racionalmente obscena.

Entre las tendencias que definen a la “izquierda” está el progresismo, la abolición de los antiguos regímenes, la liberación de las cadenas del pasado y de la tradición. (Personalmente, de acuerdo). Pero no es difícil que el pueblo conservador de la cultura más antigua de la tierra sin solución de continuidad, el judío, y que además sigue, en muchas de sus instituciones y manifestaciones, promoviendo la civilización, la ley, la economía, la vida y la convivencia, pase a ocupar el papel de “antiguo régimen a abolir y definitivamente eliminar”, dentro de un esquema ideológico mundial, al que las “izquierdas” son tan proclives. El progresismo parece así asegurado con la identificación del enemigo mundial: el judío. Y parece desdeñarse que el progresismo, el criticismo, desde sus mismos orígenes, ha sido promovido por multitud de judíos, e instituciones judías, en el liberalismo, en el socialismo, el anarquismo, en la revolución francesa, en la rusa, etc., en su constante movimiento de reinterpretación de la ley adaptándola a los nuevos tiempos…

Parece que tal tendencia es poderosa, pues, en muchos casos, es asumida hasta por los mismos defensores del judaísmo o del estado de Israel, incluso muchas veces por sus mismas autoridades o representantes, que contestan con complejos, tímidamente, o con poca claridad, a lo que es una ola mundial de tergiversación informativa y engaño masivo de los medios de comunicación, con la colaboración pasiva y cotidiana de un público irreflexivo y así estupidizado.

Y especialmente, están los países musulmanes: Hasta que no salgan del imperioso laberinto de la discordia, y, a la vista de su propia historia, no acepten su hermandad con los judíos, y acepten la colaboración que éstos gustosos le prestarían (como de hecho intentan), no tendrán ni paz interna, ni externa, ni progreso. Esa colaboración la hubo en los prodigiosos primeros siglos de expansión del Islam. Y, más tarde, en el imperio turco. El estado de Israel, en lugar de ser el acosado enemigo común, sería el impulsor y organizador de un Oriente Medio de progreso y justicia.

Y también, las radicales contradicciones de la cultura judía, que aquí he comentado, y que alimentan, a veces, la disensión interna, que antes vimos, quizá se proyecten sobre los gentiles, que no se dan cuenta de que, en ocasiones, su crítica antijudía está proporcionada por los propios judíos. Recuerdo el caso de aquel debate teológico medieval en el reino de Aragón entre un judío, Nahamánides, y un cristiano, Pablo Christiani, judio-converso.

AER: Existe una penetración en lo judío de lo sagrado, incluso en el pensamiento de su representantes más modernos y racionalistas, como temor de Dios, como acatamiento del mandato divino, como Escritura Sagrada. ¿No ves curiosa esa mezcla de racionalismo crítico y acatamiento de la Voluntad Divina?

FC: Una de las características del pensamiento actual, digamos, posmoderno, es la imposibilidad de distinguir entre pensamiento racional, o racionalista, filosófico, y pensamiento religioso, entre Filosofía y Teología. Incluso entre Ciencia y Teología. La modernidad se alimentó de una oposición entre ellas. Hoy, no. En ambas disciplinas hay principios y dogmas, razonamientos e intuiciones, conceptos e imágenes, lógica y fe. Hoy no se consideran independientes la Física de Newton de su Teología. El cálculo infinitesimal y los cálculos sefiróticos de Cordovero. Se habla del misticismo del Tractatus de Wittgenstein.

Ya el penúltimo misticismo judío, el hasidismo, ese prerromanticismo, lo sintió y lo practicó así.

Lo más señalado del pensamiento del siglo XX, dentro y fuera del judaismo, ha encontrado lo mítico en la vida diaria; lo sagrado, en la cotidianidad. Es uno de los mensajes, pongamos por caso, del Ulises, de Joyce. Que, por cierto, pone de personaje protagonista a un judío.

Y mucho han contribuido los pensadores judíos, desde siempre, y en concreto en los últimos 30 o 40 años, a esta posmodernidad.

No. No puede, por tanto hoy sorprender que toda esa comunidad del pensamiento se encuentre también, y sobre todo, en el pensamiento judío, que desde sus orígenes ha crecido a partir de una clara conciencia del pensamiento: desde sus interioridades, hundidas en el tiempo remoto, la llamada “tradición”, el flujo, por donde pasa el “soplo” y llega al sonido, que rompe y abre, el habla presente, la gramática generativa del lenguaje y la escritura, etc., etc., sobre lo cual antes insistí.

Y en todos esos parajes, por donde se aventura el pensamiento, la conciencia y la inconsciencia, late lo desconocido sin límites y el ansia de descubrirlo, la sorpresa ante nuestra ignorancia y el atrevimiento a avanzar y ver en la oscuridad. Es el maravilloso espíritu, humilde y orgulloso, es la “inquietud” frente al abismo, de Job.

  • Nace en Córdoba en 1949.
  • Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid.
  • Profesor de la Universidad de la Laguna de 1972 a 1975.
  • Profesor visitante en la Universidad de Harvard y el M. I. T. (USA) de 1975 a 1977. Estudia con W.V.O. Quine y N. Chomsky.
  • Profesor de Enseñanza Secundaria en Madrid.
  • Socio fundador y directivo de CRUCE. Arte y pensamiento contemporáneos, de Madrid, asociación cultural alternativa desde 1993.
  • Entre sus obras y artículos de filosofía y crítica artística figuran:
    – “¿Qué pensamiento disimula Matilde?”, catálogo de la exposición de M. Quejido en el Museo Español de Arte Contemporáneo, Madrid, 1988.
    – “Proposte etiche all’arte contemporanea”, en Segno, nº 202, febrero 1999, Palermo.
    – “Odio la prensa”, en Inventario, nº 9-10, Madrid-Barcelona, 1999.
    – “Improvisación, música y pensamiento contemporáneo”, en Doce notas, nº 10, Madrid. Diciembre 2002.
  • Conferencias en las Universidades Menéndez Pelayo de Santander, Complutense de Madrid, Arteleku de San Sebastián, Academia de en Roma, Galerías Nuvole y Colori di luce, de Palermo, Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia, etc.
  • Clases de canto con Sofía Noel.

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Nació en 1944 en Quintana de la Serena, Badajoz. Hizo las carreras de Filosofía y Publicidad en Madrid en donde reside desde 1960. Es editor literario e investigador de Judaica. Ha realizado ediciones facsimilares de la Guía de los Perplejos, el Cuzarí y de la obra de Isaac Cardoso. Dirigió las Jornadas Extremeñas de Estudios Judaicos en Hervás, en 1995, con Haim Beinart. Fue Director de las Actas del mencionado Congreso, publicadas en 1996. Colaborador en las revistas judías Raíces, Los Muestros, Maguem y Foro de la vida judía en el mundo, entre otras publicaciones. Creador, junto a otros entusiastas, de la Orden Nueva de Toledo, Fraternidad dedicada a la defensa plural de Israel y el Líbano cristiano, así como combatir el antisemitismo. Ha plantado miles de árboles, y construido, con Don Jaime Botella Pradillo, un jardín dedicado a los Justos de las Naciones en Las Navas del Marqués, en tierras de Castilla.