Decano del Departamento de Estudios Judaicos de la Universidad Hebraica de México

Desde la tradición talmúdica sabemos que la judía no es cosa de niños.
Talmud Tora, el deber de estudiar y enseñar la Tora no es un producto perecedero que termina a los 13 años o a los 18. Es para el un proyecto de vida.
Su límite se extiende de la cuna a la tumba.
Como lo dice David Banon “el es una civilización texto céntrica. Una civilización donde la relación con uno mismo y con el otro, con la sociedad y con el pueblo, con la historia y con Dios, está mediatizada por el texto o el escrito, él mismo comprendido como consignación de la palabra revelada.”
A diferencia de otras culturas y naciones el pueblo judío desarrolló una relación simbiótica e indispensable con los textos y su interpretación.

Desde Franz Rosenzweig al menos, sabemos también, que el estudio del va más allá de los textos sagrados y sus comentaristas clásicos. Entran en este nuevo canon todas las creaciones culturales y espirituales del judaísmo. Desde los textos bíblicos a las últimas novelas de Shai Agnon o David Grosman o Amos Oz. Desde las crónicas bíblicas a los nuevos estudios de la historia judía. Desde las obras de Saadia Gaon, Maimónides y los cabalistas a A.J.Heschel, E.Levinas y el rabino Sacks. No todo el mundo está de acuerdo con esta concepción amplia de la civilización judía y sus textos y límites. Este hecho no debería de preocuparnos más de la cuenta, pues esta discusión, o Majloket es parte de la dinámica milenaria del pueblo de Israel. Lo que no se puede permitir es que los grupos más recalcitrantes y cerrados pretendan imponer sus ideas al resto de la comunidad.
Somos un pueblo que desarrolló una identidad textual como lo desarrollan muy bellamente Amos Oz y su hija Fania en el libro Los judíos y las palabras.

Mientras otras sociedades premodernas preservaron su memoria mediante un patrón “padre-relato-hijo”, el equivalente judío sería “padre-libro-relato-hijo. “Desde muy pronto, relatar historias se convirtió en un precepto anclado en los textos. Los maestros enseñaban desde los libros…Desde tiempos antiguos, los padres tenían acceso a algún texto escrito sobre el cual podían leer a sus hijos”.

Por consiguiente, para el el proceso educativo es un proceso permanente y continuo. Las escuelas son los espacios donde se obtienen las bases y las herramientas para poder acceder al “armario de las obras e ideas de la literatura judía”. Son el primer eslabón en una cadena muy amplia y multifacética.

Nuestro tiempo está signado por la velocidad creciente y la aceleración sin pausa. Comidas instantáneas, gratificaciones inmediatas, el vértigo de las carreteras, comunicaciones satelitales en millonésimas de segundo; la ambición inagotable por superar logros anteriores propios y ajenos; la turbación provocativa de las redes sociales; la pasmosa invasión de los medios de comunicación masiva y las tecnologías de saturación social. En este contexto vemos seres humanos confusos y superficiales, a los que les cuesta comprender el mundo de los textos y las ideas y su trasfondo.
Una judía para adultos, que sea auténtica y relevante es un aporte significativo para vivir mejor. Es una forma de combatir la falta de reflexión, las creencias supersticiosas y los prejuicios populares. Es una forma de promover identidades maduras y ricas, que no se pierden en “el laberinto de la incerteza”.

Los judíos no nos podemos dar el lujo de la ignorancia o el vivir del capital intelectual y espiritual de otras generaciones. Cada uno debe ponerse su propia máscara de oxígeno para respirar mejor en contextos turbulentos, como nos dicen cada vez que subimos a un avión.

En la Universidad Hebraica ofrecemos cada semestre diversos cursos que abarcan numerosos temas de esta concepción amplia del canon judaico.
Los invitamos a explorar estas opciones que pretenden abrir al menos una parte de esta maravillosa tradición milenaria.

Para conocer más de la Universidad Hebraica visita: www.uhebraica.edu.mx


El Dr. Daniel Fainstein es Decano y profesor de Estudios Judaicos de la Universidad Hebraica de México. Completó con honores su formación académica en las universidades de Buenos Aires (Licenciatura en Sociología), la Universidad Hebrea de Jerusalén (Maestría en Contemporáneo y Educación) y la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en Ciencias Políticas y Sociales. Su tesis doctoral “Secularización, Profecía, y Liberación: La desprivatización de la religión en el pensamiento judío contemporáneo” fue distinguida con Mención honorífica. Realizó estudios en el Seminario Rabínico Latinoamericano “M. T. Meyer” y su especialización en y filosofía judía en el “Jerusalem Fellows Program” del Mandel School. Ha sido profesor invitado en numerosas instituciones de América Latina, Europa, Israel y los Estados Unidos. Sus temas de investigación y docencia incluyen la historia intelectual y social del Judaísmo, la sociología de la religión, ética y espiritualidad y la formación de recursos humanos en y liderazgo comunitario. Ha publicado numerosos escritos académicos y de divulgación sobre los temas de su especialidad.

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