Diario Judío México - Religión para el prójimo.

Los judíos han considerado durante largo tiempo que todas las situaciones en las que la humanidad reconoce su camino religioso encuentran en las relaciones éticas su significación espiritual.

Viviendo la presencia de d-os a través de la relación con otro hombre, la relación ética aparecerá en el judaísmo. Por mi relación con el otro, yo me relaciono con d-os y ese otro, diferente de mí, se manifiesta hasta el punto de no serme indiferente, de ser alguien que me afecta

Moisés y los profetas no se preocupan por la inmortalidad del alma, sino por el pobre, la viuda, el huérfano y el extranjero. No someter la Ley de la justicia al implacable curso de los acontecimientos, denunciarlos si es necesario como contrasentido o como locura, eso también es ser judío.

La responsabilidad personal del hombre respecto del hombre es tal que d-os no puede anularla. En la Biblia encontramos el siguiente diálogo entre d-os y Caín: ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano? La pregunta no es una simple insolencia. Procede de quien no ha sentido todavía la solidaridad humana y piensa- como tantos filósofos modernos- que cada uno existe para sí y que todo está permitido.

La vía que conduce a d-os conduce pues, ipso facto y no por añadidura hacia el hombre. El hecho traumático de nuestra esclavitud en Egipto constituye nuestro humanismo que nos acerca a todos los proletarios, miserables y perseguidos del mundo. Seguir al Más Alto implica también saber que nada es superior al acercamiento al prójimo, a la preocupación por el destino de la viuda y el huérfano, del extranjero y el pobre. Ningún acercamiento a d-os con las manos vacías es un verdadero acercamiento. Esa responsabilidad no podría delegársela a nadie, del mismo modo que mi muerte es indelegable, en que nadie puede morir en mi lugar. La obediencia al Altísimo significa precisamente esta imposibilidad de esconderme, de escapar. Es esa la imposibilidad que me vuelve único. Ser libre es hacer lo que nadie puede hacer en mi lugar. Obedecer al Altísimo es ser libre. El conocimiento de d-os no es para nosotros asunto de dogma sino de acción. La fórmula es de Jeremías, juzgar la causa del pobre y del desdichado ¿no es esto conocerme? , dice el Eterno ( 22,16).

Solo la víctima puede perdonar.

El mal no es un principio místico que se pueda borrar con un rito, es una ofensa que el hombre hace al hombre. Nadie, ni siquiera d-os puede sustituir a la víctima y por lo tanto perdonar. El mundo en el cual el perdón es todopoderoso se vuelve inhumano. D-os no puede cargar con todos los pecados de los hombres, el pecado cometido contra el hombre sólo puede ser perdonado por el hombre que lo ha padecido. D-os no puede hacerlo.

Ley en movimiento.

El judaísmo es ley en movimiento. Cuenta el Talmud que Moisés volvió en los tiempos de Rabí Akiva. El escuchó oculto las explicaciones del maestro, pero no las comprendió. Le preguntó a d-os de donde obtuvo Rabí Akiva estas conclusiones y una voz celestial le respondió, te fueron dadas a ti en el Monte Sinaí. La Revelación es un acto constante entre maestros y alumnos. La menor pregunta del alumno novicio a su maestro constituye una articulación ineluctable de la revelación recibida en el Sinaí.

Religión del desacuerdo.

El judaísmo es multiplicidad de opiniones. La gran discusión que atraviesa todo el Talmud entre la escuela de Hillel y la escuela de Shamai ( siglo I antes de la era común) es conocida como la discusión o el desacuerdo por “la gloria del cielo”. Ambas son palabras de d-os. El acto religioso de oír la palabra revelada se identifica con la discusión abierta. Al punto tal que los tiempos mesiánicos son designados como los tiempos de las conclusiones.

Religión universal.

Una verdad es universal en cuanto vale para todo ser razonable. Es abierta a todos y en este sentido, el judaísmo al vincular lo divino con lo moral se proyectó para siempre como religión universal.

El pensamiento judío tradicional proporciona el marco para concebir una sociedad humana universal que abarque a los justos de todas las naciones y de todas las creencias. Entre ellos es posible la intimidad última, aquella que formula el Talmud al reservar a todos los justos la participación en el mundo futuro. El judaísmo es entonces la religión de la tolerancia. Así está indicado en el vigésimo segundo capítulo de Jeremías, con un no judío que practique la moral, con un descendiente de Noé, un judío puede comunicarse tan íntima y religiosamente como con otro judío. En la Cueva de Majpelá, donde reposan los patriarcas, el Talmud hace descansar también a Adán y Eva, el judaísmo ha llegado para toda la humanidad.

  • Bibliografía: Difícil Libertad, Colección Estudios y Reflexiones, Lilmod.
  • Publicado en la edición impresa de Identidad- Uruguay en Agosto de 2013.

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Nací en Montevideo en 1967. Egresé de la Universidad de la República en 1992 con el título de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales.Soy docente universitario en la cátedra de derecho comercial en la Universidad Católica y en la Universidad de la República, en las carreras de contador público y administración de empresas.Desde el 2008 soy columnista de Mensuario Identidad.