Diario Judío México - Es aberrante que la felicidad palestina celebre la muerte de los israelíes asesinados en Tel Aviv, aberrante y significativo. Son, gran parte de los habitantes de Gaza y Cisjordania, auténtica carroña humana, calaña sin remedio con la que no sólo no hay que hacer la paz sino que debe pensar en empujarlos de una vez y para siempre fuera del país, incluso si es, en parte, también el suyo. Mientras el mundo observa indiferente la huída de los sirios ¡ lo será aún más con los primeros miles de palestinos que tengan que marcharse! Sencillamente porque, como se ve y constata en estilo tanguero, ´´el mundo fue y será un porquería´´. No cambiarán. Que se enteren Francia y los países de buena voluntad que les hacen el trabajo de propaganda y les nutren el ego: no les interesa, a los palestinos, la convivencia, no les interesa nada más allá del goteo de muertes ajenas. También celebraron los misiles de Sadam en su momento y festejarían, llegado el caso, su propia destrucción si, por una de esas casualidades, les cae algún regalo de Irán. debe dejar de pensar en el qué dirán, no importa si norteamericano o europeo, tiene que acabar de una vez y para siempre con aquellos que siembran odio y destrucción. Hay que dejar el hedonismo de lado, aparcar el orgullo gay con el que ciertas elites del mismo color se llenan la boca y proceder a blindar a los judíos con corazas impenetrables, todos merecen vivir y disfrutar de la vida.

Ha llegado la hora de la verdad: no ceder en nada, ni en permisos laborales, ayudas médicas o traspaso de bienes. Que se transformen en caníbales y se coman a sí mismos, finalmente es lo que más les gusta: fagocitar su futuro, arruinar su mañana, destrozar su destino. Ignoran que les prepara un postre muy amargo para el día después del reparto de dulces. Ha llegado la hora tomar, en la tierra de los judíos, decisiones drásticas. Tal vez irreversibles. No hay por qué ofrecer la segunda mejilla ni cultivar el masoquismo. No hay razón alguna para emplear el empalagoso lenguaje de dos estados para dos pueblos cuando estamos ante hordas bárbaras, jaurías siniestras, cardúmenes de necios. Unos pocos matan y todos lo celebran, una generación joven está dispuesta a inmolarse y sus familias cuentan en silencio los dólares que recibirán por su martirio. Santo cielo, ¡qué vecinos! Está visto que no importa lo bien que se porte con ellos, sus reiterados gestos de buena voluntad, su contención. Para gran parte del mundo ya es culpable. Y eso no tiene nada que ver con los ´´territorios ocupados´´, pues el odio es previo a la declaración del estado, palpita aún y se prepara para incrementar su veneno.

Es tan fácil odiar, menospreciar, y tan difícil tratar de entender. Lo vemos todos los días cerca de Jerusalén. En Damasco y en Sana, en Bagdad y en Estambul. La geografía del Islam está cavando su propia, gigantesca tumba y quienes esgrimen la pala son ellos mismos, los terroristas de tal o cual facción. Ojalá el azufre del infierno llegue a sus aldeas y ciudades y ahogue su persiste voluntad de matar. Entretanto, nosotros, continuemos proyectando los bienes del paraíso. Perdieron todas sus guerras y no lograrán, por más que se empeñen, destruir a . El mal que hacen les será devuelto multiplicado por mil.

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Poeta, narrador, ensayista y traductor, nació en Coronel Pringles, Buenos Aires, en el seno de una familia de origen hebreo. En 1970 se trasladó a Jerusalén para estudiar Cábala y en 1978 se estableció en Barcelona, donde se licenció en Filología Hispánica. Hoy combina la realización de seminarios sobre Cábala con su profesión de escritor.Incansable viajero, ha recorrido Estados Unidos, buena parte de Sudamérica, Europa e Israel.Publicó su primer libro de poemas, Los cuatro elementos, en la década de los sesenta, obra a la que siguieron Las frutas (1970), Los peces, los pájaros, las flores (1975), Canon de polen (1976) y Sámaras (1981).En 1976 inició la publicación de Planetarium, serie de novelas que por el momento consta de cinco volúmenes: Sol, Luna, Tierra, Marte y Mercurio, intento de obra cosmológica que, a la manera de La divina comedia, capture el espíritu de nuestra época en un vasto friso poético.Sus ensayos más conocidos son El arte de la naturaleza, Umbría lumbre y El ábaco de las especies. Su último libro, Azahar, es una novela-ensayo acerca de la Granada del siglo XIV.Escritor especializado en temas de medio ambiente, ecología y antropología cultural, ofrece artículos en español para revistas y periódicos en España, Sudamérica y América del Norte.Colaborador de DiarioJudio, Integral, Cuerpomente, Más allá y El faro de Vigo, busca ampliar su red de trabajos profesionales. Autor de una veintena de libros e interesado en kábala y religiones comparadas.