Leon Trotsky, creador del Ejército Rojo

Diario Judío México - En muchas ocasiones Adolf Hitler afirmó que los judíos eran “quienes mandaban en la Unión Soviética”. Esta argumentación formaba parte de la propaganda nazi, incluso antes de la toma de poder de los nacional socialistas en Alemania.

Sí hubo muchos judíos involucrados en la Revolución Rusa de 1917. Hasta la muerte de Lenin, en 1924, su presencia no fue cuestionada. Lenin los tenía en estima, por los servicios prestados a la revolución.

Leon Trotsky fue el creador del Ejército Rojo. Bucharin, Zinoviev y Kamenev, fueron la “troika” de consejeros del partido, desde antes de la llegada de Lenin a San Petersburgo. Maximov Litvinov fue Comisario para Relaciones Exteriores. Marc Chagall era Comisario para la Sección de Arte Contemporáneo en Vitebsk.

Desde antes de la Revolución, durante los últimos años del Imperio, la participación de elementos judíos fue cada vez más frecuente. Había comunidades importantes, influyentes y de buen nivel cultural, en la capital San Petersburgo, en Kiev, en Minsk, y en Odessa. La emancipación abrió estas puertas. El patriotismo de los judíos no era cuestionado. Fueron aceptados como cualquier otro ciudadano ruso.

La mayoría de los ingenieros que construyeron el ferrocarril trans-siberiano (1880 – 1892) eran judíos, simplemente porque sus colegas rusos no querían trabajar en la tundra, separados durante muchos meses de sus familias.

Babel fue un escritor judío de éxito: bajo Stalin fue huésped en la Prisión de Lubliayanka y terminó fusilado. Ilya Ehrenhard fue escritor e historiador durante la guerra patriótica, luego asesinado en 1953. Sergei Eisenstadt fue director de cine y recibió el Premio Lenin. En México filmó “Que viva México”; al volver a la URSS tuvo problemas con la NKVD, por su larga estancia en los .

Había espías desde antes de la Revolución en Alemania, disfrazados de diplomáticos como Jacob Serebriansky (Saltzman), Willy Breitenabch, Eltingon, Sergei Spiegelglas, Alexander Orloff (Feldbein). Trabajaban para la nueva Unión Soviética como muchos no judíos. Los judíos eran buenos para la inteligencia, por sus relaciones con las comunidades judías en el extranjero, y por su dominio de idiomas extranjeros.

Karl Radek, judío originario de Danzig, fue un gran apoyo para Lenin y para el recién creado KOMINTERN, Comité Internacional para la Propagación del Comunismo a nivel mundial. Este ideal también agrupó a muchos judíos, partidarios de Leon Trotsky y se conoce en la historia como la Tercera Internacional.

Por cierto fue Jankel Yurovsky, un judío, quien estuvo al mando de la tropa que masacró a la familia imperial Romanov, en Yekaterinaslav. Asesinato a sangre fría, probablemente innecesario. Eso no hace que un judío fuera el de la idea de la masacre, sino que seguía ordenes recibidas por teléfono del Comité Central en San Petersburgo.

El hecho de que muchos jóvenes judíos abrazaron los ideales de la Revolución de Octubre, como un ideal renovador y de salvación, desprovisto de intolerancia y de discriminación, es absolutamente cierto. Varios de ellos llegaron a ocupar puestos importantes en la nueva Administración.

Pero de allí a afirmar, como lo hacía Hitler, que la Nueva Unión Soviética estaba “controlada” y funcionaba bajo la supervisión de judíos, es totalmente exagerada y no acorde a la verdad.

Lenin, quién era demócrata, valoraba la labor de sus colaboradores judíos. No así Josef Stalin, quién los despreciaba por instinto.

Es cierto que había “muchos” judíos en posiciones claves en la URSS. “Muchos” en relación directa a su número demográfico. Pero los judíos no estaban en condiciones de tomar decisiones. Esta situación siguió por lo menos hasta la muerte de Lenin. Las decisiones siempre las tomaba el Comité.

Mientras vivía Vladimir Lenin, había un comité formado por Nicolai Bucharin, Zinoviev, Lev Kamenev, Stalin y Trotsky.

Cuando Lenin murió en 1924, Stalin se apropió de las riendas y prácticamente se convirtió en dictador, con la aprobación general. Agregó al Comité, ahora llamado Consejo de Comisarios, a Beria, a Kaganovich, Dzerzinsky, Suslov, Mikoyan, y a Sergei Kirov. Kirov fue después fusilado en San Petersburgo, ya llamado Leningrado, por ser demasiado popular.

Stalin era intolerante y muy celoso para admitir de alguna manera, las esperanzas judías, las ideas de independencia que llegaban desde Europa, sobre todo desde el Congreso Sionista de Basilea (1897), la cultura judía que añoraba el regreso a Zion y la recuperación de su antigua morada en Tierra Santa. Ideas presentes, asumía Stalin, en todos los judíos, comunistas o no, se creó una “ventanilla” judía en el Consejero de Comisarios o Comité Central, llamada “Yevsektzia”, una sección judía. “Yevrei” en ruso. Así nació la idea de Birobidzyan, un “rayon”, región en ruso,hogar judío independiente en el extremo oriente de , haciendo frontera con China.

En la Cheka, la policía secreta del Estado, también había judíos y estos cometían las mismas bestialidades que los demás. Rosa Schwartz fue una feroz asesina judía de la Checa. Moses Salomonovich era jefe de la Checa en Petrogrado y tiene muchos crímenesa su activo, sobre todo asesinatos de nobles, considerados como enemigos de la Revolución. Es cierto que en la NKVD, la policía que creó Genrik Pagoda, puso a muchos judíos como jefes de sección, simplemente porque éste les tenía confianza.

Con la salida de Trotsky al exilio, decisión de Stalin que a muchos extrañó por su valor humanitario, sus seguidores ideológicos en el mundo fueron llamados “trotskistas”. Una corriente comunista contraria a Stalin. Entre los otros comunistas bolcheviques, la mayoría se agruparon alrededor de Stalin.

El nuevo estado, la Unión Soviética, había ganado la batalla a los blancos intervencionistas, apoyados por el extranjero. La guerra civil había terminado.

Mucho más tarde, ya ganada la guerra patriótica, la Segunda Guerra Mundial, después de la muerte de millones de soldados rusos, entre los cuales se cuentan 300 mil soldados judíos, Stalin empezó una feroz y férrea campaña contra los judíos, los llamó “cosmopolitas”, “sionistas” y declaró que no eran de fiar. Entre 1937 y 1938, empezaron las purgas. Procesos montados por Stalin contra acusados judíos. Como ejemplo, en 1951, en Praga, se montó un proceso contra Slansky y London, pero también contra los intelectuales y escritores en idioma yidish de Moscú, la nueva capital y el centro de la Revolución cultural.

Se cerraron y clausuraron intempestivamente centros culturales judíos en los que se enseñaba yidish. Se cerró el Judío de Moscú, en el que actuaba Mijoels, Premio Lenin.

Cito estos datos para ilustrar una corriente anti-judía desatada por Stalin, que contrasta con las descripciones de una Unión Soviética bajo el dominio de los judíos. Después de la guerra patriótica, estos fueron abiertamente perseguidos por sus ideas cosmopolitas, supuestamente contrarias al comunismo.

Al final vino la actuación de Stalin, contra sus diez médicos judíos. Se habló abiertamente de un “complot” judío contra el dictador.

A la muerte de Stalin, los miembros del Soviet Supremo mataron a Beria, la “Bestia Negra”, y hasta entonces se lanzó Khrouschov contra él y sus abusos en el XIX Congreso del Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, CCCP en ruso.

El pueblo estaba incrédulo ante la cantidad de acusaciones, lanzadas por Khrouschov. Habían visto a Batyushka Stalin como un bondadoso padrecito, y no a un hombre que mataba a los hijos de la Revolución.

Sólo entonces vino una cierta revalorización de la importancia que tuvieron los luchadores judíos en la Revolución de 1917.

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