Diario Judío México - La Coruña en el siglo XV contaba con un barrio judío en los arrabales de la ciudad, situado en el lugar de “Arrabiada”, en Nelle y cercano a Santa Margarita. Comprendía una amplia zona entre La Palloza, Cuatro Caminos y el entorno del Gurugú, en donde estarían asentados en su mayoría, mientras que en la ciudad Alta, habría una sinagoga, lugar de culto, de cuyo mantenimiento y cuidado se encargaría un reducido número de hebreos, del mismo modo también tendrían sus negocios instalados en el barrio de la Pescadería.
Existen escasos datos sobre los judíos coruñeses, pero se cree que la colonia debía ser numerosa, ya que el puerto en gran medida se desarrolló por el comercio que muchos de ellos ejercían con otros pueblos y naciones. Muchos de los barcos construidos en los astilleros coruñeses lo fueron gracias a sus pedidos o aportaciones financieras para llevar a cabo empresas.

En la sinagoga de la Ciudad Alta, es posible que hubiese instalada una escuela religiosa y en la cual estaría quizás la sede del Tribunal Rabino, institución que se encargaría de repartir la justicia entre los propios que así lo solicitasen y con arreglo a las leyes semitas.
Aunque aparezcan en el siglo XV, los asentamientos judíos en los arrabales de la ciudad son anteriores y sus gentes estarían morando en La Coruña desde el siglo XIII. A la ciudad llegaron en esta época los primeros grupos de expulsados por el rey Eduardo I de Inglaterra en 1290, a los que se sumó en 1306 otra expedición de hebreos que fueron a su vez expulsados de Francia, mediante la real orden de Felipe IV.

Biblia Kennicott

Lo que sí es cierto es que en el siglo XV la judería coruñesa debía de ser numerosa e importante, a la vez de estar muy preparada en el terreno intelectual. Prueba de ello es que en el año 1476 se compone en La Coruña a través del intelectual judío Moisés Ibn Zabara una biblia escrita en su propia lengua hebrea y que se llegaría a conocer como la Biblia de Kennicott. Esta fue iluminada por otro hebreo coruñés, llamado José Ibn Hayyim, mediante el encargo que efectuó otro personaje de su misma estirpe y asentado en el Reino de Portugal, el cual era conocido por José de Braga. Esta joya universal se halla en la actualidad depositada en la biblioteca de Bodleyon, de la Universidad de Oxford, en Inglaterra.

Esto demuestra el grado de preparación de esta comunidad coruñesa y sus intercambios comerciales en el ámbito nacional e internacional, que practicaban en todas las áreas de los negocios. Enviaban y recibían mercancías, avalaban transacciones de todo tipo económico y actuaban como banqueros en todas las ocasiones, al dedicarse al préstamo y recibo de remesas o giros de pagos de conformidad con el trato comercial que disponían en las diversas plazas peninsulares y también con otras naciones por ellos reconocidas, por lo que se comprometían a la total validación de los efectos de cambio que hubiese en ese momento en circulación. Era una comunidad muy activa y adelantada en su tiempo.
El golpe más brutal que recibieron y que con el tiempo se vio que fue un tremendo error, no solo para la ciudad coruñesa, sino, para el Reino de en general, fue cuando se promulgó su expulsión de las tierras hispanas.. Este decreto firmado por los monarcas Isabel y Fernando les otorgaba un plazo de tres meses para abandonar este reino en compañía de sus familias. La medida afectó de forma grave a la coruñesa en particular y a la nacional en general, ya que sus actividades abarcaban todas las ramas económicas de la ciudad: había reputados sastres, joyeros, tejedores, armadores de barcos, comerciantes al por mayor y menor, banqueros, recaudadores de impuestos, algún iluminado de imprenta, pintores, pensadores, médicos, abogados, así como de oficios diversos, artes gráficas y de otras ramas profesionales. Todo ello dejó una huella muy importante y un vacío que fue muy difícil de llenar, ya que con aquella gente se iba una parte importante de la sociedad más culta y mejor preparada en sus campos respectivos.

Decadencia económica

Con la marcha de esta importante comunidad hebrea, se resintió La Coruña económicamente más que ninguna otra, ya que la misma era una ciudad de carácter realengo, en donde no tenían cabida los nobles, ni los clérigos, salvo los de Sobrado. Por ello los ciudadanos podían desarrollar sus actividades con una mayor tranquilidad e independencia, sin estar sujetos a esos poderes fácticos. Solamente rendían cuentas al rey, su señor, al igual que el resto de los coruñeses.

Ahí, en ese preciso momento, La Coruña, inició su decadencia económica, de tal modo que ya nunca fue capaz de tener la ciudad la vitalidad económica y de desarrollo que había alcanzado hasta aquel preciso momento.

En recuerdo de su existencia en el arrabal de la ciudad extramuros, ya que tenían prohibido vivir en el interior de la ciudad amurallada, se conservaron los nombres dados a sendas calles de “Arrabiada”: la que hoy es Juan Castro Mosquera y la travesía de Arrabiada, hoy Alcalde Soto González. También existe el arroyo de los judíos, que discurre por la ronda de Nelle, Antonio Viñes, La Paz y desemboca en La Palloza, próximo a la isla que se denominaba de los judíos y en parte de cuyos terrenos se alzó el edificio de los Correos de Indias, más tarde Fábrica de Tabacos y hoy sede Judicial. Mientras que en la ciudad Alta pervive la calle en nombre de la posible edificación dedicada a la sinagoga, como centro de estudio religioso.