Son muchos los escritores argentinos que, desde distintos ángulos, se han ocupado en comentar y explicar el renacimiento del Estado de Israel, que cumple en estos días sus primeros sesenta años de existencia. Es desde la perspectiva de los valores y de la creación cultural que queremos sumar nuestro homenaje en este aniversario.

“No podemos imaginar la cultura sin Israel... ”, aseveró uno de nuestros más grandes escritores, Jorge Luis Borges (1), agregando en otra ocasión que se trata de “...un pueblo admirable, al cual todos pertenecemos, más allá de las vicisitudes de la sangre... ”.

Destacamos la importancia de transcribir las opiniones de nuestros escritores porque representan el pensamiento vigente. Y se constituye en nuestro país, y en América latina en general, una interesante tendencia: los escritores y poetas del continente son quienes se han convertido en portavoces del pensamiento. Y esto ya lo señaló el recientemente desaparecido Patricio Lóizaga: “...los latinoamericanos acreditamos una interesante paradoja: nuestros mayores pensadores no son filósofos, sino escritores... “. No es casualidad que cuatro latinoamericanos, (entre ellos dos argentinos), hayan sido merecedores del más alto premio literario que otorga el Estado de Israel: el Premio Jerusalén; como sucedió con Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato, el peruano Mario Vargas Llosa y el escritor mexicano Octavio Paz.

La literatura entendió la creación del Estado de como la reparación de una injusticia histórica frente al tremendo drama de 2000 años de persecuciones, el posterior desencadenamiento del horror de la Shoá (Holocausto), y vislumbraron en el nacimiento del flamante Estado, una acción de justicia universal. Escribe, al respecto, Antonio Requeni en un poema refiriéndose a la espantosa visión de la montaña de zapatos de niños víctimas de la Shoá, que le impactaron en su visita al Memorial del Holocausto (Iad Vashem) de Jerusalén: “...ahora estás allí, breve memoria/de una atroz pesadilla. /Te contemplo/ lejos del tiempo y de las lágrimas / en tu inocencia, naufrago. / Y quisiera ponerme de rodillas y pedirte perdón por estar vivo, /porque en unos instantes saldré al mundo/ del sol y de los árboles, y acaso/ encuentre a un niño en mi camino, /un niño rubio y sonriente/ con los zapatos nuevos “.

Respecto a la antigua y nueva Jerusalén, escribió Eduardo Gudiño Kieffer: “... el que asciende a Jerusalén asciende hacia si mismo, y al hacerlo asciende a todos los hombres y mujeres del mundo que en esa ciudad pueden darse la mano sin que importen edades, sexos, credos, razas... “. A estos conceptos se agregan los del crítico de arte Osvaldo Svanascini: “...Jerusalén, elegía para el insomnio /desnuda para vigilar el tiempo./Acaso entrañable ventana en el espacio/ extraviada en el Viejo Testamento. / Jerusalén revivida en lo intemporal / de las memorias...”. A lo que agregaba Jorge Luis Borges “Jerusalén es una gran copa donde se ha decantado y acumulado los sueños, las vigilias, las oraciones y las lágrimas de quienes no la vieron nunca pero sintieron hambre y sed de ella. Esto no es una fábula. Esto lo he sentido en Jerusalén”.

Israel: obra de la fe y la palabra.
Hablamos del Pueblo del Libro. Sabemos cuánta importancia tiene la palabra y la cultura para el joven Estado en que se cristalizó la más antigua de las naciones. Contra todas las dificultades habidas, la cultura tuvo siempre un espacio primordial en el desarrollo de la nación. Baste recordar como ejemplo que la Universidad Hebrea de Jerusalén nació apadrinada por tres de los más grandes exponentes de las ideas del siglo XX: Einstein, Freud y Buber.

Las letras sagradas del Antiguo Testamento echaban luz sobre la esperanza de trocar las espadas en arado. El Estado de halló esto como su realidad, la cual fue construida a base del arado y del libro. Las ciencias, las artes y educación en general han elevado a a la consideración de todo el mundo. (Cabe mencionar que el presupuesto que destina el gobierno israelí a la educación es el más alto, después del de defensa.)

Hace algo más de una década, el que era presidente de la Academia de Letras, Raúl Castagnino puntualizó que: “ ... como Estado, aún no tiene medio siglo; como centro cultural tiene la antigüedad de nuestra civilización... pero es ejemplo de lo que puede la inteligencia y el esfuerzo del hombre cuando lo anima un ideal ... “.

En cuanto a la conjugación del milagro y la modernidad en la recreación de la más vieja Nación en el más moderno Estado, Silvina Bullrich definió a como “milagro dentro del tiempo y del espacio” y supo ver en este país “ ... una profecía que se cumple ... “, considerándolo “ ... misión del Pueblo de Moisés y de Cristo... “. En el mismo sentido, el presbítero Carlos Cuchetti afirmó: “...en maravillosa paradoja, el pueblo judío realiza hoy, en el medio social, lo mejor del cristianismo... “, agregando una cita de Maritain: “...El destino de Israel, glorioso y trágico, no se explica sólo con la filosofía de la historia, sino con la teología, según un plan que escapa a las investigaciones... “.

Arturo Capdevila supo conjugar la alegría de la creación del nuevo Estado con el retorno a la naturaleza, en su poema “Sión”. Allí escribió: “...Entre los cedros y los encinares / encontrarán (los judíos) su viejo Edén. / Como entre danzas y canciones / llegando allí se ven. // Y ahora avisan las encinas / y los cedros también / ¡oh sí! que el año nuevo / estarán todos en Jerusalén. // Llamad a fiesta, encina, cedro, / lozana vida, olivo azul, / como en los tiempos de David, / como en los años de Saúl. // ¿Se le soltó la lengua al viento / y se puso a cantar? / palmeras hay que parecían / estar bailando frente al mar ... “.

Idea necesaria para la civilización
En síntesis, la idea de un renacido cautivó a los grandes escritores argentinos, quienes lo entendieron como obra cultural del Pueblo de la Biblia, trascendiendo la singularidad del hecho político. Al respecto, escribió Syria Poletti: “Es la tierra del Libro, evidentemente. Se palpa. Se respira. Tierra de búsqueda. Si no descubriéramos el árbol de la tinta escribiríamos sobre la arena. O sobre las piedras .Y entre los milagros… la resurrección de un idioma viejo como el mundo.” La lengua de la Biblia -antiguamente de los profetas y hoy de los poetas - es la misma en la que se vuelve a hablar, escribir, pensar y soñar luego de un interregno -ni más ni menos- que de dos milenios...

es un lugar en el que Oriente y Occidente, el pasado y el presente confluyen y se dan la mano; es tal vez un caso excepcional el del renacimiento de una lengua antigua convertida en moderna y vigente en los hogares, los cafés, los comercios y las profesiones.

Concluimos apoyándonos en la exquisita pluma de Jorge Luis Borges: “... ¿Qué otra cosa eras, Israel, sino esa nostalgia, / sino esa voluntad de salvar, / entre las inconstantes formas del tiempo, / tu viejo libro mágico, tus liturgias, / tu soledad con Dios? ... “. Y en otra ocasión expresó: “... no sólo es una idea necesaria para la civilización, sino que es una idea imprescindible... “ y enfatizó asimismo: “ ... la más antigua de las naciones es también la más joven ... ”.

(#) El autor es Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí, CIDICSEF.

(1) Las citas de Jorge Luis Borges se encuentran en “Borges, el Judaísmo e Israel”, Sefárdica N 6. Director: Mario E. Cohen, editorial CIDICSEF, Salguero 758, Buenos Aires, 1988

Nota: Las restantes citas pueden hallarse en la Revista Iom Haatzmaút 46”, OSA, Rosario, 1994, dirigida por Mario E. Cohen.

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Mario Eduardo Cohen, escritor e investigador, nació en Rosario (Provincia de Santa Fe, Argentina), padre de una hija, Corina, es Profesor de Historia (egresado del Instituto Nacional del Profesorado), conferencista y organizador de congresos, simposios y encuentros nacionales e internacionales sobre temas históricos y del pensamiento. Se ha especializado en Historia Judía, demografía y en Cultura Sefardí. Es además, Contador Público (egresado de la Universidad de Buenos Aires) y asesor de empresas. Es autor de varios libros en materia impositiva y contable Fue distinguido -en 1994- por el Rey Juan Carlos I de España con la Orden del Mérito Civil en reconocimiento a su actividad en pos de la investigación y la divulgación de la cultura sefardí. Autor del libro "América Colonial Judía" editado en abril de 2000. Presidente del CIDICSEF - Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefaradí-, del que es miembro desde 1977, ha dirigido 15 volúmenes de la publicación académica "Sefárdica" que edita la mencionada institución. Fue, en 1992 el Director General de Encuentro Internacional "Cinco Siglos de Presencia Judía en América" y otros simposios internacionales. Además fue invitado a exponer en varios Congresos de EE.UU. en 3 oportunidades, España e Israel. Es colaborador permanente del matutino "La Nación" de Buenos Aires en temas judaicos. Sus ponencias fueron publicadas en la Argentina, Venezuela, los Estados Unidos, Israel, España y Holanda. Ha sido curador de varias exposiciones relacionadas con sobre temas judaicos, las que fueron presentadas en distintas ciudades latinoamericanas y en los Estados Unidos. (ver www.maimonides800.org.ar) Fue, además, Director Ejecutivo del ICAI (Instituto Cultural Argentino Israelí) y de FeSeLa (Federación Sefaradí Latinoamericana). Asimismo es autor del libro y el vídeo "Al Encuentro de la Novia" (programa multimedial sobre el Shabat y su práctica en el hogar).También ha dirigido y redactado los CD Rom Educativos Mekorot-Fuentes ll y Jaguim-Festividades.