En el mes de abril, Israel y el pueblo judío conmemoran algunos de los acontecimientos del pasado y de la historia actual que nos han forjado. En este corto periodo, celebramos festividades de carácter religioso (Pascua Judía o Pesaj), y conmemoramos efemérides de carácter nacional (el Día del Recuerdo del Holocausto, el Día del Recuerdo de los soldados caídos en las guerras y el Día de la Independencia). El imperativo de recordar es la expresión fundamental de la pertenencia del individuo a una cultura y a una historia particular, de nuestra relación con las generaciones pasadas y de nuestra herencia para las generaciones venideras.

El pasado lunes, en la víspera de Pesaj, las familias judías leyeron la Hagadá (el texto antiguo, cuyo nombre se relaciona con la obligación de contar a nuestros hijos), que es la historia del éxodo del pueblo de Israel de Egipto —liderado por Moisés. Es el momento en la historia en el que por primera vez se consolidó el pueblo judío, en el que de un pueblo de esclavos se convirtió en uno de hombres libres e inició el camino hacia su tierra, camino que duró 40 años en el desierto. Transmitida de generación en generación, la memoria histórica representa un nexo que une a las generaciones y garantiza la continuidad del pueblo.

Dentro de dos semanas, Israel conmemora la Shoah —el episodio más traumático de la historia moderna del pueblo judío— de acuerdo con la fecha del calendario hebreo en que inició el levantamiento del Ghetto de Varsovia (16-04-1943). Este simboliza el heroísmo judío de enfrentarse a los nazis desafiando todas las probabilidades de éxito y toda lógica. Cuanto más nos alejamos de esos eventos y más disminuye el número de los sobrevivientes, crecen el sentido y el contenido de la memoria. En este contexto, el imperativo de la memoria se relaciona con el énfasis en la singularidad del Holocausto. En efecto, en un evento sin precedentes, desde los más altos niveles de gobierno una potencia europea decidió exterminar de forma sistemática a los judíos europeos.  El exterminio de los judíos como individuos y como comunidad ocupó un lugar central y esencial en la concepción nazi del mundo y para ello el régimen nazi destinó todos sus recursos y logró convertir a los judíos en un grupo ilegítimo que se podía y debía exterminar.

El día de la independencia de Israel —que se celebra  el día  en que se proclamó el Estado (15-05-1948) de acuerdo al calendario hebreo— es naturalmente la cúspide del proceso histórico en el cual el pueblo judío regresó a ser soberano en su patria histórica. Israel celebra su Independencia sólo un día después de conmemorar el Día del Recuerdo de los soldados caídos en las guerras de Israel desde su creación y hasta hoy, un día especialmente solemne y triste. La proximidad entre el Día del Recuerdo —que reconoce el sacrificio nacional ligado con la existencia independiente del país— y el Día de la Independencia, pone de manifiesto el sufrimiento y la alegría que existen uno dentro del otro, que son imposibles de separar y que caracterizan la historia humana.

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