Hubo muchas bodas excéntricas en la contracultura, seguro. Pero pocas como la de  y Mordechai Levy, que tuvo lugar en una granja del norte del estado de Nueva York en 1971. Para empezar, era un matrimonio concertado. El novio trajo a sus amigos y familia, de la comunidad judía ultraortodoxa. La novia a los suyos, que se llamaban, por ejemplo,  y Allen Ginsberg.

Es uno de los capítulos más curiosos del documental  and the Exploding New York Underground, que acaba de ganar el premio al mejor documental internacional en el DART, el festival de documentales de arte que se celebra en Barcelona y que también proyectó películas sobre Banksy y sobre el arte en Corea del Norte, además de una copia restaurada del famoso A Bigger Splash, en torno a David Hockney. Ninguno, sin embargo, cuenta una historia tan desconcertante y poco conocida como la de Rubin, una cineasta experimental que siendo aun adolescente se coló en el panorama del underground del que era padrino y patriarca Jonas Mekas, dirigió un corto vanguardista que se considera pionero del como arte, se convirtió en la camarógrafa y consultora de  y actuó en general como una hipercarismática presencia de la escena, que lo mismo organizaba un recital de poesía con en Londres que presentaba a Warhol a la Velvet Underground. Hasta que desapareció con veintipocos años, entró en una secta judía jasídica, se mudó a Francia con su segundo marido y se dedicó a hacer labores del hogar y a parir cinco hijos seguidos. Murió en 1980, de una infección que contrajo después de parir al quinto y su historia había permanecido enterrada hasta que Mekas, que siempre la admiró, le dedicó el último número de su revista, Film Culture, antes de morir en enero de este año, y colaboró en el documental de Chuck Smith.

Un fotograma de  and the Exploding NY Underground.

© Hoppy Hopkins

Un fotograma de 'Barbara Rubin and the Exploding NY Underground'.

“Barbara tenía la cara más transcendentemente hermosa. No parecía un chico, no parecía una chica, era como si alguien hubiera decidido pintar un ángel”, dice al inicio de la película su amiga la crítica de Barbara Taubin. “Todo el mundo quería ser ella, estar con ella”, corrobora Mekas ¿Cómo alguien con semejante empuje, que además no parecía andar corta de confianza en sí misma –para su segundo filme, que nunca llegó a rodar, pidió colaboración a Walt Disney y elaboró una lista con su reparto deseado que incluía a los Beatles, los Rolling Stones, las Supremes, Frank Sinatra, , Joan Baez, Norman Mailer y unas docenas más de luminarias de los sesenta– acabó anulándose de esa manera y aceptó las normas de una comunidad que relegaba a las mujeres a un papel de criadas y madres por este orden? El documental no acaba de responder a esta pregunta pero explica la historia de Rubin con respeto y la necesaria distancia.

Hija de una familia judía (no ortodoxa) de clase media y políticamente cercana a la izquierda, la futura cineasta pasó una adolescencia difícil. A los 17, su familia la envió a un psiquiátrico no queda muy claro si para tratar su obesidad o sus problemas nerviosos. Allí la atiborraron a pastillas para adelgazar (que durante mucho tiempo fueron, esencialmente, anfetaminas) y otras drogas psicoactivas hasta que le dieron el alta. A través de un contacto familiar, consiguió un puesto como becaria/asistente en la Film-Makers Cooperative, el núcleo de cineastas experimentales que orbitaba en torno a Jonas Mekas. Y, como dice en la película J. Hoberman, “abrazó el underground con un fervor religioso”. El documental describe una escena en la que todos los cineastas, entre los 30 y 40 años, hablan de drogas y de pronto Barbara, una adolescente de 18 años, les cuenta sus experiencias con todas esas sustancias que ella había probado y de las que los demás sólo habían oído hablar. Por entonces, se estrenó un corto semipornográfico de Jack Smith llamado Flaming Creatures –uno de los miembros del círculo cuenta que la vio 13 noches seguidas en un de arte y ensayo–, que empujó a Rubin a intentar su propia versión. Armada con la cámara de 16 milímetros de Mekas y con un plató improvisado en el apartamento que John Cale tenía en la calle Ludlow del Lower East Side de Manhattan, se puso a rodar Christmas on Earth, una película que según la académica del cine Ara Osterweil introdujo en el arte la idea del cine como instalación, ya que estaba hecha en dos bobinas, pensada para proyectar una imagen dentro de la otra, que filmaba el interior de una vagina. Hay un largo plano de la propia Rubin besando a Naomi Levine, una de las superstars de la Factory de Warhol. De hecho, la película, cuyo título original iba a ser Cocks and Cunts (pollas y coños), contiene penetraciones y sexo en grupo y violaba prácticamente todas las leyes anti-obscenidad vigentes entonces ¿Hemos dicho ya que Rubin tenía 17 años cuando la empezó?

y la Velvet Underground.

© Nat Finkelstein

Barbara Rubin y la Velvet Underground.

La película se proyectó en varios conciertos de la Velvet Underground y afianzó el lugar de aquella adolescente en el círculo de Warhol. Ella fue la camarógrafa de muchos de los screen tests, las entrevistas que rodaba el artista, incluido el de . “Si Barbara le decía algo a Andy, él la escuchaba y el resultado era espectacular” comenta Mekas en el documental. Por entonces, Rubin conoció también al poeta y agitador Allen Ginsberg. Ambos se acostaron en alguna ocasión y ella llegó a estar obsesionada con él e imaginaba un futuro romántico con Ginsberg, a pesar de que él era homosexual. Juntos, y con otros miembros del underground neoyorquino, fundaron una comuna rural, East Hill Farm. Para entonces, Rubin había acentuado su misticismo. Se vestía de monja, supuestamente como acto irónico, y se interesó primero por los Hare Krishna y después por la Cábala. Algo se torció en la comuna, cuando quedó claro que Ginsberg no iba a tener hijos con ella.

Una de las integrantes describe una escena en la que varios miembros del grupo iban en un coche y Rubin les obligó a parar en una casa que resultó ser un orfanato de niños judíos ultraortodoxos. “Ella se bajó del coche y unos 20 críos corrieron hacia ella como si fuera el Mesías”. En ese mismo momento, sacó del coche la maleta y se quedó a vivir. En poco tiempo estaba llevando peluca y vestidos largos y siguiendo las enseñanzas del carismático rabino Fairfeld. En 1971 se produjo esa primera boda forzada. Duró dos años y Rubin consiguió un gett, un divorcio según la ley rabínica. Conoció a un pintor francés, Isaac Besançon, seguidor de las enseñanzas del rabino Nachman de Bratislava y se casaron. En poco tiempo se mudaron a Francia, donde Rubin se desconectó del todo de sus antiguos amigos de la contracultura. Cuando murió en 1980 tenía 35 años.