Es común escuchar que los padres harían casi cualquier cosa por sus hijos. Esta dedicación es parte del ejercicio de la paternidad y promueve el correcto desarrollo de los niños.

Sin embargo hay momentos en los cuales este cuidado ya no es necesario, y situaciones en las que no corren un peligro real y los padres se empeñan en seguir detrás de ellos.

La preocupación por los hijos no es mala en sí misma, más bien debe ser congruente con el riesgo actual del ambiente y las capacidades reales del sujeto – un niño que crece en un barrio peligroso o que es discapacitado amerita mayores cuidados, e incluso podríamos verla como un mecanismo adaptativo ante condiciones altamente estresantes – un desastre natural o abuso infantil.

El término sobreprotección parental, describe la conducta de los padres que limitan la independencia y la toma de riesgos voluntarias de sus niños. Esta se identifica por cuatro características: contacto social y físico excesivo, prolongación del cuidado infantil, limitación del comportamiento independiente y autosuficiencia, y una falta o exceso de control maternal.

Esta práctica está relacionada con un impacto negativo en las habilidades de afrontamiento y el desarrollo adecuado de los niños, puesto que los padres comunican a sus hijos que el mundo es un lugar peligroso y  les impiden afrontar y resolver por sí mismos los problemas, les refuerzan la creencia de que no son capaces y que sus padres comparten esta idea.

Las “primeras veces” están caracterizadas por la transición de un estado de menor aprendizaje a uno de mayor experiencia, pero también de miedo e inseguridades que, sin embargo, una vez superadas dejan un aprendizaje significativo y duradero en el sujeto que lo experimenta. El evitar que afronte sus miedos y asuma riesgos hace al niño inseguro, además le priva de la oportunidad de aprender de sus errores, y más importante aún, el no asumir las responsabilidades típicas de su etapa del desarrollo lo pone ante su comunidad como un miembro inmaduro que terminará por no asumir la etapa de la adultez correctamente.

Según los expertos, los hijos de padres sobreprotectores pueden tomar dos posibles actitudes a largo plazo: en el primer escenario asumen las preocupaciones de los padres y adoptan su manera exagerada de dimensionar la magnitud de las amenazas que enfrenten, y esto les lleva a evitar cualquier situación que represente un reto. Estos son los chicos que están en riesgo de trastornos ansiosos.

En el segundo escenario el chico se resiste a las restricciones y el sobre control que le imponen sus padres, buscará sus propias oportunidades para experimentar con el riesgo, las responsabilidades y el reconocimiento de sus capacidades. Estos chicos son quienes se involucran en conductas de riesgo que no son guiadas por sus cuidadores.

Entonces, ¿Cómo brindar espacios en los que los hijos puedan experimentar de manera segura?

Es esencial que los padres  reflexionen sobre sus propias infancias, las maneras en las cuales asumieron riesgos y responsabilidades y cómo estas experiencias les ayudaron a madurar. Es normal en este punto encontrar contradicciones: por un lado los padres reconocen que estas situaciones los ayudaron a madurar y desarrollar capacidades, pero no creen que sus hijos se beneficien de ellas. Además existe el temor de ser visto como un mal padre si se da independencia a los hijos.

Lo importante es detectar cuando los hijos demandan esta libertad y guiarlos a que la ejerzan de manera segura y dirigida, es en este momento cuando pueden poner a prueba sus capacidades y se autoafirman al hacerlo.

Es importante que si el niño ya es ansioso, se identifique ante qué situaciones siente que sus capacidades se ven rebasadas, de manera que se le brinde la oportunidad de experimentar y no de evitar; por otro lado, si el chico está involucrado en situaciones de riesgo se averigüe que experiencias de riesgo o responsabilidad le brindan dichas situaciones. Finalmente, sustituir las situaciones de riesgo por otras que sean lo suficientemente seguras para garantizar su bienestar pero igualmente que enseñen a afrontar la incertidumbre y a asumir la responsabilidad al niño.

Condiciones que sean compatibles con los valores religiosos y comunitarios de la familia, que le permitan desarrollar autoconfianza y ser visto por su comunidad como una persona que se va desarrollando.

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