Todos hemos sido impactados por las escenas de guerra y destrucción en el centro de Europa. La invasión rusa a , “crónica de un ataque anunciado”, para parafrasear a García Márquez, está conmoviendo al mundo y generando un repudio generalizado al presidente Putin. Las alarmas en todos los centros del poder y en la opinión pública han alterado las expectativas de una normalización post pandemia.

Los costos humanos son enormes con miles de víctimas y millones de refugiados. Por suerte a diferencia de otras oleadas de gente que huye de la guerra, en este caso están siendo bien recibidos por los vecinos y la comunidad internacional. 

Esta nueva guerra, la primera que marca una alteración de los límites acordados en Europa luego de la , está cuestionando ideas y mitos arraigados:

Putin demostró no ser el gran ajedrecista que se pensaba y actúa como alguien desquiciado y desconectado de la realidad. El temido ejército ruso no está funcionando como la máquina militar implacable que se proyectaba hacia afuera. La economía rusa está recibiendo poderosas sanciones que afectarán seriamente su desarrollo y crecimiento.

El presidente Zelensky de está demostrando una gran capacidad de liderazgo y el pueblo ucraniano una voluntad política de luchar y defender su soberanía, frente a su gigante adversario.

La Unión Europea demostró una rara unidad y determinación en sancionar esta conducta agresiva.

Estados Unidos y un presidente Biden debilitado, demostró ser un estratega contundente y silencioso que le permite el protagonismo a sus socios europeos, al tiempo que marca el ritmo de la reacción antirrusa con audaces medidas económicas.

La OTAN reforzó su razón de ser, cuestionada por el presidente Trump entre otros y demuestra la necesidad de los países democráticos de contar con el poder y los músculos para poder defender sus valores. 

Todo esto es conocido por cualquiera que vea noticias y lea la prensa internacional.

Lo que quiero aportar en este breve texto es que las cosas se ven con una perspectiva más clara si las observamos con una perspectiva de larga duración. ¿A qué me refiero? Desde el siglo X de nuestra era, existe un movimiento de los pueblos eslavos por expandirse al oeste y de los pueblos teutónicos y occidentales de dirigirse al este.

Consideraciones de seguridad, ambiciones territoriales y accesos a las materias primas han jugado un papel central en esta . Occidente ha invadido 6 veces a Rusia desde el siglo XIX y Rusia lo ha hecho en dos ocasiones.

Por otra parte, esta zona de Europa es la que llama el historiador Timoty Snayder “las tierras de sangre”. Junto con Polonia, Bielorrusia y parte de Rusia, entre 1930 1945 fueron asesinados a manos de soviéticos y nazis, 14 millones de personas, la mayoría civiles.

Esta guerra tiene asimismo, un tenor fratricida. Kiev es la cuna histórica y espiritual de Rusia y los pueblos eslavos. Las similitudes religiosas, culturales y lingüísticas son mayores a las diferencias políticas. 

Hace pocas semanas al enseñar sobre la Primera Guerra Mundial en nuestra Maestría en Estudios Judaicos de la Universidad Hebraica, sentí un escozor al conectar este pasado cercano con los acontecimientos presentes. La Primera Guerra constituye un ejemplo de cómo, malos cálculos políticos y militares, soberbia y arrogancia y la incapacidad de realizar concesiones inteligentes, pueden generar una catástrofe de alcances impensados.

Ojalá que en este caso, primen el sentido común y la consciencia de que la destrucción y la violencia son caminos muy difíciles de detener cuando se llega a cierto nivel de intensidad e inercia. Si la esperanza de construir un mundo mejor no es lo suficientemente poderosa, que al menos el temor a la catástrofe y la mutua destrucción, impelan a los líderes a encontrar una salida negociada y realista.

 

Para conocer más de la Universidad Hebraica visita: www.uhebraica.edu.mx 


 

El Dr. Daniel Fainstein es Decano y profesor de Estudios Judaicos de la Universidad Hebraica de México. Completó con honores su formación académica en las universidades de Buenos Aires (Licenciatura en Sociología), la Universidad Hebrea de Jerusalén (Maestría en Contemporáneo y Educación) y la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en Ciencias Políticas y Sociales. Su tesis doctoral “Secularización, Profecía, y Liberación: La desprivatización de la religión en el pensamiento judío contemporáneo” fue distinguida con Mención honorífica. Realizó estudios en el Seminario Rabínico Latinoamericano “M. T. Meyer” y su especialización en educación y filosofía judía en el “Jerusalem Fellows Program” del Mandel School. Ha sido profesor invitado en numerosas instituciones de América Latina, Europa, Israel y los Estados Unidos. Sus temas de investigación y docencia incluyen la intelectual y social del , la sociología de la religión, ética y espiritualidad y la formación de recursos humanos en educación y liderazgo comunitario. Ha publicado numerosos escritos académicos y de divulgación sobre los temas de su especialidad.