Nadie puede decir que es una mala noticia y, creo, no tiene precedente en la historia de nuestro país: la fabricación de una vacuna en México que nos permitirá acceder a una solución rápida, muy rápida, a esta pandemia que detuvo al mundo este año.

Sin embargo, el milagro de la vacuna no debería interpretarse como una licencia para regresar al descuido o para olvidar las duras lecciones que nos trajo esta nueva cepa de coronavirus.

No aprender de los errores, es un hecho, asegura que volveremos a cometerlos una y otra vez. Si de esta crisis inédita no salimos mejores ciudadanos, mejor sociedad, tanto sufrimiento no habrá servido de mucho.

Y no solo escribo sobre las irreparables pérdidas humanas que trajo la enfermedad Covid-19, sino la caída económica que hoy presiona a millones de personas en el país por falta de ingresos suficientes y de empleo formal e informal. Cada familia registrará ausencias y quedará con una lección, cuando no un mal recuerdo, de estos tiempos de confinamiento.

Sin embargo, también creo que estamos olvidando varios aspectos positivos que llegaron con este virus: una preocupación por la salud física y mental (que debemos atender al mismo tiempo), la necesidad de reducir nuestro sedentarismo (que mata igual que cualquier otra enfermedad y nos lleva irremediablemente a males crónicos con los que se ensaña el coronavirus), el cambio de dieta y hábitos de consumo, la higiene como forma de convivencia y la adopción de nuevas costumbres, tan solo con el lavado constante de manos y aplicación de gel antibacterial (que ya no será considerado un trastorno, sino un requerimiento hasta de etiqueta social), entre otros que han generado una convivencia familiar y social más cercana a pesar del aislamiento.

La preocupación es que, una vez teniendo la vacuna y un tratamiento efectivo que mitigue el impacto de contagiarse, pensemos que volveremos a los malos comportamientos que teníamos antes de todo esto. Eso nos haría perder una oportunidad única para resurgir como una sociedad diferente, más parecida a la que deseamos ser y no a la que éramos en enero.

Porque ese es el problema con los milagros, pasado un tiempo nos hacen olvidar que ocurrieron y podemos caer de nuevo en el error de que nada sucedió. Y aquí pasaron muchas cosas, hubo muchas personas que perdieron la vida y las secuelas tardaran años en diluirse.

Cada innovación, idea y forma de adaptarse que nos ha servido durante el confinamiento, debemos mantenerla por el bien de todos. Son pasos hacia adelante en el peor de los escenarios, lo que significa que pueden convertirse en costumbres que nos ayuden a enfrentar la siguiente pandemia, que ocurrirá sin duda, porque es el precio a pagar por vivir en este planeta.

Ya tendremos tiempo de analizar por qué nos agarró con la guardia baja este virus, pero vale la pena reflexionar sobre ello desde nuestra familia y darles un nuevo valor a las cosas, a los objetos, a los momentos y, con mucha responsabilidad, a la manera en que nos relacionamos como personas.

Si no apreciamos la importancia de ahorrar, de comer bien y con racionalidad, de agradecer la posesión de un hogar y de una familia unida, nos enfilaremos a una nueva crisis, sea ésta provocada por un nuevo organismo, por un desastre natural o por nosotros mismos.

Aplica para nuestro comportamiento civil y en comunidad, de las personas que decidamos ser a partir de ahora depende el tipo de nación que construiremos, en particular los jóvenes y las siguientes generaciones, para no caer en modelos que nada tienen que ver con nosotros o en extremismos que todos los días se nutren de una falta de diálogo y de una sordera por tanto ruido y tanto sin sentido que nos enfocamos en compartir directamente o por redes sociales.

Hay y habrá buenas noticias en medio de esta crisis sanitaria y económica, pero no serán tan impactantes o nos atraerán tanto como las malas. El equilibrio es el único remedio útil para que podamos darles su justa dimensión, nos recuperemos de las pérdidas sufridas y salgamos mejor que como entramos a estas medidas contra la pandemia.

De lo contrario, hasta los milagros nos parecerán poca cosa y las lecciones que debimos aprender bien se quedarán en el olvido en menos tiempo que los diez años que nos tomó perder lo avanzando cuando, hace una década, el virus H1N1 nos puso contra las cuerdas, unas muy parecidas a las que ahora.

2 COMENTARIOS

  1. Considero que este artículo es bien intencionado pero no bien fundamentado:
    1.- La fabricación de la vacuna, si se da, va a ser an Argentina. Aquí únicamente se va a envasar
    2.- "Estamos" cantando victoria antes de que termine la fase 3 del estudio

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