Diario Judío México - Al terminar el Seder, mis hijos me piden “Papá, el cavritico; Papá, el cavritico”. Esto es, la versión ladina de Jad Gadya. Y yo, como lo recuerdo de mis padres y abuelos (z”l), lo canto: “Un cavritico, que lo merco mi padre, por dos levanim, por dos levanim”

Claro, a mis hijos, hebreo y castellano (no ladino) parlantes, con herencia compartida sefardí y ashkenazí, hay palabras que les resultan graciosas: “Y vino el perro y modrio al gato”… “Y vino el palo, y ajarvo al perro”… “Y vino la agua y amato al fuego”… “Y vino el boy y se bevio el agua”.

Soy consciente de que mis desafinados cantos son en un idioma muerto, o en un avanzado proceso de agonía. El ladino ya no es utilizado por nadie.

Tal vez quede algún anciano, muy anciano, en los antiguos enclaves de olim turcos de Yehud o Lod que lo hable. Sus hijos, sin duda, no. Sus nietos, ni que hablar (valga la redundancia).

No sé si en las muy constrictas comunidades judías de Turquía o Grecia alguien lo recuerda. Si lo hacen, son seguramente los últimos.

La otra gran lengua judía diaspórica, el idish, tiene su reservorio: Los ortodoxos ashkenazitas, para los cuales es el idioma del hogar, de la calle y del estudio en las ieshivot y Kolelim.

Pero el ladino se mantiene solamente como una lengua estrictamente casera, y únicamente de uso entre los mayores de la casa. Ni hay, ni son necesarias ieshivot o institutos de estudios en ladino. (Los hay, sí, en castellano, pero eso ya es otra historia).

En la Diáspora, con judíos nativos ya de tercera, cuarta y quinta generación, los idiomas locales han desplazado tanto al idish como, más tempranamente, al ladino, y si éste se mantiene es casi seguramente como un curioso atavismo.

Habiendo pasado mi infancia en un ambiente familiar donde el ladino se conservaba con una gran influencia, por cierto, del castellano, tengo recuerdos de este idioma, que espero sirvan para refrescar la memoria de otros “sesentones”.

Las tardes de sábado entre Pesaj y Shavuot mi padre me llevaba a la sinagoga de la Comunidad Israelita Sefardí en Montevideo a escuchar el “Perik”, esto es, la lectura de Pirkei Avot que algunos ancianos cantaban en ladino:”Que ansi dize el pasuk:. Non munchigues habla con tu mudjer; cuanta mas y cuanta mas con la mudjer de tu compañero”.

Entre ellos: don Elisha Sabah, de larga barba blanca; don Jacobo Hazán (“El jajam Hazán”) con su perita; Bojor (“Bojorachi”) Benaderet; mi tío abuelo Bojor Benguiat; los “shamashim”, Daniel Cohen y León Acher; el inolvidable jazán don Isaac Acher (he escuchado en mi vida varios jazanim sefaradim, como él, ninguno).

Algunos viernes cantábamos, al terminar Arvit, Yah Ribon Alam (“Yah sinior del mundo y de los mundos, tu sos el Rei Rei de los Reies, hetchas de tus baraganias y maraviias”. “Y salmearemos a ti cantares y alavasiones, en Yerushalayim civdad de ermozura”).

“Salu buena”, se saludaban; “Tienes un hidjo Masaya”, le decían a algún orgulloso padre. “Bindichas manos”, alababan a, por ejemplo, el ama de casa que había preparado unos deliciosos “boios”, “burrekas”,”travados” o “curabieses”. “Que venga el novio”, era el llamado a traer al bebé para su Brit Milá. “Viva, viva, Palestina, muestra tierra prometida”, cantaba la versión ladina del himno nacional Hatikva.

Todo eso, así es la vida, se terminó con ellos.
Existen institutos de estudios ladinos en varias universidades, en y en el mundo. Hay congresos de ladino y festivales como el “Festiladino” que, de paso sea dicho, es más un festival de música española, con todo y trajes típicos de la Península Ibérica, de cantos judeo-orientales o balcánicos.

No sólo eso; se editan discos, muy buenos algunos, en ladino. Pero son cantos de cisne de una lengua que se acaba.
“El Cavritico” termina diciendo “Y vino el Santo Bindicho y degoio al Malajamabet (Malaj Ha-mavet, el ángel de la muerte)”. Una clara alusión a la época mesiánica, en que revivirán los difuntos y la muerte ya no existirá.

O como en la estrofa final de la famosa “Avraham Avinu”: “Que por su zejut (merito) / mos venga el Goel (redentor) / Y rijma (redima) a todo ”.

Pronto, en nuestros días.

Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de diariojudio.com y sus directivos. Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

Artículo anteriorEnsalada de Berenjenas
Artículo siguienteDiálogos ecuménicos