La comarca tarraconense de la Conca de Barberà no se halla entre los objetivos turísticos mayoritarios, aun contando con multitud de atractivos. Uno de los más desconocidos son sus núcleos judíos medievales.

La capital, Montblanc, es una coqueta villa amurallada que parece dibujada por un niño. Las paredes almenadas la rodean por completo, y solo unas cuantas puertas se abren para permitir el paso el núcleo histórico. En su interior se halla la judería o call. La comunidad hebrea de la localidad tuvo gran importancia a partir del siglo XIII.

Tuvo su propio portal de muralla, cementerio y sinagoga. Hoy se puede identificar el sector por los arcos apuntados que se localizan paseando por el casco medieval. Hay que tomar como referencia la actual plaza dels Àngels y –precisamente– la calle dels Jueus, con uno de los característicos arcos y el suelo pavimentado con cantorrodados.

Los documentos fijan el año 1163 como el de la fundación de la villa. Ya entonces se cita que hay hebreos entre la población, aunque su reconocimiento como aljama –comunidad que tiene derecho a autogobernarse– sería en la centuria siguiente. El rey Jaume I les otorgó varios privilegios, pues parece ser que recurría a ellos para sus propios préstamos.

El call de Montblanc

Los judíos de Montblanc tenían incluso el derecho de no ser detenidos, ni aunque hubieran delinquido de manera flagrante, si se refugiaban en el interior de la sinagoga. La comunidad judía montblanquina estaba formada por artesanos reputados en la confección textil y como plateros y sastres, pero también como banqueros.

La pequeña judería de Montblanc tiene la consideración legal de Bien Cultural de Interés Local.

Tan solo 12 kilómetros al norte, rodeada de las viñas que se cultivan desde hace siglos, se encuentra la localidad de Sarral. Aquí la comunidad judía fue pequeña y no llegó a tener el reconocimiento de aljama, por lo que dependía directamente de la de Montblanc. Sin embargo, sus miembros se congregaron en y alrededor de la actual calle dels Jueus.

Vale la pena acercarse a ver esa vía y atravesarla, pues consta como la calle más estrecha de Catalunya. Tiene solo 50 centímetros de ancho, y ni que decir tiene que solo una persona puede cruzarla cada vez. En la curiosa carrera por ostentar la vía más estrecha de España, la Diputación de Tarragona todavía hace constar que esta lo es, aunque ya se ha demostrado que Urriés, en la provincia de Zaragoza, ostenta el récord.

La calle dels Jueus, curiosamente, es muy utilizado por los sarralencs, pues está enclavada en un lugar estratégico del pueblo que permite acceder rápidamente a la calle Mayor, a la plaza de la iglesia y al Ayuntamiento. No es un tránsito sencillo, pues el callejón se halla a dos niveles y hay que salvar unos altos escalones. Quien desee vivir la experiencia tendrá que desplazarse hasta allí, se encuentra fuera del alcance de Google Street View, pues, lógicamente, no hay vehículo capaz de cruzarlo.

Hay que desplazarse 17 kilómetros más al noroeste, cambiando ya el paisaje de viñas por los de cereales característicos de la Baixa Segarra –aunque sin salir de la misma comarca administrativa– para llegar a otra hermosa villa amurallada, Santa Coloma de Queralt. Allí la judería está incluso señalizada con una placa metálica fijada a un muro, con información en catalán y en hebreo.

Desde la plaza de l’Església hay casi un trampantojo arquitectónico. Un arco que parece el zaguán de una casa da en realidad paso a la calle Quarteres, que junto a la del Call y del Forn de Baix delimitan la judería medieval. Se tiene constancia de que hubo una sinagoga que no ha sido todavía localizada. La puerta se cerraba de noche –precisamente frente a la iglesia católica– y la comunidad hebrea permanecía encerrada hasta la llegada del alba. El conjunto de las tres callecitas, por el extremo contrario, desemboca en el espectacular patio de armas del castillo de la localidad.

De la aljama colomina se tiene constancia desde el año 1272, y por lo visto también prestaron sus buenos dineros al rey Jaume I, por lo que estaban muy bien considerados por la corona. Tras la expulsión decretada por los Reyes Católicos en 1492, 150 de los judíos de Santa Coloma de Queralt no aceptaron convertirse al cristianismo y abandonaron la población.

La huella hebrea en la Conca de Barberà es motivo más que suficiente para una visita a la comarca, aun cuando pase totalmente inadvertida incluso para las autoridades locales. La página web de turismo comarcal ni siquiera hace una mención específica a la posibilidad de unir Montblanc, Sarral y Santa Coloma de Queralt siguiendo este hilo argumental.

Calle de les Quarteres dels Jueus de Santa Coloma de Queralt / Netol ( hablar ) / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Hay que desplazarse 17 kilómetros más al noroeste, cambiando ya el paisaje de viñas por los de cereales característicos de la Baixa Segarra –aunque sin salir de la misma comarca administrativa– para llegar a otra hermosa villa amurallada, Santa Coloma de Queralt. Allí la judería está incluso señalizada con una placa metálica fijada a un muro, con información en catalán y en hebreo.

Desde la plaza de l’Església hay casi un trampantojo arquitectónico. Un arco que parece el zaguán de una casa da en realidad paso a la calle Quarteres, que junto a la del Call y del Forn de Baix delimitan la judería medieval. Se tiene constancia de que hubo una sinagoga que no ha sido todavía localizada. La puerta se cerraba de noche –precisamente frente a la iglesia católica– y la comunidad hebrea permanecía encerrada hasta la llegada del alba. El conjunto de las tres callecitas, por el extremo contrario, desemboca en el espectacular patio de armas del castillo de la localidad.

De la aljama colomina se tiene constancia desde el año 1272, y por lo visto también prestaron sus buenos dineros al rey Jaume I, por lo que estaban muy bien considerados por la corona. Tras la expulsión decretada por los Reyes Católicos en 1492, 150 de los judíos de Santa Coloma de Queralt no aceptaron convertirse al cristianismo y abandonaron la población.

La huella hebrea en la Conca de Barberà es motivo más que suficiente para una visita a la comarca, aun cuando pase totalmente inadvertida incluso para las autoridades locales. La página web de turismo comarcal ni siquiera hace una mención específica a la posibilidad de unir Montblanc, Sarral y Santa Coloma de Queralt siguiendo este hilo argumental.

SERGI RAMIS
Fuente: La Vanguardia 09/08/2021

FuenteEsefarad

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