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El domingo 9 de diciembre, junto al castillo de Lorca -ciudad española en la Región de Murcia, casi en el límite con Andalucía-, cerca de un centenar de personas hicieron Historia con mayúsculas, la que perdurará. Los miembros de la comunidad judía, el Alcalde y numerosos ciudadanos de todas las confesiones se congregaron junto al recinto sinagogal, a los pies de la torre levantada por Alfonso X el Sabio, para celebrar la Fiesta de las Luces, la Hanuká de los judíos. Hacía 520 años, desde la expulsión de los hebreos por orden de los Reyes Católicos, que la Sinagoga no acogía esta celebración.

En el año 2003, cuando el organismo estatal Turespaña comenzó la construcción del Parador de Turismo a los pies del castillo de Lorca, nadie se podía imaginar lo que iba a aparecer bajo los antiguos sillares musulmanes, cristianizados a la fuerza. Tanto los que apoyaban el futuro hotel, como los que defendían la integridad del recinto, coincidieron en que aquellas obras habían sacado a la luz un tesoro cultural y religioso único en Occidente: la ladera de la montaña escondía un Barrio Judío con cerca de una veintena de viviendas, y una Sinagoga que fue abandonada, pero no profanada.

De manera paradójica, la Sinagoga de Lorca se salvó de su destrucción gracias a las duras normas religiosas de los cristianos medievales. El Barrio Judío estaba en lo alto de la montaña que domina la ciudad; unos metros más abajo, los cristianos poseían la Ermita de San Clemente, el santo patrón de Lorca. Las leyes impedían que cualquier comunidad no cristiana levantase sus templos más arriba que las iglesias, de manera que para construir la Sinagoga, los judíos tuvieron que emplear el ingenio y hacerla semisubterránea, excavando parte de la ladera de la montaña. De esta forma, después de su expulsión la acción de los elementos volvió a igualar la montaña y dejó enterrada la Sinagoga durante varios siglos.

El 25 de Kislev de 5772, la Sinagoga de Lorca volvió a acoger la Hanuká por vez primera en 520 años. Con las últimas luces del día, en medio de un frío glacial, un pequeño desfile partió desde la Torre del Espolón, en cuya fachada occidental los restauradores han conservado una cicatriz permanente, huella de los terremotos de mayo de 2011. El cortejo penetró en el Barrio Judío, pasó por las calles antiguas, convertidas en monumento arqueológico, y llegó hasta el recinto sinagogal, colindante con el moderno Parador de Turismo. A mano derecha, los restos de una casa principal: posiblemente la residencia del Rabino o una escuela para que los jóvenes aprendiesen la Torá. A la izquierda, la Sinagoga sin profanar, protegida ahora por cordones de seguridad para que los visitantes no dañen los muros. El techo y parte de los muros han sido reconstruidos en madera y cuelgan de una estructura especial que deja unos centímetros de separación entre ellos y los sillares antiguos, para que no se estropeen.

Allí, en la plaza pública donde en el siglo XV los judíos hablaban y jugaban, se procedió al encendido de las primeras velas de la januquiá, el candelabro ceremonial. Como máxima autoridad ofició el Alcalde, Francisco Jódar, el patriarca simbólico de toda la comunidad lorquina. Durante la ceremonia se levantaron los estandartes de los grupos judíos que desfilan en las fiestas patronales, llamadas Fiestas de Moros, Cristianos y Judíos como recuerdo a las tres comunidades que vivieron en paz durante mucho tiempo. El estudioso Luis Antonio Torres del Alcázar, presidente de la Federación San Clemente, dirigió sus palabras al Dios de Israel. Le pidió que protegiera a los lorquinos, que en los últimos tiempos han sufrido la triple desgracia de la crisis económica, los terremotos y las riadas del pasado mes de septiembre.

Fueron palabras de estricta actualidad en una celebración milenaria, porque en Lorca la huella judía ha dejado de pertenecer exclusivamente al pasado. En 2010, la sensibilidad de los lorquinos permitió recuperar la tradición en un acto muy emotivo, oficiado por el Rabino Guil Beyamín, de la Fundación Sefarad Beitenu, en unos jardines del centro de la ciudad. Y en esta ocasión, medio milenio después de la expulsión, las luminarias de la Hanuká han vuelto por fin a alumbrar su casa.


http://www.lorcaturismo.es/verhacer/sinagoga.asp

Antonio Marcelo Beltrán. Periodista y escritor. @antoniombeltran
Fotos, PEDFOT

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Antonio Marcelo Beltrán (Madrid, España, 1972). Periodista y escritor, con residencia actual en la ciudad de Lorca. Licenciado en Periodismo por la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), con formación jurídica a través de la Universidad de Alicante. Ha trabajado durante cerca de veinte años para diversos medios de comunicación, entre ellos la Agencia EFE, Televisión Española y las televisiones de las Regiones de Murcia y Valencia. Es autor del conjunto de relatos Historias del Peirao (accesible en Amazon Kindle) y responsable del blog de actualidad Guadalentín al Día.