Históricamente, México ha adoptado posiciones humanitarias ante el problema de la inmigración. Han sido notables por su sentido solidario para aquellas personas que por razones bélicas, políticas y económicas, dejan sus hogares y países.

Fueron, en su momento, estas dignas actitudes, contrastantes frente a la xenofobia y el racismo que pusieron en práctica otras naciones y gobiernos que cerraron sus fronteras, exponiendo a miles de personas a sufrir violencia, persecuciones y exclusiones.

De varios de estos momentos habrá que rescatar especialmente dos, y que debieran servir de arquetipo para encarar la circunstancia de la caravana de familias centroamericanas que buscan reencontrarse con sus familiares y además, aspiran a vivir en condiciones de bienestar y seguridad.

Me refiero, primero, al comportamiento de México ante la persecución que sufrían miles de españoles republicanos y sus familias por parte de los ejércitos de Francisco Franco en los momentos finales de la Guerra Civil Española y, segundo, la valerosa actitud de México ante la violencia y el acoso a los judíos.

Miles de españoles cruzaban la frontera con Francia y en lugar de ser recibidos humanitariamente, eran recluidos en campos convertidos en cárceles.

El mundo se lamentaba de los horrores en contra de los españoles republicanos, pero poco o nada hacían los gobiernos para remediarlo. Es entonces que México, con el presidente Cárdenas, abrió sus puertas a miles de españoles.

En nuestro país fueron recibidos calurosamente por la gran mayoría y comenzaron una nueva vida en condiciones de dignidad. Los españoles contribuyeron en muchos sentidos, especialmente en la cultura, la ciencia, la academia y al desarrollo de nuestro país.

El otro caso paradigmático lo es el de la protección que brindó nuestro país a los judíos quen perseguidos por los nazis, pasaban de frontera a frontera y de consulado en consulado sin recibir ayuda. Ahí también se engrandeció México.

Es necesario hacer mención dedon Gilberto Bosques que, en el nombre de México y desafiando las amenazas de los nazis, pudo lograr que se acogiera a miles de personas. Hay datos históricos que afirman que en esa gestión salvaron la vida a más de 30 mil personas.

Sabemos que han cambiado las condiciones y que el México del siglo XXI pasa por circunstancias difíciles y en Estados Unidos gobierna un racista y xenófobo. Pero aun así, México debiera preservar su protección a quienes son perseguidos o buscan ayudar a sus familias.

La caravana de centroamericanos que ahora se encuentra en territorios del sur mexicano debe ser recibida y atendida en estricto cumplimiento de sus derechos humanos y de las garantías constitucionales que tenemos todos aquellos que vivimos, temporal o de manera permanente, en México. Aparte, el gobierno de Peña Nieto y el nuevo de López Obrador deberán procurar, con la acción diplomática y con el ejemplo de Lázaro Cárdenas, que los centroamericanos no sean violentados por el gobierno de Donald Trump.