El otro día estaba leyendo el popular libro El Diario de una joven por Anne Frank, la joven judía que duró dos años escondida en el anexo de un edificio durante la ocupación nazi de los Países Bajos. Al comienzo del diario, en un pasaje, ella cuenta la escalofriante realidad que enfrentó la comunidad judía. Y cito ese extracto de la entrada de su diario del lunes 15 de junio de 1942.

“Nuestra libertad fue severamente restringida por una serie de decretos antijudíos: los judíos fueron requeridos que portaran una estrella amarilla; los judíos fueron forzados a entregar sus bicicletas; a los judíos les prohibieron usar los tranvías; a los judíos les prohibieron viajar por autos, incluyendo los propios; los judíos fueron forzados a hacer sus compras entre las 3 pm y las 5pm; a los judíos los forzaron a visitar solo los salones de belleza y barberías de los judíos; a los judíos se les prohibió estar fuera de las 8 pm a las 6 am; a los judíos se les prohibió ir a los teatros, los cines y a cualquier otro tipo de entretenimiento; a los judíos se les prohibió usar las piscinas, las canchas de tenis, las pistas de hockey y cualquier otro campo atlético; a los judíos se les prohibió ir a remar; a los judíos se les prohibió ir a cualquier evento atlético en público; a los judíos se les prohibió sentarse afuera de sus jardines o los de sus amigos después de las 8 pm; a los judíos se les prohibió visitar a sus amigos cristianos; los judíos fueron requeridos a asistir solamente a las escuelas judías; no podías hacer esto, no podías hacer aquello, pero la vida continuó”.

Mientras leía esto me vino a la mente la campaña antiinmigrante del magnate inmobiliario Donald Trump y sus vitriólicos discursos contra los inmigrantes mexicanos, su rechazo a los refugiados sirios y sus constantes insultos a las mujeres.

No quiero comparar a Trump a lo que describió Anna Frank, la joven que murió en manos de los nazis. En Estados Unidos estamos lejos de llegar a esa drástica situación.

Pero todo tiene su comienzo y es mejor aprender de la que lamentarnos después. Los japoneses tampoco pensaron al principio de la que ellos terminarían detenidos en campos de concentración dispersos en varios estados del país.

Trump inicio su campaña con amenazas de deportaciones masivas y su deseo de construir un muro a lo largo de la frontera sur y hacer que Mexico lo pague.

Desde la fracasada Ley Sensenbrenner en 2006, muchos otros políticos republicanos han planteado propuestas de ley para no rentarles a los indocumentados, otras para no darles trabajo, otras más para quitarles la ciudadanía a sus hijos. Si ganara Trump, alentaría a más políticos republicanos a continuar con este drástico panorama.

Para que no le pase nunca jamás a otras minorías lo que le pasó a los judíos tenemos que estar unidos, alzar la voz y cuestionar todas las leyes que afecten a los inmigrantes del país. Ser pasivos no es una opción para nosotros.

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