En un par de días se sabrá si marcha o no hacia un cuarto torneo electoral. La decisión depende exclusivamente de la voluntad y de los cálculos del primer ministro Benjamín Netanyahu, inclinado a estudiar todos los recursos con el fin de evitar su presentación ante los tribunales y la posibilidad de una pena de cárcel.

Decisión que debe asumir cuando los efectos del covid-19 se multiplican y el número de desempleados abraza por lo menos la cuarta parte de la fuerza laboral. Se estima que un proceso electoral costará al país no menos de dos mil millones de libras israelíes, un gasto que multiplicará las presiones inflacionarias que ya se verifican en el país.

Por otra parte, el empate aéreo que se vislumbra entre y países del Emirato árabe trastornará severamente el equilibro favorable a Jerusalén que hasta la fecha se había conocido. Incluso éxitos diplomáticos adicionales como la normalización de relaciones con Sudán y con Marruecos no compensarán la pérdida de esta relativa ventaja que el país había mantenido en el curso de los últimos años.

Escenarios que deberían obligar a asumir decisiones equilibradas considerando exclusivamente los intereses del país. Ayer fui testigo de las manifestaciones de protesta que tuvieron efecto frente a la residencia de Netanyahu en Cesárea. Los diálogos con algunos de sus participantes me confirmaron que tanto los aprietos económicos de la población como la creciente hostilidad en Gaza deberían obligar al gabinete israelí a tomar un sensato camino que no es la realización nuevas y costosas elecciones que tendrán inciertos resultados.

Cabe esperar que la razón y la racionalidad se impondrán al cabo.

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Invitado por la UNAM llegué a México desde Israel en 1968 para dictar clases en la entonces Escuela de Ciencias Políticas y Sociales ( hoy Facultad). Un año después me integré a la CEPAL con sede en México para consagrarme al estudio y orientación de asuntos latinoamericanos. En 1980 retorné a Israel para insertarme en las universidades Tel Aviv y Bar Ilán. En paralelo trabajé para la UNESCO en temas vinculados con el desarrollo científico y tecnológico de América Latina, y laboré como corresponsal de El Universal de México. En los años noventa laboré como investigador asociado en el Colegio de México. Para más amplia y actualizada información consultar Google y Wikipedia.