Con la "ex clase media" que constituye el 50% de los libaneses que han caído en la pobreza en el último año, el país se encuentra en la pobreza extrema. Hoy, Líbano sufre escasez en todos los campos de la vida: gasolineras vacías, apenas unas pocas horas de electricidad al día, sin fórmula para bebés, cancelación de aterrizajes nocturnos en el aeropuerto internacional de Beirut por falta de electricidad en las pistas y sin suministros médicos obligando a los hospitales a rechazar las admisiones y cerrar las clínicas. Los médicos están abandonando el país por centenares, al igual que todos aquellos que pueden permitirse huir del Líbano.

Con una formidable inflación acompañada de una depreciación de casi el 100 por ciento de la lira libanesa en relación con el dólar estadounidense, el ejército ha estado recaudando fondos para poder sobrevivir ofreciendo viajes de diez minutos por $150 dólares en helicópteros oficiales a turistas. Las campañas para recaudar fondos de los países donantes trajeron poca ayuda, excepto 150 toneladas de pescado de Senegal, que se distribuyeron únicamente a la guardia presidencial.

Los productos del petróleo importados por el gobierno del Líbano llegan a Siria, donde se venden, y el dinero aterriza en las arcas de Hezbolá. Hezbolá importa los medicamentos de Siria e Irán y los vende en el mercado negro sin ningún control o supervisión de su calidad. Hezbolá se beneficia de las porosas fronteras, enviando granadas [frutas] a Arabia Saudita llenas de anfetaminas y otras drogas.

El Banco Central está sin reservas, lo que impide la importación de bienes y el subsidio de productos alimenticios básicos. A los libaneses se les permite, bajo restricciones muy severas, sacar dólares estadounidenses de sus cuentas bancarias y están limitados a $ 100 dólares por semana (para aquellos que todavía reciben "dólares frescos" del exterior, como se les llama).

El Líbano ha llegado al abismo y en la actualidad no existe una red de seguridad para evitar la caída.

El único organismo político capaz de flotar por encima de esta peligrosa ola es Hezbolá debido al respaldo financiero que recibe de Irán. Sus instituciones se han transformado en un Estado paralelo que brinda alimentos, medicinas, hospitales, educación y gasolina a sus seguidores. Con poderes indiscutibles en el sistema político libanés, desde agosto de 2020, Hezbolá ha logrado bloquear todos los intentos del primer ministro designado, Saad Hariri, de formar gobierno. Hezbolá se está preparando para tomar el control del sistema político cuando sea oportuno.

El ministro de Defensa de Israel, Benny Gantz, propuso el 6 de julio de 2021 extender la asistencia humanitaria al Líbano. "Como israelí, como judío y como ser humano, me duele el corazón al ver las imágenes de personas pasando hambre en las calles del Líbano", dijo Gantz.

Aún no ha llegado ninguna respuesta del otro lado de la frontera.

Es obvio que Israel no puede ofrecer un paquete de asistencia importante al Líbano; está más allá de sus capacidades. Sin embargo, como hizo en el Líbano en los años 70 y al comienzo de la guerra civil en Siria, Israel puede abrir la "Buena Frontera", apodada la "Puerta de Fátima", cerca de Metulla y ofrecer asistencia médica a través de un hospital de campaña y permitir los bienes humanitarios fluyan hacia el Líbano a través del conducto de la FPNUL [UNIFIL]. Además de ser un acto de "relaciones públicas", Israel puede revivir su contacto histórico con la población del sur del Líbano, que puede atreverse a desafiar a Hezbolá y aceptar la ayuda israelí debido a las terribles circunstancias económicas y humanitarias.

Israel no es suficiente

La solución no se encuentra en un pequeño gesto presentado por el vecino del sur del Líbano. El Líbano se enfrenta (especialmente en su parte norte) a un estado de insurgencia y guerra civil. Las milicias han tomado las calles y el ejército ha sido expulsado de las calles de Trípoli. En todo el Líbano se han establecido barricadas y se han llevado a cabo manifestaciones y furiosas protestas para expresar la desesperación y la impotencia libanesas para sobrevivir a esta crisis sin precedentes. El organismo político del Líbano ha demostrado ser incapaz de encontrar una solución.

La fórmula política confesional (consociativismo) libanesa ha fracasado: creada por primera vez en 1958, modificada después de 15 años de guerra civil en 1990, y hoy obsoleta. El sistema debe ser reformado, renovado, reemplazado por algo nuevo, innovador y adaptado a la realidad del siglo XXI. Los políticos libaneses, que son, de hecho, jefes de tribus étnicas y religiosas, tienen que abandonar el escenario político y permitir una reforma masiva en el cuerpo político.

Para que el Líbano se salve antes de que se hunda en una catástrofe humanitaria sin precedentes, la comunidad internacional debe intervenir, tal como el primer ministro interino del Líbano, Hassan Diab, apeló el 6 de julio de 2021 a la comunidad internacional y a la ONU. Esta debería hacerse de los poderes del actual gobierno y del presidente libanés y reemplazarlos por el poder conferido en una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para que un Alto Comisionado gobierne el Líbano durante un período de tiempo definido. Esto permitirá el establecimiento de un gobierno y un sistema de gobernanza tecnocráticos diferentes y permitirá a la comunidad mundial extender la asistencia económica y financiera.

Este Alto Comisionado estaría asistido por una presencia militar masiva que impondría, al precio de un enfrentamiento militar, el desarme de todas las milicias, ante todo Hezbolá. Sin la neutralización de la maquinaria militar de Hezbolá, es dudoso que tal reforma se pueda implementar.

Tal precedente ocurrió en Kosovo, donde finalmente se estableció la paz tras la intervención militar de las fuerzas de la OTAN. Para aquellos que dudan de la capacidad de confrontar a Hezbolá, hay que recordar que este no es el Talibán y que Líbano, con el debido respeto, no es Irak o Afganistán. En definitva, es una tierra de 10.452 kilómetros cuadrados, la mitad del tamaño de Israel, Gales o New Hampshire.

Fuente: Jerusalem Center for Public Affairs

El Coronel (retirado) Dr. Jacques Neriah, analista especial para Oriente Medio en el Centro del Jerusalem Center for Public Affairs, fue anteriormente Asesor de Política Exterior del Primer Ministro Yitzhak Rabin y Subdirector de Evaluación de la Inteligencia Militar Israelí.