Diario Judío México - Bela Gold tiene raíces profundas. Las conoce, pero como el saber de uno mismo nunca es completo, ella desea ir más al fondo. Va con ellas y por ellas a través de su obra artística que explora una poética de la memoria desde hace treinta años.

En ese trayecto, quiere compartir un encuentro que le resultó rudo y fecundo a la vez: su cita con Berlín y sus calles, su gente y monumentos, además de su labor de investigación en los archivos desclasificados de Auschwitz, situados en la localidad alemana de Bad Arolsen. Ambos fueron un parteaguas en su transcurso vital al revisar temas, hurgar en apellidos, mirar fotografías, escudriñar en cartas y postales que le otorgaron una tesitura más abarcadora a su obra gráfica y otra temperatura emocional a su discurso conceptual.

De esos hallazgos y confrontaciones está confeccionado este libro, al que se suman voces de especialistas que desde la historia y la crítica del arte, la narrativa y el periodismo abordan la multiplicidad de aristas que Bela Gold le imprime a su legado gráfico y a su reflexión intelectual.

Jorge Ortiz Leroux, Sara Aroeste, Andrés de Luna y Karen Cordero nos acompañan en esta cavilación indispensable en tiempos como los actuales, en que la Shoá, sus múltiples reflexiones y relecturas se insertan como un acontecer que deja huella en la memoria de nuestro presente, cuando a nivel global los movimientos humanos, las migraciones y las mareas de refugiadosconvulsionan los derechos humanos y las relaciones entre congéneres con disímbolas culturas, lo mismo en Europa, Asia y nuestra América, que del sur transita al centro y hasta el norte con muchas pérdidas de vida y dignidad humanas.

Los encuentros con Bela Gold iniciaron a mediados de mayo de 2014 en su taller luminoso.

Fueron varias decenas de entrevistas que derivaron en charlas y, a veces, en confesiones personales en medio de pasteles y mucho . Durante un año y medio sostuvimos una larga conversación que fue aderezada no sólo por las palabras que registró la grabadora y dos libretas garabateadas; también se sumaron lecturas, silencios, varias lágrimas, el nerviosismo leve de las manos ansiosas y la mirada atenta hacia cientos de papeles, maderas, piedras, huevos de avestruz, segmentos de carnaza y más papeles que soportan los rasgos, las veladuras y el tatuaje de rostros, guiños, rastros, nombres, sellos y fragmentos de presencias, seres humanos que vivieron el exterminio judío en el siglo xx.

Reconstruido desde el testimonio, a la manera del viaje que Bela Gold realizó en Alemania tanto por la ciudad de Berlín como por la localidad de Bad Arolsen, este ejercicio de escritura contiene estaciones de arribo, espacios de estancia temporal, vistas desde el ventanal del tren, recorridos urbanos y el pasmoso rastreo de archivo que ella nos comparte.

Es reflejo de ese proceso intelectual tan privado como solitario y, de manera complementaria, se convierte en el diálogo que la artista ha establecido con sus colegas creadores y con los pensadores que le aportan ideas, le ratifican o rectifican sus asertos. Este recorrido es también una pugna con su propia memoria en la que, sin embargo, confía.

“El viaje” es el capítulo sobre el recorrido físico y el periplo emocional por Berlín, su gente, sitios, monumentos, historia y memoria; Bad Arolsen y sus archivos; el Museo Judío y el Memorial del Holocausto; el Museo de la Topografía del Terror y la Gran Sinagoga; cementerios y memoriales así como el barrio judío, con esas calles berlinesas donde diminutas placas recuerdan a cientos de personas exterminadas.

El apartado de “Los archivos” contempla la presencia de la académica en los archivos del Servicio Internacional de Búsqueda (its, por las siglas en inglés del International Tracing Services), situado en la localidad de Bad Arolsen, donde se resguardan los documentos desclasificados de la Alemania nazi en los campos de concentración y de exterminio de Auschwitz-Birkenau, Bergen Belsen y Treblinka, por mencionar algunos de la veintena que la historia ha dado cuenta.

Cabe señalar que dicha estancia fue posible por la beca otorgada a Gold por el Servicio Alemán de Intercambio Académico (daad, por las siglas en alemán del Deutscher Akademischer Austausch Dienst) y la invitación que le hiciera el Centro de Estudios Judíos Berlín-Brandeburgo (zjs, por las siglas en alemán del Zentrum Jüdische Studien), que forma parte de la Universidad de Humboldt, así como la bienvenida que le dieron las universidades Libre y la Técnica de Berlín.

La profusa revisión implicó no sólo reunir los datos que arrojan cédulas de identidad, fotografías, manuscritos y números interminables, sistematizados, sin rostro. También reveló el impacto visual, racional y emocional generado en la artista ante esos testimonios verdaderos. Es decir, no las visiones de “otros”, conocidas a lo largo de la historia del siglo xx y xxi a través de novelas, películas de ficción, documentales históricos y fotografías. Son los documentos directos que se integraron al conocimiento, sentires y apropiaciones creativas de la autora.

En el segmento intitulado “El proceso creativo”, la artista nos conduce por los caminos que ha transitado durante más de tres décadas de experimentación gráfica en múltiples soportes: papeles, piedras, madera, huevos de avestruz y carnazas intervenidos con diversas técnicas mediante las cuales da forma a lo indecible.

Concebido cual monumento y ofrenda de respeto a la memoria colectiva y emblema metafórico humano y universal, el conjunto visual de Gold nos ofrece un carácter polisémico en la producción y en la interpretación.

A partir de un ejercicio triangular de apropiación-manifestación-reapropiación de imágenes, la autora salvaguarda la memoria histórica y colectiva como parte de la manifestación estética conocida como Arte-Post Shoá, en diálogo con teóricos y artistas como Theodor Adorno, Walter Benjamin, Georges Didi-Huberman, Claude Lanzmann, Bracha Ettinger y Griselda Pollock, entre otros.

Finalmente, el capítulo denominado “Las bases conceptuales” desarrolla las reflexiones de la artista en aras de la construcción de su discurso crítico a través de proyectos estéticos que transfiguran el lenguaje y le dotan de nuevos significados simbólicos a los objetos.

Quedan pues estas líneas de una artista en el afán de ir a la profundidad de sus raíces a través de su obra y, con ella, humanizar la memoria que nos pueda convertir en individuos que buscan el bien de su comunidad cercana y del colectivo universal.

De arte y memoria. Relato de una propuesta visual desde los archivos desclasificados de Auschwitz puede ser consultado aquí.

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