Diario Judío México - ¡Imaginen vivir en una casa sin paredes ni techo, en el que no existe un principio y un fin de los espacios!  En donde no esté claro lo que es tuyo y qué no lo es… Precisamente así, es como se siente un niño cuando no se le ponen límites y estructura.

Al contrario de lo que muchos padres llegan a creer, establecer límites no les convierten en padres estrictos, autoritarios o poco vinculados con los hijos; a su vez, se sabe que poner límites no afecta su autoestima; todo lo contrario, un padre que guía, enseña y educa, logra que los hijos se sientan protegidos y seguros y aprenden a autorregularse.  El conocer los límites le facilita desarrollar su seguridad.

Los expertos coinciden que los límites proporcionan:

Una estructura sólida a la cual aferrarse, un modelo de conducta adecuado para seguir y orientarse.

Protección de los peligros y riesgos. Los niños deben aprender, por ejemplo, que si acercan la mano al fuego pueden quemarse o que al saltar desde un lugar alto pueden herirse y hacerse mucho daño.

Una guía para conocer el camino, por lo cual se sugiere:

  1. Empezar con los límites desde el primer año, en este caso son pequeñas normas: ¡Si subes por ahí te caerás!, ¡al tocar esto podrías romperlo! El bebé tiene que aprender a interpretar e identificar ese NO.
  2. Deben estar preparados para discutir con los hijos: algo agotador pero necesario. Y es que los niños no aceptan de buen grado renunciar a sus deseos, pero los padres deben saber que los límites y las normas son por su propio bien y aunque llore, grite o pataleé deberá seguir las normas.
  3. Ser coherentes y predecibles en cuanto a los límites, por ejemplo: si decimos al niño que no podrá jugar con ese juguete por su mal comportamiento pero no lo cumplimos, el niño acabará no respetando las órdenes.
  4. También es importante, mantener las consecuencias lógicas, junto a que éstas sean acordes al mal comportamiento, como por ejemplo: prohibir al niño ir al parque durante una semana porque no recogió los juguetes, entre otras…
  5. La firmeza: el tono de voz y la seriedad con la que hablemos es fundamental a la hora de poner límites. El comportamiento de los padres debe ser con seriedad y paciencia, aunque internamente se tengan deseos de llorar o de reír o lastimar NO se debe gritar e insultar, en cambio se debe mostrar firmeza y constancia en la implementación de límites.
  6. Tratar de olvidar y no utilizar la frase “porque lo digo yo y punto”: Los niños han de entender el motivo de una regla o de una consecuencia que se les ha impuesto y se les debe de expresar de una forma clara: -¿por qué han de irse a la cama temprano?, ¿por qué tienen que recoger la habitación?. De esta manera ellos podrán desarrollar valores internos de comportamiento.
  7. Consecuencia educativa: ¿De qué se trata? Con un ejemplo entenderán mejor: “si no haces los deberes irás al colegio sin ellos y tendrás que afrontar las consecuencias”, “si no quiere tomar la cena – se le retira el plato y le damos un yogurt, si lo acepta para no irse sin cenar, más no se le prepara otro plato”.
  8. No se le grita u obliga, simplemente se le advierte sobre lo que puede pasar, en el caso de no hacer lo que corresponde. Esto enseñara a los niños que las acciones tienen consecuencias y los hará responsables de su propia conducta.
  9. No ceder. Cediendo sólo agravamos y prolongamos el problema… “Esta es nuestra norma y así has de hacerlo”; es importante que los padres se mantengan seguros de lo que están haciendo, SIEMPRE es y será para el bien de sus hijos, para que crezcan felices.

 

Estos son solo algunas de las guías y consejos que pueden ayudar a poner límites; sin embargo, cada caso tiene sus particularidades, es por eso que es importante mantenerse informado por medio de un experto y estar al pendiente del tipo de límites que le estamos imponiendo a los hijos, para así poder cambiar y beneficiarlos en una edad temprana siendo la edad en que más lo necesitan.

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