Diario Judío México - Cuando me volví observante, mi forma de vivir Pesaj cambió. Nuestro Seder tenía un significado más profundo y a menudo se extendía hasta la madrugada. La Hagadá comenzaba a resonar y, gracias a la escuela judía de mis hijos, agregábamos nuevas y hermosas canciones a nuestro repertorio.

Lo que me frustraba era el zumbido de los escobillones. Supongo que la limpieza profunda era mi desafío personal. Desconcertada por el fregar de los trapos, yo los contemplaba preguntándome cómo conectar la limpieza con la espiritualidad. Para cuando tomaba el escobillón, mis diligentes vecinos ya habían terminado de limpiar sus casas y estaban cocinando para el Seder.

Me di cuenta que tenía mucho por aprender. Una mañana, seguí el aroma de carne que llenaba el living de mi casa proveniente del departamento de mi vecina. Supe que debía seguirlo; tenía que aprender sus profundos secretos de limpieza. Era ahora o nunca.

Golpeé a su puerta con timidez. Desde el interior se oían ruidos de sartenes golpeándose unos con otros y también se oía un canturreo. Su alegría me envalentonó y golpeé con más fuerza. La puerta se abrió de inmediato y mi vecina me recibió con una amplia sonrisa.

Le dije algo sobre el clima (tan cálido), el precio del guefilte fish (tan alto) y sobre la idea de probar matzá de espelta (tan sana). Me miró a los ojos y preguntó: ¿Necesitas ayuda para prepararte para Pesaj?

Sentada en la mesa de su cocina esa mañana aprendí consejos muy valiosos que transformaron mi limpieza de Pesaj y me ayudaron a reformular mi actitud. Esto es lo que aprendí:

Divide la limpieza entre lo fácil y lo difícil

Las áreas de limpieza difícil son los cuartos en los que preparamos comida, cocinamos y comemos. En la mayoría de los hogares estamos hablando de la cocina y el comedor. Estos cuartos deben ser limpiados con extremo cuidado porque en ellos es casi seguro que encontraremos jametz (durante Pesaj tenemos prohibido poseer y comer jametz. Jametz se define como harina de trigo, cebada, espelta, centeno o avena que haya estado en contacto con agua y que haya fermentado antes de ser horneada. El proceso de fermentación tarda 18 minutos).

Si no se ha llevado comida al salón, los dormitorios, los baños o las áreas de juego, entonces esos lugares sólo necesitan una limpieza superficial. Cuando aprendí este valioso consejo mi departamento se achicó a un tamaño que me pareció más manejable.

No estás buscando migas diminutas

Cuando limpias, busca alimentos del tamaño de un kazait (aproximadamente el tamaño de un prétzel). Esto significa que hay que buscar en las mochilas de los niños y en los bolsillos de todos, pero que no hay que dar vuelta cada prenda que poseemos.

Sella los armarios que no usarás

No hace falta que limpies todos los armarios y los estantes, especialmente si no los usarás durante Pesaj. Simplemente séllalos y pon un recordatorio para no abrirlos.

Usa tu lavavajillas para guardar objetos

Dado que no usarás el lavavajillas durante la festividad, conviértelo en un armario. Es un lugar práctico para guardar platos, ensaladeras y utensilios que no utilizarás durante Pesaj. En lugar de poner los platos en una caja y guardarlos por una semana, ponlos en el lavavajillas.

Sonríe

Si descubres que no estás disfrutando los preparativos, entonces debes parar y hacer algo divertido. Sal a caminar y vuelve a tus preparativos renovada. Mantente siempre sonriente.

Recuerda que limpiar puede ser revitalizador

El judaísmo siempre busca convertir lo mundano en sagrado. Si elevamos los actos físicos, como por ejemplo, comer con una bendición, ¿por qué no hacerlo con la limpieza?

Cuando hacemos bedikat jametz, la tradicional búsqueda de jametz que se realiza con la ayuda de una vela y una pluma, la verdad es que estamos buscando también en nuestro interior. La mecha de la vela representa nuestro cuerpo, mientras que la llama que siempre busca elevarse representa nuestra alma. El pan (el jametz) es nuestro ego inflado. Es la sensación de “ser importantes” que a menudo bloquea el alma.

Cuando buscamos pan en esos oscuros y recónditos lugares, estamos buscando el ego que hay en nuestro ser. Cuando encontramos el jametz, lo quemamos con la llama, despojándonos simbólicamente de nuestro ego y liberando nuestra alma.

La sabiduría de mi vecina me inspiró tanto que de repente me sentí preparada para enfrentar mi limpieza interior. Me sentí liberada en muchos aspectos y tomé mi escoba como si fuese una vieja amiga.

Cuando me enfoqué en mi vida y pensé en lo que me esclavizaba, mi barrido y fregado cobraron significado. Mientras buscaba jametz y tiraba agua hirviendo en mis mesones, sentí como si la perfección exterior reflejara la interior. Estaba desenterrando y eliminando mis malos hábitos y características, revelando una nueva y reluciente ‘yo’ que había bajo la superficie.

Desde ese día mis preparativos para Pesaj se volvieron simples, positivos y significativos. Teniendo la casa casherizada con anticipación, descubrí felizmente que tenía tiempo para estudiar más sobre la festividad. Mientras que otros barrían, fregaban y restregaban por todos lados, yo iba a clases y me empapaba con sabiduría.

Uno de los nombres de Pesaj es zman jeruteinu, que significa ‘el tiempo de nuestra libertad’. Con una casa limpia y claridad y energía de sobra, sentí realmente una conexión con la esencia de esta maravillosa festividad.

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