Diario Judío México - José Joaquín Fernández de Lizardi, ese fue su nombre de bautizo. Sin embargo, también se le conoce como “El Pensador Mexicano” por el periódico del mismo nombre de su creación.

Lizardi nace en la segunda década del siglo XVIII, el 15 de noviembre de 1776 en la ciudad de . Su biografía lo define como el criollo clásico descendiente, también de criollos, cultos y de escasos recursos -su padre era médico y él se recibió de abogado, profesión que no ejerce-. Sin embargo, presencia hechos que habrán de marcar al país: la independencia de la Nueva España, incluso, tras el retorno de Fernando VII al trono español -tras la expulsión del bien llamado “Pepe Botella”- suceso que Lizardi celebra, sin imaginar los vuelcos de la historia, en la primera de sus obras literarias.

Para 1811 publica versos satíricos contra personas notorias de la capital, seguramente el génesis de obras posteriores que habrán de encumbrarlo definitivamente como: El periquillo sarniento, La Quijotito y su prima y La vida y hechos del famoso caballero Don Catrín de la Fachenda donde crítica usos y costumbre de su época a través del humor, aunque con una intención edificadora, moralizante imprescindibles para una nación que empieza a dar sus primeros pasos.

Testigo y actor de los avatares del movimiento independista, como teniente de justicia de Tasco, entró en aquella población Morelos, a quien entregó las armas y municiones que había en la plaza por lo que es aprehendido y llevado a la capital; pero no tardó en recuperar la libertad. Posteriormente al promulgarse la Constitución de Cádiz de 1812, Lizardi, acogiéndose a la ley de libertad de prensa instaura “El pensador mexicano” que salió a la luz pública de 1812 a 1814. La suspensión -y el encarcelamiento del responsable- tiene una causa: una severa crítica dirigida al mismísimo virrey Venegas. Y, aunque privado de la libertad durante siete meses, jamás cesó su trabajo periodístico, Calleja, el nuevo virrey le otorga la libertad, pero al restablecerse el régimen absolutista, a fines de 1814, fue acusado por la Inquisición, aunque no se le persiguió de hecho.

En 1815 y 1816 publica simultáneamente dos periódicos: Alacena de frioleras y Cajoncito de la Alacena. Entre paréntesis, en este último, incluye un Calendario con pronósticos en verso de su autoría. De 1816 a 1820 se inicia como supremo novelista. El Periquillo, ya nombrado, se considera la primera novela de Hispanoamérica.

En 1820, tras la abolición de la Inquisición y de la Junta Eclesiástica de Censura, y tras el retorno de la libertad de prensa, Lizardi funda El conductor eléctrico donde critica a los enemigos de la Constitución. Por uno de sus escritos, Defensa de los frac-masones resulta excomulgado. Pero nada lo detiene: como respuesta publica una Segunda defensa de los franc-masones.

Simpatizante del Plan de Iguala del 1 de marzo de 1821, al notar abusos de poder, se desentiende del mismo. Y liberal por naturaleza, reacciona contra el artículo tercero de la Constitución Federal de 1821, por el cual se daba estado legal a la Iglesia. Como respuesta, publica quincenalmente el periódico Conversaciones del payo y el sacristán donde sus personajes discuten sobre temas de la Iglesia y el Estado. En 1825 se le nombra director de La Gazeta del Gobierno, órgano oficial; en 1826 funda el Correo Semanario de , el último de sus periódicos.

Como previendo su muerte, en 1827 se despide de sus lectores con el folleto Testamento y despedida. Fallece el 27 de junio de aquel año.

A Lizardi se le recuerda por sus dotes literarias, pero más por contribuir “a liberar a los espíritus de rancios y seculares prejuicios”.

Hombre de letras y de acción, defendió su causa frente a la autoridad. Ni virreyes ni inquisidores lograron silenciarlo.