En “El hombre en busca de sentido”, el eminente neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl, afirma que cualquiera de nosotros puede dejar de esperar algo de la vida, pero que la espera siempre algo de nosotros y eso es lo que precisamente nos debe impulsar a seguir adelante.

No existe nada más valioso que la existencia misma y cada día es una enorme oportunidad para darle sentido a todo, y a todos, los que nos rodean. Puede sonar a un lugar común, aunque no lo es cuando vivimos en situaciones de mucha ansiedad y llegamos a la conclusión errónea de que valdría más no continuar.

Desde el inicio de la pandemia, se ha advertido mucho de que estamos enfrentando una crisis paralela de y un aumento importante en la tasa de suicidios en el mundo y en México. Si tomamos las cifras preliminares del Inegi, por ejemplo, esto es cierto.

Meses de confinamiento, bajo un estrés constante y presiones que se han acumulado en lo económico, lo laboral y lo familiar, han hecho que la convivencia en muchos hogares se complique o que personas en la frontera de padecimientos emocionales serios cayeran en un entorno en el que éstos avanzaron.

Contar con asistencia especializada no es sencillo y menos gratuita. Los servicios públicos hacen una tarea formidable, igual que muchas iniciativas ciudadanas que ofrecen asistencia inmediata para quienes pierden el sentido de vivir y consideran o han intentado quitarse la vida. Este viernes fue el Día Internacional de Prevención del Suicidio y su conmemoración no podría ser más oportuna.

En el país, se tiene registrada una tasa promedio de 5 suicidios por cada cien mil habitantes, pero esa estadística no registra necesariamente los intentos, cuyo porcentaje puede ser mayor y que en su mayoría no serían reportados por los afectados.

Una persona puede iniciar con pensamientos suicidas y pasar bastante tiempo hasta considerar intentarlo y de ahí tardar más para llevar a cabo el primero, no digamos otros, hasta conseguirlo. No hay un promedio y tampoco tenemos una regla, porque son luchas internas, personales, en las que debemos aprender a ver las señales que nos envía una persona con depresión en diferentes grados o problemas crónicos que le han dado pauta para materializar un atentado contra si mismo para detener el dolor por el que atraviesa.

Iniciativas como #HayAyuda de Twitter, en la que un equipo enorme de programadores, en colaboración con especialistas, incorpora palabras a los algoritmos para identificar conductas suicidas en la búsqueda de información, de sitios y de posibles formas hacerlo, hay logrado prevenir cientos de casos en el mundo.

Un principio que conocí de primera mano es que es de valientes pedir ayuda. La mayoría de las personas en una situación de suicidio mandan mensajes sobre el peso que cargan y buscan ayuda antes de intentarlo, aunque no siempre sea tan claro como hacer una llamada telefónica o entrar en contacto con un profesional de la salud mental.

He tenido dos oportunidades valiosas de atestiguar el poder de la colaboración para ayudar a quienes piensan que no hay otra alternativa. La última, hace unos años, fue la atención en tiempo real y gratuita, vía telefónica, de profesionales en psicología que daban primeros auxilios emocionales a quien en ese momento ya daba el paso más importante: lanzar una alerta sobre su situación. Dedicada a prevenir suicidios, Confianza e Impulso Ciudadano, salvó la de muchas mujeres y hombres que solicitaron ayuda con valentía.

Además, brindó consultas también gratuitas en casos graves y por medio de esta atención pude comprobar que siempre hay alternativas y es posible reconstruir el camino de una existencia.

Enfrentar escenarios de ansiedad, de preocupación acumulada, puede parecer algo normal en la vida, pero no lo es. Nuestro equilibrio emocional es delicado por las condiciones en que hemos decidido darle forma a nuestro mundo, imaginemos lo que ha sido cuando el problema ha sido externo, mundial y ha puesto en riesgo la de todas y de todos.

Si alguno de nuestros cercanos empieza a aislarse, a dejar de convivir y de hablar en familia, duerme demasiadas horas, pierde interés en sus aficiones, en sus tareas cotidianas, en sus obligaciones, estamos frente a varias señales de que puede encontrarse en un estado depresivo o de ansiedad que puede evolucionar rápidamente en una crisis que le bloquee las alternativas que podemos encontrar de asistencia.

De inmediato hay que buscar ayuda, muchas instituciones públicas y ciudadanas hacen un trabajo extraordinario para asistir a personas en situaciones de suicidio. Las principales redes sociales cuentan con iniciativas para identificar comportamientos a tiempo y con base en el uso adecuado de la tecnología; todos podemos atender al alguien que lo necesita, reducir el número de casos de suicidio y establecer entornos sanos para atravesar por los sinsabores de la de la mejor manera. Eso es corresponsabilidad.