Diario Judío México - Una Avenida Porfirio Díaz, un camping Tampico, una villa Puebla, un Hotel Azteca, una placa de mármol con el Águila mexicana, una residencia “Las Siete Puertas”, una novela ” Los Barcelonnettes”, artesanías y cocina mexicanas.

Como no estar intrigado por las evocaciones de un país lejano, si uno ignora la historia de esta pequeña ciudad de los Alpes del Sur, y no busca conocerla mejor.Barcelonnette fue fundada en el siglo XIII por Béranger, Conde de Provenza y de Barcelona. Más tarde, a raíz de la expulsión de los judíos de España por Isabel La Católica, en 1492, unos judíos se refugiaron en una zona aislada, el valle del Ubaye, cerca de la frontera italiana, donde se ubica Barcelonnette, se convirtieron al catolicismo, tomando como apellido el nombre de sus padrinos, nombres que se han conservado hasta la fecha: Manuel, Jacques, Robert, Michel, Arnaud, Olivier, así como han conservado la característica de ser comerciantes muy avezados y de dar mucha importancia a la educación.

Es una aventura poco común que se extiende sobre más de 140 años (1814-1955) hacía un solo y único país, México. La emigración de los “Barcelonnettes” no fue únicamente original sino también muy audaz en su tiempo. Por “Barcelonnettes” se entienden los habitantes del Valle del Ubaye, cuya ciudad principal era Barcelonnette y, por extensión todos los habitantes de la región del Sureste de Francia, especialmente los de los Alpes de la Alta Provenza y de los Altos Alpes.

Desde hace siglos, de los altos valles alpinos y especialmente del valle del Ubaye se “exportaban” durante los largos meses del invierno y de la nieve, obreros agrícolas, pastores, pero también preceptores, porque se apreciaba mucho la educación. Por otra parte, desde el siglo 18, gracias a pequeñas fábricas de tejidos de lana y, más tarde de hilos de seda, los más aventureros de los paisanos se transformaban en aboneros y recorrían la región lionesa, la Borgoña, la Rhenania y los Flandes, para vender su mercancía. Eran muy apreciados por su seriedad y su honestidad.

Cuando, en 1821 los hermanos Arnaud, después de un rodeo por Nueva Orleans donde eran pequeños proveedores del ejército norteamericano, llegan a México, procedentes de los Bajos Alpes, han sido precedidos por un tal José Antonio Couttolenc que la historia ha olvidado demasiado pronto. Fue el primero en irse a México, a la edad de 18 años, en 1814.

Aprovechando la salida de los colonos españoles, a raíz de la proclamación de la República Mexicana, los hermanos Arnaud abren en la ciudad de México un comercio de menudeo de novedades, llamado “El cajón de las siete puertas“. De esta forma promueven para los futuros “Barcelonnettes” su primera y más importante actividad: el comercio de la ropa, especialidad que nunca dejarán.

Hacía el año 1830, siendo los negocios excelentes los Arnaud no vacilan en traer a tres de sus antiguos empleados de Jausiers. Caire, Jeauffred y Teissier.

Dos de ellos, Caire y Jeauffred, 15 años más tarde, en 1845, regresan a casa, a Jausiers, trayendo cada uno 50,000 piastras o sea 250,000 francos oro, una fortuna que, según el notario local, obsesionó desde entonces todas las imaginaciones.

Es este regreso que trayendo las pruebas tangibles de las posibilidades mexicanas, desencadenará el gran movimiento migratorio de los “Barcelonnettes”. Este movimiento conocerá, a través de los años una fortuna diversa que es difícil, hoy día de cuantificar. Sabemos únicamente que al principio del siglo pasado unas 5000 familias de residentes franceses en México, originarias de esta región estaban registradas en el Consulado de Francia en México. La mayor parte de los pioneros y los de segunda generación ya habían tomado la nacionalidad mexicana. Basta comentar que el actual Gobernador del Distrito Federal, el Sr. Marcelo Ebrard, es descendiente de un “Barcelonnette”.

Ávidos de ganancias, muy trabajadores, sobrios, ahorrativos y honestos, practican una estrecha solidaridad, los “Barcelonnettes” fundaron un verdadero emporio comercial, llegando inclusive a suplantar a sus competidores ingleses y alemanes.

Cuando Napoleón Tercero decide la intervención su simpatía va naturalmente hacía Juárez y a los liberales, porque tenían un sólido conocimiento de los principios republicanos.

A este soporte financiero y militar (venta de armas) se añade una participación al combate ideológico, gracias a la prensa. El “Trait d’Union”, “L’Indépendant y “l’Estafette” eran los más radicales de los periódicos mexicanos. La actividad de los franceses se va extendiendo y algunos se vuelven consejeros de Juárez, lo que les permite evitar los problemas cuando el emperador Maximiliano de Austria, fue fusilado el 19 de junio 1867

Del comercio de telas al menudeo los “Barcelonnettes” saltaron rápidamente a la venta de mayoreo y después a la fabricación industrial. Así se formaron los grupos textiles que permitieron a México tener la primera industria textil de toda América Latina. En 1889 los “Barcelonnettes” Ebrard, Tron y Roux se asociaron y fundaron la “Compañía Industrial de Orizaba” y después la empresa textil “Río Blanco”. En 1895 Ebrard se asocia con Reynaud y Pugibet, que ya era dueño de la fábrica de cigarros “El Buen Tono”, para fundar la “Cia Industríal de San Ildefonso”. Otros crearon la “Cia Industríal Veracruzana”. En 1900 el capital invertido por la colonia de los “Barcelonnettes” en el textil es preponderante. Poseen, en todo el país 133 fábricas de tejidos y emplean 31000 obreros.

A partir de 1880, siguiendo la moda parisina crearon dentro de la capital y otras ciudades importantes los “Grandes Almacenes”: El Palacio de Hierro, el Puerto de Liverpool, el Puerto de Veracruz, el Centro Mercantil, el Correo Francés, etc… También se diversificaron en la industria del papel, de las conservas, de los cigarros, de las cervecerías y en los bancos. El Banco Nacional de México y el Banco De Londres y México tenían el monopolio de la emisión de los billetes y siendo ellos los administradores sus firmas figuraban al calce de estos billetes.

Lógicamente el éxito y la fortuna se limitó a un grupo muy pequeño ya que muchos se negaron a ingresar en el “núcleo” de los “Barcelonnettes” por no querer plegarse a sus reglas no escritas. Otros se conformaron con sobrevivir, cuando no terminaron sus días en la miseria.

En realidad un 3% regresaron a su país, una vez hecha su fortuna, “cosidos con oro”, como se decía en esa época, un 3% igualmente terminaron sus días como rentistas acomodados, 4 % lograron regresar o hacerse repatriar pobres o bien arruinados.

Cerca del 90% se quedaron en México y se volvieron mexicanos.

Todos esos “Barcelonnettes” tenían en común un profundo amor a su país nativo y la voluntad de terminar sus días una vez hecha su fortuna. Como vemos muy pocos lo lograron. Sin embargo la identidad “Barcelonnette” quedó siempre muy arraigada a lo largo de más de 140 años, unos 170 años después de la primera llegada.

En 1910 había más Barcelonnettes en México que en el propio valle del Ubaye. Pero la Revolución, la primera Guerra Mundial, la desaparición de los patriarcas de esta aventura que tienen por apellido Tron, Ebrard, Chauvet, Olivier, Robert y muchos más, pero sobre todo la incapacidad de estas sociedades familiares en organizarse en sociedades anónimas, precipitaron el desmoronamiento de este emporio industrial sin igual. También puede uno buscar la razón de este desmoronamiento en la estructura social de esta colonia que consistía en doblegar al emigrante, desde su llegada a las normas comunitarias, quitándole así toda posibilidad de expresión personal.

Hoy día en la ciudad de México y en algunas ciudades importantes como Guadalajara las cepas más resistentes han conservado su cultura francesa, la mayor parte de las familias originarias de Barcelonnette se han integrado perfectamente entre la población mexicana. Y si quedan algunos islotes comerciales como el Puerto de Liverpool o Las Fábricas de Francia, que se dicen de origen francés, los demás son casi totalmente mexicanos.

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