Los latinoamericanos nacemos con la clara noción de que existe un imperialismo ejercido por los Estados Unidos. No es el único pero es el más cercano y muy fuerte.

Sabemos que todo el continente americano fue conquistado por países europeos, poblado en siglos anteriores por europeos a expensas de las poblaciones nativas que en muchos casos fue asesinada o esclavizada.

Las principales potencias conquistadoras a sangre y fuego de las tres Américas fueron: Inglaterra, Francia, Holanda, España, Portugal.

Al independizarse, los pasaron a ser un modelo a copiar dado que su primera Constitución fue usada como base para la organización cívica de otros países.

Sirve como ejemplo la idea de José Gervasio Artigas (principios del siglo XIX) de hacer de una parte de Sudamérica un estado federado al estilo norteamericano, las “Provincias Unidas del Río de la Plata”, idea que no prosperó porque grandes intereses económicos, políticos y militares lograron prevalecer.

Pero si nos referimos a la más cercana, especialmente la posterior a la Primera Guerra Mundial, que marcó la debilidad de los países europeos y su necesidad de apoyo por parte de la economía y el poderío militar norteamericano, encontraremos graves errores de quienes gobernaban Estados Unidos, que significaron desastres que hasta el día de hoy están pagando no sólo los países latinoamericanos, sino que incluso alcanzan a otros continentes como el caso de Asia.

Fue un gobierno norteamericano quien apoyó la revolución cubana comandada por Fidel Castro, que comenzó como la única forma de librar a la población de la isla de la dictadura de Fulgencio Batista, pero al declararse marxista-leninista pasó a ser combatida por quienes ayudaron, y hoy en día tenemos un principio de revolución anti-castrismo que no sabemos en qué va a terminar pero sí sabemos que quien sufre es el pueblo cubano.

El error norteamericano derivó en una política represiva no sólo contra sino que posteriormente desembocó en el famoso “Plan Cóndor” que llevó a varios países a guerras civiles y la implantación de dictaduras feroces con consecuencias hasta el día de hoy.

Dejamos como punto discutible –si fueron errores o no- los hechos relacionados con la Segunda Guerra Mundial: a) esperar al bombardeo de Pearl Harbor para declarar la guerra al eje Alemania-Japón-Italia; b) el lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Podríamos agregar como punto c) la absorción de científicos alemanes hasta ese momento enemigos, que a partir de 1945 pasaron a trabajar para Estados Unidos.

Podríamos agregar otras actitudes no muy claras, como por ejemplo toda la ayuda que esta gran potencia le dio a Osama Bin Laden, que a la postre le costó la tragedia de las Torres Gemelas el famoso 11 de setiembre. Para corregir ese error tuvieron que trabajar muchos años hasta lograr matar al mencionado cabecilla.

Pero hoy vemos en los medios noticiosos los sucesos de Afganistán. Aquí volvemos a ver horribles errores del país del norte, ayudando primero a que se forme y fortalezca el movimiento talibán que toma el poder en 1996, convierte al país en un emirato islámico, impone las peores leyes islámicas a sangre y fuego, y además de enriquecerse con la venta de droga a nivel mundial, también abusa del contrabando –especialmente de armas- y transforma a en el mejor sitio para que los terroristas como y otros trabajen libremente y desde allí provoquen los peores atentados en el mundo occidental.

reacciona tarde, y en el año 2001 logra con su ejército ayudado por parte de la población afgana, derrotar a los talibanes que se diseminan en países vecinos sin ningún cabecilla a la vista.

Luego de lograr una cierta estabilidad en la vida afgana, manteniendo un ejército durante veinte años, decide retirar toda su maquinaria militar. Bastó que dieran los primeros pasos en ese sentido para que los talibanes volvieran a constituirse en una guerrilla poderosa, y que luego de 20 años reconquistaran el poder total del país.

Ayudó también la corrupción gubernamental y la delicada situación económica de los afganos, pero el elemento fundamental fue el saber que el ejército norteamericano abandonaría el país. La capital Kabul fue tomada sin ninguna resistencia, porque el ejército regular afgano también estaba desconforme, sin comida y sin cobrar sus sueldos. La población civil está huyendo despavorida porque ya había comenzado a disfrutar de algo de la civilización occidental, y se respiraba un poco de libertad, especialmente el sector femenino. Es sabido que la ideología de los talibanes no trata a las mujeres como seres humanos, prohíbe la música, prohíbe otras manifestaciones de vida que en occidente son algo absolutamente natural.

Algo jamás visto sucede hoy: la desesperación es tan grande que hubo quienes se prendieron de partes exteriores de aviones para intentar escapar, sin darse cuenta que era una muerte segura apenas los aviones tomaran algo de velocidad.

Pero no es solo desesperación del pueblo, el gobierno norteamericano dio orden de evacuar su embajada y quemar toda la documentación. No cabe duda que se dieron cuenta que una de las primeras acciones que hará este nuevo gobierno es ejecutar a todo habitante que haya ayudado en alguna forma a los norteamericanos, y puede haber documentos donde mencionan nombres comprometedores.

El gobernante afgano, que vio a tiempo la victoria de los talibanes, huyó a un país vecino, seguramente sabía que iba a ser el primer ejecutado por los rebeldes.

Tememos ver en los próximos tiempos mucha sangre derramada, porque los talibanes sin duda alguna ejecutarán a todo aquel sospechoso de simpatizar con las ideas occidentales, algo que sucede en otros países como Irán, y en diferentes grados en la mayoría de los territorios gobernados por islamistas.

Pero pensamos que en habrá mucha resistencia, porque la mayoría de la población no aceptará perder los pocos adelantos que en estos veinte años habían logrado.

Entendemos en parte la posición norteamericana de no querer sacrificar a sus soldados en un país lejano, y como lo declaró su presidente Joe Biden ni el propio ejército afgano opuso resistencia. Pero demuestra ser impasible, indiferente con el sufrimiento de un pueblo, sin tomar en cuenta el porcentaje de su propia responsabilidad en el problema.

Lo que está sucediendo con el gobierno de Joe Biden y el Irán pre-nuclear ya está mostrando que volverán a equivocarse y que ese error costará muchas vidas. El solo hecho de dudar, de sus vaivenes en las decisiones y declaraciones ya de por sí es un grave error porque demuestra su debilidad –bien aprovechada por los iraníes- y envalentona al régimen de Khamenei que aprovecha el tiempo para avanzar rápidamente en la obtención de la bomba atómica.

Y de paso mencionaremos que con una breve declaración que de nada sirve en la práctica, el Secretario General de las Naciones Unidas queda con su conciencia tranquila, considera que con un par de frases ya cumplió con su deber.

Así está el mundo amigos.