Diario Judío México - La historia de la comunidad judía en Hispanoamérica tiene más de 500 años, aunque poco conocida, por ser la historia marginal de un grupo que tenía prohibido su ingreso a los territorios de las monarquías peninsulares en América. La existencia de procesos inquisitoriales en los que se acusa a individuos de judaizantes, pone de manifiesto una realidad, la extendida presencia de este grupo en todo el territorio hispanoamericano.

El término criptojudío hace referencia a aquellos miembros de la comunidad judeo-española que fueron obligados a cambiar de religión para poder permanecer en territorio ibérico, pero que en gran medida se mantuvieron fieles a sus tradiciones de forma clandestina, también es común utilizar los términos conversos, marranos o anusim.[1]

Entonces si la presencia de los criptojudíos en la América Hispana es una realidad, pese las prohibiciones de emigrar a estas tierras y los riesgos que implicaba ser un judaizante,[2] es necesario conocer la situación que vivieron los criptojudios, ya que conforman un pasaje importante de la historia Americana.

Esta investigación presenta un panorama general de la migración de miembros de dicha comunidad e intenta identificar ciertos principios que permiten la permanencia y transmisión de la identidad del grupo, por lo menos durante el siglo XVII, que es el periodo de tiempo en el que se concentrara la investigación, específicamente en la zona sur del continente Americano.

Antecedentes Históricos

Para comprender el fenómeno del criptojudaismo en Hispanoamérica, es necesario remontarnos hacia el pasado y conocer el origen de esta práctica. Aunque la iglesia católica condenaba las conversiones forzadas, muchos señores feudales de la Europa medieval obligaban a los judíos a abjurar de su fe declararse cristianos; por ejemplo durante el reinado de Sisebuto (616 de nuestra Era) todos los judíos del reino fueron obligados al bautismo, pero en cuanto la vigilancia menguo casi todos regresaron a su antigua fe.[3] De este modo nacía la tradición del marranismo y los rabinos otorgaron un calificativo particular a este hecho; anusim[4] es aquel miembro de la comunidad judia que pese a ser obligado a convertirse, mantuvo en secreto su fidelidad a la fe de David

La presencia de los sefardíes[5] vivían en barrios separados llamados juderías o aljamas y desarrollaban diversas actividades como artesanos, pequeños comerciantes, otros cultivaban viñas y además algunas familias estaban vinculadas a las Corte. A partir del siglo XIV comienzan a producirse cambios, tanto en el orden religioso como en el político y social, que culminan con las persecuciones que estallan en el año 1391. Se producen verdaderas masacres en Castilla, Aragón, Navarra y desaparecen importantes juderías como las de Barcelona y Mallorca.[6]

Estos acontecimientos, generaron un clima de inseguridad y un fenómeno de odio que llevo a muchos judíos a convertirse al cristianismo,[7] en muchos casos manteniendo en secreto sus prácticas tradicionales y en otros la conversión fue absolutamente legítima; incorporándose a la sociedad española en todos los estratos sociales. Pero estos cristianos nuevos, sospechosos de prácticas judías secretas, fueron despertando recelo y pronto fueron objeto de controles que junto a factores de orden político culminaron con la decisión de los Reyes Católicos de implantar la Inquisición[8], caracterizada por la intolerancia religiosa y la violencia de sus métodos. A partir del año de 1492, después de la toma de Granada, los Reyes Católicos firmaron el decreto de expulsión de todos los judíos que habitaban sus reinos.

Continuará…

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[1] Palabra de origen hebreo utilizada para designar a aquel que fue convertido a la fuerza.

[2] Las denuncias ante el Santo Oficio y los posteriores procesos inquisitoriales, representaron los máximos peligros para los practicantes de la ley de Moisés, sin dejar de lado las sentencias que implicaban la muerte en la hoguera, ya fuera en persona o en efigie.

[3] Ricardo Escobar, Inquisicion, 2008, p. 28.

[4] Se traduce como obligado o violado.

[5] es el nombre que en lengua hebrea se da a España y que en la tradición judía, al menos desde época medieval, se aplica a la Península Ibérica. De toman su nombre los sefardíes, descendientes de los judíos originarios de y Portugal.

[6] Idem, p. 29

[7] Cristianos Nuevos o conversos. Ricardo Escobar, Inquisicion, 2008, p. 32.

[8] Dicha institución únicamente tenía jurisdicción sobre la comunidad cristiana y no sobre los judios.