Diario Judío México - Los Christaos novos: Los Judíos huyen a Portugal.

Luego de la expulsión de España, los judíos se dispersaron en corrientes bien definidas. Una de ellas, la que se instaló en el Imperio Otomano y el Asia Menor, fue acogida con benevolencia. Otra, la asentada en Portugal, no corrió igual suerte. Más de treinta mil familias se refugiaron en el país lusitano, no sólo por su proximidad, sino también por las promesas que sus monarcas, Don Juan II y Manuel; les ofrecieron, de amparo y protección a su fe. Pero esos acuerdos no fueron respetados y los judíos fueron sometidos a conversiones forzosas.[1]

A esta nueva expresión de criptojudaísmo portugués se la llamó Christaos novos (cristianos nuevos). Marginados socialmente, se les impide abandonar Portugal y comienzan a desarrollar una doble vida, ejerciendo en secreto su antigua fe. Dado que la Inquisición se introdujo en Portugal cincuenta años más tarde que en España,[2] esta tradición secreta se transmitió de padres a hijos. En muchos casos, los hijos de estos cristianos nuevos ingresaban al clero, como el caso  Manuel Pereira Coutinho, cuyas hijas eran monjas en el Convento de la Esperanza en Lisboa y sus hijos como judíos en Hamburgo, bajo el nombre de Avendaña.  Es importante destacar la influencia que los Christaos novos tuvieron en el desarrollo mercantil comercial de Portugal hasta las tierras de ultramar y el norte de Europa. Estos “hombres de negocios” tenían corresponsales comerciales en Flandes y otras regiones de Europa.

En el orden social, estas acaudaladas familias conversas portuguesas se emparentaron con otras de origen converso español y también con antiguas familias castellanas.

Ya establecida la Inquisición, las persecuciones del Santo Oficio provocaron la huída de los conversos portugueses hacia Castilla, debido a las condiciones favorables del momento.[3] El conde-duque de Olivares, que valoraba la influencia financiera de estos grupos les dio protección, pero su caída en  1643, provocó profundos cambios y los portugueses acusados en su mayoría de judaizantes, fueron objeto de represalias por lo cual fueron obligados a huir hacia distintos puntos del mapa. En Turquía, Salónica y Holanda se conectaron con otros asentamientos criptojudíos de las zonas de Biarritz, Bayona, San Juan de Luz y Peyrehorade.

No es exagerado afirmar que el fenómeno del criptojudaismo en la península Ibérica y posteriormente en Hispanoamérica es de origen portugués, pues posteriormente a 1580, serán raros los casos de condenados por el Santo Oficio que no sean originarios de Portugal o descendientes de portugueses. A comienzos del siglo XVII el termino portugués se había convertido en sinónimo de judío.[4]

A finales del siglo XVI y durante todo XVII tuvo lugar el fenómeno de inmigración clandestina, los conversos portugueses,  ingresaron al continente americano, pese a las prohibiciones.[5] Lo hacían de diversas maneras, en las mismas naves en que llegaban los esclavos de los señores, protegidos por quienes realizaban excelentes negocios o con licencias falsificadas o directamente sin licencia. Ya establecidos la mayoría se dedicaba  a desarrollar oficios de boticarios, médicos y artesanos, aunque  la gran mayoría se especializo en el comercio.

Debido al fenómeno del criptojudaísmo muchas familias se cambiaban los apellidos para ingresar en la “legalidad”. Es decir que pese al flagelo de la persecución religiosa, los judíos de Portugal y España, arribaron a tierras americanas por diferentes vías y rápidamente se integraron en las sociedades de esta época.[6] En este contexto se inserta el criptojudaísmo como herramienta de permanencia frente a la opresión religiosa impuesta por la corona.

Ya en territorios hispanoamericanos, los fugitivos se reencontraban con la presencia inquisitorial que extendía su poder a través de los tres  tribunales que se instalaron para vigilancia y control de los territorios, en Lima, México y Cartagena de Indias.  Al primer tribunal fundado en Lima por Real Cédula de Felipe II en 1570, le fue asignado como distrito sometido toda América del Sur. Y en 1610 se sumó  a éste y al de Nueva España[7], el de Cartagena de Indias, que comprendía el reino de Nueva Granada, Tierra Firme, La Isla Española, las Islas del Barlovento, provincias dependientes  de la Audiencia de Santo Domingo (El Arzobispado de esa ciudad y el de Santa Fe de Bogotá) y los obispados de Cartagena, Panamá, Santa María, Puerto Rico, Popayán, Venezuela y Santiago de Cuba. El peso económico y social de los procesados por judaizantes es un tema importante para analizar, que tanto importaba el origen de una persona en ciudades menos estratificadas que Lima y que dependían de personas económicamente pujantes, como es el caso de Buenos Aires.

El Santo Oficio

Toco el turno al israelita/que fue entre todos aquellos/el primer quemado vivo/por sus grandes sacrilegios./Y dicen que al verse atado/al tosco mástil de hierro/y cuando ya lo envolvían/las rojas lenguas del fuego,/les gritaba a los verdugos/con tosco y rabioso acento/”Echen más leña infelices,/que me cuesta mi dinero”

Una fuente fundamental para el estudio de las comunidades criptojudias es el estudio de los procesos establecidos por los tribunales del Santo Oficio, los cuales actuaban a través de una red de inquisidores, fiscales y funcionarios, engranajes de una perfecta organización de vigilancia. Aún a distancia, por medio de familiares y comisarios, el castigo llegaba a los herejes. Para instruir al pueblo se publicaban edictos que señalaban indicios que debían denunciarse de inmediato. La razón fundamental de la implantación de la Inquisición en América fue contener a las dos principales herejías de la época, la del judaísmo y la de las ideas generadas por la Reforma protestante.

La fundación de los dos primeros tribunales se inscribe en el movimiento generado por el concilio de Trento.[8] El 25 de enero de 1569 y el 7 de febrero de 1570 son publicadas las cedulas que declaran la creación de los tribunales de Lima y México, respondiendo en parte a las quejas de las autoridades coloniales, por la creciente presencia de cristianos nuevos o portugueses en los nuevos territorios.

Para reconocer la adhesión secreta al judaísmo fueron señalados 36 puntos, desde el cumplimiento de festividades y ayunos hasta los ritos con los difuntos. Los sumarios y procesos, las actuaciones y las sentencias, estaban sujetos al más absoluto secreto y era denominado por ellos “Archivos Secretos”. Sólo transcendían al pueblo los autos de fe.

La tortura fue empleada para obtener la confesión y el testimonio que involucrara a otros sospechosos. Las penas iban desde azotes, vergüenza, destierro, galera, prisión, uso del sambenito, cárcel perpetua, y finalmente muerte en la hoguera o estrangulamiento como “gracia” si se lograba la conversión a último momento. Los acusados privados de sus derechos de defensa y sometidos a juicios que se extendían largos años, soportaban el castigo de la confiscación de bienes, con lo cual la familia del mismo sólo esperaban el desamparo y la ruina total.

Hebraístas, filósofos, intelectuales y humanistas sufrieron procesos o anatemas: entre los más destacados se encuentra el famosos y prolongado proceso contra Don Bartolomé de Carranza, arzobispo de Toledo, la censura a la obra de Santa Teresa y la persecución a Fray Luis de León y sus cinco años de encierro en la cárcel de Valladolid.

[1] Alicia Gojman de Backal, Inquisicion, 2000, p. 16.

[2] La Inquisición portuguesa se fundó en 1536.

[3] Fenómeno que se facilitó por la unificación de las dos coronas peninsulares.

[4] Ricardo escobar, Inquisicion, 2008, p. 36.

[5] Un decreto real expedido en 1508, prohibía la migración de cristianos nuevos a la isla de la Española, posteriormente dicha prohibición se extenderá al resto del continente.

[6] Boleslao Lewin, asegura que la ruta de ingreso más común era vía Brasil hacia el Rio de la Plata y de ahí al resto de las ciudades coloniales.

[7]  Las Filipinas dependían de la Inquisición de Nueva España.

[8] Ricardo escobar, Inquisicion, 2008, p. 77.