Antes de su primer Pésaj en Azerbaiyán, el rabino Shneor Segal se abasteció de comida kosher para la festividad, en la que a los judíos se les prohíbe comer alimentos hechos con levadura.

Segal, un emisario nacido en Israel del movimiento Jabad Lubavitch que emigró a en 2010 para dirigir la más grande de la capital, Bakú, se aseguró de que su congregación tuviera todos los elementos básicos certificados kosher, como azúcar, encurtidos y queso.

Fue un error de principiante.

Segal pronto descubrió a los “judíos de las montañas”, una antigua comunidad que comprende la mayor parte de la población judía de de aproximadamente 8000 personas. Ellos también se abstienen de esos productos durante Pésaj.

Las ricas y únicas tradiciones de los judíos de las montañas se exhiben en particular durante la Pascua, festividad que por razones históricas se ha convertido en la más importante para los judíos de la ex Unión Soviética.

“Recuerdo a una dama en particular que me miró consternada después de ver que utilizaba azúcar en Pésaj”, recuerda Segal. “Le aseguré que estaba a la altura de los más estrictos estándares de kashrut. Ella me miró, preguntó: ‘¡¿Y te llamas rabino?!’, y se alejó. Atesoro el recuerdo de esa mujer, tan segura de su conocimiento del judaísmo que un tipo con barba de Israel no la iba a confundir”.

Las prohibiciones de Pascua sobre los encurtidos, el azúcar y el queso se remontan a cuando los judíos de las montañas no tenían acceso a las fábricas supervisadas por rabinos que elaboraban esos productos, según Yaniv Naftalayev, líder de la comunidad judía caucásica de Israel. La cordillera del Cáucaso, que se extiende a ambos lados de Rusia, Georgia y Azerbaiyán, da su nombre a los judíos de las montañas.

La de Krasnaya Sloboda,
(Foto: Federación de Comunidades Judías de la Comunidad de Estados Independientes: https://fjc-fsu.org/)

Ahora, Naftalayev y una organización de judíos de las montañas llamada STMEGI están ocupados catalogando y enseñando esas y otras tradiciones a través del Museo de y Cultura de los Judíos de las Montañas, que abrió el año pasado en Krasnaya Sloboda, Azerbaiyán.

Pésaj se llama Nisonu en juhuri, el antiguo y moribundo idioma judío basado en farsi de los judíos de las montañas, por el mes judío de Nisán, cuando tiene lugar esa festividad.

Durante la Pascua, los judíos de las montañas evitan los cementerios. Los aniversarios de la muerte de un ser querido que caen durante Nisán se conmemoran antes o después.

Los Sedarim de los judíos de las montañas también ofrecen platos especiales, incluido uno llamado kisani burojoi hecho de espinas. Ello se basa en una leyenda rabínica de que los niños egipcios solían arrojar espinas en las tinas de arcilla que los esclavos hebreos mezclaban con los pies descalzos.

Otro plato del Séder es la eshkena, un guiso que combina otros platos tradicionales de la comida ritual, como huevos, carne y apio. Se come con matzá.

Sin embargo, el zeroa, pierna de cordero o ala de pollo para representar los sacrificios del antiguo Templo de Jerusalén, está ausente en el Séder de los judíos de las montañas. Más bien es cocinado y consumido al día siguiente por el hijo mayor de la familia, como tributo a cómo los israelitas se salvaron de la plaga de la muerte de los primogénitos en Egipto, según la de Pésaj.

Otras costumbres únicas de la Pascua —y hay muchas— incluyen encender fuego el primer día de Nisán, y celebrar el final de Pésaj con un evento llamado Govgil (“la parte final de la festividad” en juhuri), cuando las familias hacen picnics.

La razón de que los judíos de las montañas desarrollaran una tradición tan rica en torno a la Pascua “simplemente tiene que ver con la edad de esa comunidad”, dice David Mordejayev, ejecutivo de STMEGI con sede en Moscú, quien ayudó a abrir el museo en Krasnaya Sloboda. El museo presenta un catálogo completo de las costumbres de la Pascua, compilado por Naftalayev en 2018. Las recetas de eshkena y otros platos tradicionales se encuentran en Yehudéi Kavkaz, publicación mensual en hebreo que STMEGI lanzó en la Pascua de ese año.

Muchas de las costumbres sobrevivieron porque “en los tiempos de la Unión Soviética la persecución religiosa era menos severa en Central que en la parte europea”, explica Mordejayev. Los judíos de y Uzbekistán perdieron muchos hijos como soldados en el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial, lo que les valió una mayor indulgencia por parte del régimen.

En otras partes de la ex Unión Soviética los judíos usaban Pésaj, una festividad en gran parte basada en el hogar, como una conexión relativamente segura con su fe. La matzá “proporcionaba un vínculo fácil con el judaísmo. Era solo un pedazo de pan ácimo”, comenta Mendy Axelrod, rabino israelí de Jabad con sede en Moldavia. “No implicaba el riesgo de ir a la o realizar una ceremonia religiosa [prohibida]”.

Sin embargo, celebrar Pésaj no estaba exento de riesgos.

“Debido al comunismo, aquí hay un gran apego a la matzá”, dice Axelrod. “Parece que todos los que vivieron bajo el comunismo tienen una sobre cómo conseguían la matzá: haciendo fila en una panadería secreta, recibiendo un paquete de amigos”.

Los judíos de las montañas lograron preservar sus tradiciones de la Pascua porque escaparon del Holocausto, que en otros lugares destruyó comunidades y tradiciones judías centenarias. Los nazis no lograron penetrar en Central

Ira Zborovskaya, directora de proyectos especiales del American Jewish Joint Distribution Committee, recuerda haber celebrado el Séder con su familia en Odessa, Ucrania, durante el comunismo. “Solo teníamos la comida, matzá y nada de jametz en la mesa, pero ni siquiera leímos la Hagadá ni hicimos ninguna ceremonia religiosa”, cuenta. En parte, esa experiencia la hizo volver a conectarse con el judaísmo, que no se practicaba ni se discutía mucho en su núcleo familiar, agrega Zborovskaya.

Sobre todo, los judíos de las montañas lograron preservar sus tradiciones de la Pascua porque escaparon del Holocausto, que en otros lugares destruyó comunidades y tradiciones judías centenarias. Los nazis no lograron penetrar en Central.

“Si te quedas por mil años, y los judíos de las montañas han existido durante al menos ese tiempo, vas a desarrollar algunas tradiciones específicas”, comenta Mordejayev, padre de dos hijos cuya abuela paterna, Yafa, solía vivir en Krasnaya. Sloboda.

Cuando era niño, Mordejayev solía pasar las vacaciones en la casa de su difunta abuela, donde “la limpieza de la Pascua comenzaba con el lavado de las alfombras. Los judíos de las montañas en ese entonces comían en la alfombra, no había mesa para cenar. Así que no era algo teórico: definitivamente había migas de pan allí”.

Ahora la comunidad judía de Krasnaya Sloboda está en declive, al igual que otras comunidades de judíos de las montañas, y cuenta con solo unos cientos de integrantes. Muchos de sus miembros se han ido a Israel, Estados Unidos, y Europa. Sus tradiciones únicas se están desvaneciendo, a medida que más y más de ellos se casan con judíos de diferentes comunidades. Algunas costumbres de Pascua, como los picnics de Govgil, pueden no sobrevivir fuera de la región, según Mordejayev.

Su propia familia en Moscú no se preocupa por asistir a la con otros judíos de las montañas. “Simplemente vamos a la más cercana con asquenazíes, sefardíes, al igual que la mayoría de los judíos del mundo”, dice.

Aún así, predice, algunas tradiciones, especialmente las recetas especiales, perdurarán. “Nosotros, los judíos de las montañas, tenemos una memoria especialmente larga de lo que está sobre la mesa en la noche del Séder”.

*Periodista de la Jewish Telegraphic Agency.
Fuente. The Jerusalem Post.
Traducción NMI.

FuenteNuevo Mundo Israelita

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