Considerar a la evaluación del aprendizaje, de la docencia y del currículum como un objeto que impacte y otorgue cualidades progresivas a las Instituciones de Superior (IES), es un reto que pasa por distintas dimensiones y orientaciones. Si bien es cierto, a partir de los años noventa en América Latina ha habido una influencia creciente por el reconocimiento de la actividad evaluativa como una cuestión indispensable en las IES, aún se pueden encontrar dificultades estructurarles y de profundidad diversificada en cómo la evaluación se han vinculado en la vida cotidiana de las IES.  

Reconocer la perspectiva de la evaluación desde su intención. 

Con la creciente influencia de entidades transnacionales, sobre todo ligadas a la  productividad, en un entorno de  globalización económica, la evaluación en las IES tuvo un auge centrado en la rendición de cuentas y en la búsqueda del posicionamiento académico a través de méritos que pudiesen ser observados desde y hacia afuera de lo institucional, esta perspectiva llevó a la asimilación de una serie de parámetros o estándares que proporcionaban una idea de la calidad entendida en la eficiencia y la eficacia de las IES.

Sin embargo, las realidades antagónicas en tanto las consecuencias de la crisis económicas y sociales que afectan fuertemente las condiciones de vida de amplios sectores sociales que viven como un desafío cada vez más difícil (Cervi y Calatayud, 2012: 47) redujeron elementos de efectividad y eficacia privilegiadas por esta perspectiva a sólo un punto de partida para la revisión de la relevancia social de las IES. Es así como una Institución que busque reconocer cuál es su injerencia en ámbitos más amplios como el comunitario-social, tiene el reto de encontrar en la evaluación como una brújula que orienta en las decisiones que marcarán sí  el rumbo de la oferta educativa, pero también revisará su oferta en tanto la dinámica de la sociedad como comunidad. La revisión de la injerencia social por medios evaluativos, se ha considerado difícil de medir por la amplitud que esta supone, sin embargo, el acercamiento a casos, la focalización o la selección de informantes clave puede contribuir con este conocimiento. 

Consolidación de la evaluación en la vida institucional 

Pensar en la universidad como espacio de  trabajo con el saber, considerar su sentido como institución educativa en diálogo con la vida social y política (Cerman, 2009:778) y que pretende relevancia en el entorno comunitario,  deben contar con equipos de evaluación profesionales. Este es el segundo reto. 

Se ha documentado que tradicionalmente, los procesos de evaluación de las IES, habían sido otorgados por una parte a cuadros administrativos que buscaban en la evaluación una finalidad técnica, de generación de información que documentara la resolución de problemas de orden burocrático y, por otro lado a cuadros ligados a la ejecución de las normas, quienes en un sentido estricto generaban la aplicación de sanciones a quienes no se regían bajo la lógica de ciertas políticas. Sin embargo, estos elementos administrativos y normativos, sin negar que son necesarios para la convivencia en la vida institucional no reflejan del todo en qué medida la institución logra su misión y alcanza su visión. 

Es por eso preciso que en las IES hayan de formarse cuadros profesionales para la evaluación de la docencia, del aprendizaje y del currículum, que tengan una visión compartida sobre cómo la evaluación puede aportar a la vida cotidiana de la institución, alejados que puedan entender la complejidad de la evaluación y se alejen de ser cuerpos configurados por personal profano e improvisado (Moreno, T. 2011:123). El bienestar de los alumnos hacia cómo se imparten las clases, cómo se vinculan éstas con sus vidas y su profesionalidad presente y proyectada y cómo los profesores se sienten en el trabajo dentro de la institución, las oportunidades de desarrollo y sus aportes hacia el currículum escolar, entre otros, son elementos que deben ser tomados en cuenta para esta evaluación. 

La evaluación como un proceso constante 

Ante los abrumadores requerimientos de información que genera la evaluación, algunas IES corren el riesgo de generarla con premura y sin estructuración, con el riesgo de basarse en mecanismos improvisados que no reflejen fielmente el estado de las cosas que guarda la institución con respecto al aprendizaje de los alumnos, la enseñanza de los profesores y el currículum. Es por eso que un reto para las IES en México, radica en la instauración de un proceso sistemático y continuo de evaluación, provocando que ésta se convierta en una constante, que de certidumbres y que genere nuevos desafíos, los cuáles son además comunicados como un proceso participativo y de interés común. La evaluación como proceso constante afecta a docentes y alumnos de la escuela en cuestión, articulando en su trama mandatos institucionales, sentidos sociales y culturales que legitiman desigualdades y provocan desafíos permanentes (Cervi y Calatayud, 2012: 46). 

La evaluación como proceso institucional integrado

Para que la evaluación se comprenda como un proceso participativo y de interés común, esta debe generar a su vez elementos para que con sus resultados, se oriente a la profesionalización de los docentes, es decir, a partir de lo que la evaluación de la docencia y del aprendizaje aporte, los profesores deben encontrarse a sí mismos en un camino del mejoramiento, pero la misma evaluación es susceptible también de aportar información a la administración para que se gesten nuevos espacios para el mejoramiento del profesorado. 

Además, la evaluación debe contribuir a que los estudiantes se involucren en la construcción de sus propios aprendizajes, lo cual implica que el cómo se comunique a la misma sea atractiva y significativa según su área de especialidad y sus intereses. El impacto de la evaluación en el diseño curricular es el siguiente eslabón en esta cadena, ya que a partir de la información generada por la evaluación pueden diseñarse y encontrarse perspectivas diversificadas de acompañamiento a los estudiantes. 

La evaluación como un proceso y genera líneas de investigación y que es en sí un proceso de investigación

El reto de reconocer a la evaluación como un proceso integrado no queda sólo en la profesionalización del profesorado, el involucramiento del estudiantado en sus propios procesos y en la regeneración del currículum, sino que se extiende a cómo la evaluación es un  elemento que orienta a la investigación y viceversa. 

En la cotidianidad de las IES mexicanas es común encontrar que cada investigador se decide por sus temas de acuerdo con su formación, capacidades e intereses lo cual reduce (o amplía) el espectro de la investigación en donde en cambio no existe un tratado institucional, que basado en la evaluación genere líneas de investigación que orienten a los investigadores y estudiantes para que el conocimiento producido tenga mayor uso y alcance. Que llegue al reconocimiento de las necesidades institucionales y alcance la captación de las necesidades comunitarias-sociales. Así es como, las prácticas evaluativas deben mostrar relaciones y articulaciones que se van construyendo en función de objetos y contextos que, sin perder la identidad epistemológica y teórico metodológica, intentan dialogar construyendo, artesanalmente, respuestas situadas a casos concretos (Cerman, 2009:777).

 

El aporte de la evaluación al sentido de integración comunitaria 

Por último, la evaluación debe aportar a las Instituciones de Superior, un componente integrativo y vivificador, donde la producción de sus conocimientos se difundan ampliamente entre los agentes educativos para promover mejoras en sus prácticas cotidianas y les dote de un sentido común, de una serie de atributos de reconocimiento propio de la institución en uno y del uno en la institución.

En otras palabras, quienes generan, impulsan y desarrollan la evaluación del aprendizaje, la docencia y el currículum, tienen el reto de hacer que esta sea vivencial y significativa, donde sus elementos son fáciles de nombrar y ayuden a que los participantes en el proceso se involucren y se sientan identificados, bajo el reconocimiento de la complejidad tanto del proceso de aprendizaje como de su consiguiente valoración (Moreno, T. 2011:121). 

 

En resumen, la evaluación en las IES, como hasta aquí se ha  mencionado, tiene el reto de ser un proceso que refleje la injerencia institucional en la comunidad social, de generarse en procesos continuos, de comprenderse como un proceso constante, que da certidumbres y busca nuevos desafíos; como un proceso institucional integrado, que es en sí un proceso, pero que forma parte de un sistema más amplio; como un proceso que informa y genera líneas de investigación y que es en sí un proceso de investigación y que además guarda un compromiso con lo comunitario. 

 

Referencias 

 

Cerman, S. (2009) Evaluando la evaluación. Tensiones de sentidos en el nivel universitario. Educere, vol. 13, núm. 46, Universidad de los Andes, Venezuela pp. 777-778. 

 

Cervi, G. y Calatayud, P. (2012) Evaluación y saber: ¿Una relación posible? En Praxis Educativa (Arg), vol. XVI, núm. 1, enero-junio, 2012, pp. 46-54. Universidad Nacional de La Pampa, Argentina. Pp. 46-49.

 

Moreno, T. (2011) Frankenstein evaluador. Revista de la Superior, vol. XL, núm. 160, Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Superior, México. Pp. 119-131

 


 

Miguel Angel Díaz Delgado es Investigador del Sistema Nacional de Investigadores de México, dirigió el proyecto de investigación La formación de líderes escolares. Acercamiento a las prácticas situadas para la creación de modelos compartidos del Instituto de sobre la Universidad y la de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Actualmente, es Jefe del Área de de la Universidad de México y Profesor de asignatura de Administración Educativa en la Licenciatura en Pedagogía y dirige cursos de liderazgo con profesores y equipos directivos a nivel internacional.

Preside la Red Internacional en Liderazgo Educativo (Interleader), y ha ofrecido conferencias en diferentes Universidades a nivel global, entre las que se mencionan en México la Universidad de Guadalajara, la Universidad Marista, Universidad ITESO, la Universidad del Golfo, la Universidad Autónoma de Chiapas y en Canadá, en Edmonton Public Schools, en Australia en la Universidad de MacKay; en Costa Rica en la Universidad de Costa Rica, Universidad Estatal a Distancia, Universidad Nacional de Costa Rica y en Guatemala en el Ministerio de de Guatemala, Central Queensland, Australia en el marco del Simposio Internacional para la Innovación en la Australia Rural (ISFIRE) y el encuentro de la Sociedad para la Provisión de Rural en Australia (SPERA).