A parte de los problemas inmediatos que debe afrontar la Unión Europea (UE) como el Brexit, el movimiento independentista en Cataluña o la crisis de los refugiados, existen problemas mucho más profundos que hoy día afectan a su estructura interna. Y es que la UE ha fracasado en instaurar un gobierno europeo que realmente tenga legitimidad y con el que los ciudadanos se sientan identificados. Si a esta realidad añadimos el arraigado nacionalismo de los estados miembro y la inefectividad y apatía de las instituciones de la UE, se puede comprender por qué no hay un consenso ni una consistencia en la Europa política.

La UE ha pasado de ser una organización práctica para solucionar problemas con efectividad a ser un gran monstruo burocrático en el que se es imposible consensuar soluciones. Por lo que es tiempo de que se vuelva al sendero de buscar herramientas y mecanismos que hagan a la una organización multipolar y justa, que luche por proteger los intereses de todos los europeos al mismo tiempo que tenga en cuenta y respete sus minorías.

Las bases sobre las que se fundó la UE también están en peligro. La masiva migración de ciudadanos de países de fuera de la UE ha hecho que muchos de los miembros se replanteen el principio de libre circulación de personas. La unión monetaria también ha sido cuestionada en los últimos tiempos, sobre todo desde los rescates económicos que se tuvieron que llevar a cabo en aquellos estados miembro más afectados por la crisis económica de 2008. Dicha crisis evidenció la fractura entre los países del norte y del sur, y el abismo que hay entre las economías de estas regiones. Aunque la mejora gradual de la economía ha dado paso a un tímido crecimiento económico, las consecuencias de la crisis se evidencian en esta ruptura entre el norte y el sur.

El mayor problema quizás sea que la pérdida de soberanía con la que los estados miembro se conformaron al entrar a la Unión no se está usando para tratar los problemas más fundamentales a los que se enfrenta Europa. Por ejemplo, las cuotas de refugiados que se acordaron no han sido cumplidas por la mayoría de los estados, y no se prevé sanción alguna por el incumplimiento de dicho acuerdo, aunque el tratado fuera firmado por todos los miembros de la Unión. En materia económica, estados poderosos como Alemania han podido forzar a países como Grecia y España a implementar medidas de austeridad las cuales indudablemente dejaron a la clase trabajadora de dichas economías claramente devastadas. Esto sin que se tuvieran que enfrentar a una negativa de esos estados apelando a su soberanía para no implantar dichas acciones.

Parece que se ha olvidado el hecho de que la nació de la idea de ir más allá de los tratados económicos y de la Comunidad Económica Europea. Si Europa sigue teniendo el objetivo de poder competir con las grandes potencias mundiales como son Estados Unidos y China, no puede seguir siendo una organización estática. Tiene que ser flexible y tener unos objetivos comunes, consensuados y precisos. Las clase dirigente europea actual está más pendiente de estar a la altura de los grupos económicos, militares y políticos mundiales que de construir un escenario propiamente europeo. Y sin esta cualidad, es imposible que Europa pueda competir a nivel global y menos solucionar los problemas estructurales de los que hemos hablado.

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Actualmente estudia Relaciones Internacionales en la Universidad Ramón Llull En Blanquerna . También ha hecho estudios sobre Urbanización in Africa, Civilizaciones africanas, Desarrollo Internacional. Desde 2015 ha colaborado Amnistía Internacional Barcelona en diferentes iniciativas, principalmente mediante el uso de redes sociales para concientizar. Sus lenguas maternas son el español y el catalán y además domina los idiomas inglés y francés.