Diario Judío México - Testimonio escrito por Anamaría Ashwell, amiga de Maria Sten:

Maria Sten, la fallecida historiadora del teatro y la literatura mesoamericana de la Universidad Nacional Autónoma de , me contó que ella se encontraba en Francia cuando los alemanes invadieron su natal Polonia. Ante la imposibilidad de regresar a su hogar, por instrucciones de una francesa en la Resitencia, ella se dirigió a Marsella junto con miles de otros judíos en busca de un cónsul, mexicano, que estaba ayudando a salvar vidas. Me contó (en la secuencia que recuerdo) que a ella la acogió en su departamento, después que la vio sentada en una banca en un parque público con semblante desolado, la hermana de Helena Rubinstein, la magnate de los cosméticos que se encontraba en Nueva York procurando visa para sacar a su hermana de Francia. En Marsella se le explicó que antes de acceder a una visa de salida ella debía sellar su pasaporte (y el de su hermano) en Paris, en la embajada no sé si me dijo polaca o mexicana. “La Rubinstein”, como le llamó María, le preparó para ese viaje peligroso: le regaló un abrigo de piel, zapatos finos, le recomendó un peinado elegante y le proveyó de unas medias de “nylon”. Había que burlar a la policía del régimen de Vichy (del Mariscal Philippe Pétain, 1940–44) que vigilaba los trenes y andenes hacia París. María me dijo que en medio de la incertidumbre y temiendo por su vida, envuelta en esa vestimenta lujosa, los hombres la miraban con admiración mientras ella esperaba la llegada del tren. El tren tardó en llegar y su nerviosismo aumentó. De pronto se le acercó un hombre con un portafolio negro que le pidió que lo transportara con ella a París. Allá le recibiría un “amigo” que la estaría esperando explicó. Mientras, el hombre se ofreció a hacer averiguaciones sobre el horario de llegada del tren y el boleto. María me dijo que el tiempo pareció eterno y que ella no hizo preguntas ni titubeo para no despertar sospechas, pero cuando tuvo que subir al tren casi no pudo cargar el portafolio negro. Su peso casi la doblega. Fingiendo soltura se acomodó en el vagón. Cuando bajó del tren en París estaba efectivamente una persona esperándola. Esa persona le dijo que era de justicia que ella supiera lo que estaba transportando y le abrió el portafolios: adentro habían miles, ¡miles! me dijo María, de puntas extraídas de pluma fuentes y todas de ¡oro!.

María regresó después a Marsella con los pasaportes sellados y con la expectativa de salir desde Marsella, con su hermano, en un barco con dirección y asilo hacia Cuba.

Si me dijo el nombre el cónsul mexicano que le salvó a ella y su hermano la vida con ese visado no lo recuerdo; pero pienso ahora, por la coincidencia de fechas, que pudo haber sido Gilberto Bosques (1892 1995) y su secretaria Margarita Assimans quienes le entregaron la visa. Bosques había sido nombrado cónsul en Marsella por Lázaro Cárdenas y en dos años emitió 40 mil visas a judíos y refugiados de la guerra civil española, además de procurarles escondites y asistencia a aquellos cuyas vidas peligraban.