En la actualidad estamos viviendo una nueva realidad, una existencia que nos desdibuja todo lo conocido y lo vuelve a rearmar desde otras formas y maneras de pensar pero siempre desde el propio ser humano y su actividad histórico-social. Así es necesario hoy más que nunca saber muy bien quiénes somos y de dónde venimos, como partes independientes y en conjunto de lo que constituye la identidad humana en sociedad.

Ahora en este siglo XXI en tiempos del Covid-19, nuestra inmediatez se vuelve cada vez más cercana y próxima, acercándose a vivir ese “Carpe Diem” del día a día, del momento presente del ahora y siempre. Lo anterior de una forma más consciente, verdadera y realista, porque nos enfrenta con el sentido propio de la existencia misma, donde vida y muerte son un idéntico respiro, donde el sueño es ahora más próximo y legítimo.

Por ello, es fundamental que más allá de la razón sigamos los dictados de nuestro corazón y articulemos una vida menos egoísta y más comprometida con los otros, ya que esos otros son el reflejo de tu propio Yo. De esta forma hablar hoy de interculturalidad es prioritario ya que todos estamos interconectados como raza humana y las pandemias nos lo recuerdan cada tiempo y siglo tras siglo.

No obstante todavía existen personas que abanderan nacionalismos y extremismos religiosos caedizos que alimentan el racismo, la xenofobia, aporofobia, islamofobia y antisemitismo. Como hija de una judía sefardita, conozco muy bien quién soy y de cuál tradición religiosa e identitaria provengo desde hace siglos. Esto debido a que el judaísmo con mayúscula no significa pertenecer a un club selecto de personas o Kehilás grandes o pequeñas, es simplemente desde mi propio punto de vista, educación, experiencia personal y familiar un (estado natural y para muchos espiritual) como lo afirma la Torá, ligado a la propia naturaleza materna de cada uno de los hijos de Israel.

Por ello en mi caso ser judía significa que cuando alguien levanta la voz o su mano en contra de mis hermanos sean estos judíos Sefaradim, Askenazím, Misrajiés o Yemenitas, Caraítas, Parsim, Magrebim, Etíopes, Bujarianos, Asiáticos y Chuetas, al igual que ortodoxos, laicos, reformistas, ultra-ortodoxos, ateos, homosexuales, pobres, ricos, mujeres, hombres o niños, nunca me quedaré impávida ante ello, al igual que no lo haría si estos hermanos no fueran judíos y fueran indígenas, afro-descendientes, asiáticos, musulmanes e hindúes.

Porque se me educó para respetar a todos mis congéneres, aunque muchas veces esos todos no se comporten de igual forma frente mí. De esta manera, defenderé mi humanidad y mi integridad personal y la de los que me rodean siempre, más allá de mezquindades, estigmas y sectarismos de cualquier índole y sobre todo desde el mismo frente donde milito desde que nací y que en todo caso es el Frente Humano.

Por tanto, en estos momentos es necesario que la humanidad en su conjunto se perciba como una sola en el sentido de no atrincherarse en lo profundo de sus círculos más cercanos, colaborando solidaria y empáticamente con quienes están fuera de estos para así, contribuir a construir puentes dialógicos y consensos de voluntades que no terminen en el disenso generalizado que nos encierra y enceguece al sostener posturas al igual que argumentos caducos y obsoletos en torno a ser simplemente seres humanos de paso por esta tierra.

Como hija de una judía sefaradí de origen español y francés, nunca he escondido que mi padre era un gentil de ascendencia Nahual y jamás lo haré, porque me siento tan orgullosa de él como de mi madre, ambos sobrevivieron a dos Guerras y mi padre defendió a su país con su vida. Así me educaron a pesar de sus diferencias en la tolerancia y el respeto hacia la diversidad de pensamiento, raza y credo y esa es la consigna de vida que cada día honro desde que recuerdo.

Traigo esto a colación porque muchas banderas pueden albergar mi identidad y mi ciudadanía pero ante todo, nunca me olvido que también soy judía en una diáspora continua hasta el fin de mis días…

(Especial para el Diario Judío.com de México.)

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Licenciada en Filosofía de la Universidad de Costa Rica, UCR, especializada en identidad nacional costarricense; ética; y comunicación social, Máster en ética y democracia por la Universidad de Valencia. En la actualidad investiga sobre los judíos sefardíes en Costa RIca. Además tiene estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica y trabaja como consejera en razonamiento jurídico en una firma de abogados. Publica artículos en El Semanario Universidad, de la Universidad de Costa RIca, en esefarad.com, revista argentina en internet sobre cultura sefardita y ha publicado en el diario La Nación de Costa RIca. Es Poeta. Publicó poemas en la Revista Tópicos del Humanismo de la Universidad Nacional, UNA, en el Semanario Universidad de la UCR y en el diario La Nación. Forma parte de la Junta Directiva de la Ong Instituto para el Desarrollo, la Democracia y la Ética, IDDE.