SHEMA

Ayudar al prójimo, a veces nos une y a veces nos divide.
En el transcurso de la vida, todos vamos perteneciendo a determinados grupos. Desde que nacemos pertenecemos ya al grupo humano, al grupo hombre o mujer, al grupo de los nacidos en determinada fecha, en determinado país, en determinada familia. Desde que nacemos ya se sabe qué idioma habremos de hablar ya que somos lo que harán de nosotros, al menos por un tiempo hasta que logremos nosotros mismos independizarnos y crear nuestros modos propios, establecidos de los aprendizajes ajenos, ya que definitivamente somos seres sociales.
Ya desde bebés tendemos a preferir más a ciertas personas que a otras. Luego, en la guardería del kinder, nos unimos más a ciertos compañeritos que a otros. Y así toda la vida, hasta el último día, e incluso después de la vida. No todos aquellos que estaban con nosotros en vida nos recordarán cuando ya no estemos. Pero eso no es ni malo ni bueno, simplemente es así porque la vida es así. Ni siquiera se puede decir que es discriminación, sino discernimiento.
Cuando ayudamos a alguien, lo hacemos por algo: porque entendemos sus necesidades, porque sabemos que realmente lo necesita, porque queremos que ese alguien esté bien y porque sabemos que no está pidiendo ayuda para abusar, sino por necesidad. Nadie va a ayudar a otra persona si este no lo necesita realmente, si es que pide ayuda solamente por no querer esforzarse y preferir el esfuerzo ajeno al propio. Esa gente no merece ayuda, lo que requieren es que se los comprenda y se los ayude en otro sentido, un sentido más amplio aún. Esas personas requieren ayuda, sí, pero de otra índole, de índole amorosa, psicológica tal vez. A esas personas tampoco se las debe dejar de lado, sino acercarse más que a otras para hacerles comprender, ya sea con palabras o con el ejemplo, pero siempre con amor, cariño y comprensión.
¿Cómo saber quién necesita ayuda?
¿Cómo saber a quién se debe dar prioridad?
¿Cómo saber cómo se le debe ayudar?
¿Cómo saber si la ayuda que pide es realmente la que requiere o eso es lo que esa persona cree?
Para eso hay respuesta: primero debemos escucharlo, mirándole a los ojos, sin interrupción, sin juzgar, incluso sin aconsejar y sin siquiera querer escucharle para opinar. Simplemente escuchar con atención. Aunque no estemos de acuerdo, aunque veamos que está equivocado. Si esa persona quiere hablar es porque la mejor ayuda que le podemos brindar es que alguien lo escuche.
La rezo más icónica de pueblo judío es por excelencia el SHEMA , “ESCUCHA ISRAEL”. Esas palabras se pueden entender de dos maneras: la primera es como una petición, un consejo, casi una orden Divina imperativa, ESCUCHA y cállate, aprende a escuchar y ya. La segunda es de manera cualitativa que nos distingue como pueblo: “Escucha Israel”, quiere decir que la cualidad de pueblo judío es que se escuchan entre ellos. sí escucha. Y no solamente entre ellos, sino que esa es una cualidad nata: es una creación que escucha a los demás, a quien sea. Nacen con esa virtud que, con el tiempo, van opacando o abrillantando. La cualidad está en esa nación más que en otras naciones. En dicho pueblo está utilizarla con esa fuerza única que, como pueblo elegido, les fue otorgada, o no utilizarla. Pero esa fuerza existe en el mundo para todo aquel que decida adoptarla en su vida, sin distinción de pueblo, credo o religión. Una cosa es una tendencia nata y otra es la oportunidad del humano en su totalidad.

Ya que hemos escuchado al prójimo, a los prójimos, si es que está en nuestras manos dar el segundo paso de ayuda, entonces lo hacemos. Ya sea con un consejo, si es que el caso lo amerita, o ya sea de la manera que sea.

Para ayudar al prójimo, ya sea escuchándolo, aconsejándole o de la manera que sea, antes debemos saber cuál es nuestro prójimo más allegado, ya que no es adecuado ni correcto ayudar antes al más lejano y luego al más cercano, o incluso solamente al más lejano y nada al más cercano.

Como hemos dicho al principio, nacemos en un grupo, en varios a la vez. Esos son nuestros prójimos más próximos. Ayudar a los más lejanos antes que a los más cercanos, incluso puede ser un acto completamente contrario a ayudar. Aunque a la vista de las personas eso se vea altruista, no es así. Es más bien casi como robar o tal vez peor. Siempre debemos priorizar la ayuda a los grupos más próximos a nosotros. Cada persona que no ayudamos siendo de nuestro grupo más cercano, su sufrimiento es gigantesco, insoportable, doloroso, casi una tortura. Ver que se ayuda primero a otras personas más alejadas del grupo antes que a los más allegados, es realmente un tormento insoportable.

El pueblo hebreo es un pueblo con una cualidad nata llamada SHEMA ISRAEL.
En la Relato Pascual hay un párrafo bíblico que dice: “y clamamos a Dios y escuchó nuestras voces”. En la Biblia leemos cuando Saráh tuvo que sacar a la concubina de su esposo Abraham junto con su hijo. En ese momento todos estaban muy tristes aunque esa era la mejor decisión. Ahí la Biblia dice que Abraham, Saráh, Hagar su concubina; Ishmael hijo de Hagar e Itzjak hijo de Saráh estaban pidiéndole a Dios por el bienestar de Hagar e Ishmael en la nueva vida que llevarán a cabo. En ese mismo momento la Biblia nos enseña que Dios escuchó a Ishmael. Y así, en muchas ocasiones, incluso cuando el faraon fue escuchado y supo escuchar a Yosef en la interpretación de los sueños. En ninguna de las partes dice que Dios les resolvió el problema, tampoco en la Relato Pascual se entona tanto la salida de Egipto como el párrafo que Dios escuchó al pueblo. El hecho de ser escuchados ya es más que una solución, incluso un consuelo. A grado tal que el problema deja de existir en la mayoría de la veces, sólo por ser escuchados, sin juzgar, sin aconsejar.

“Y si un día no tienes ganas de hablar con nadie, llámame… estaremos en silencio”

3 COMENTARIOS

  1. BUEN DIA GRACIAS POR EL ARTICULO PODRIAN VOLVER A ENVIAR EL DE AUTOESTIMA. ESE NO LO VI. POR FAVOR- DESDE YA GRACIAS NUEVAMENTE. SHALOM

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Mi nombre es Gabriel Zaed y escribo bajo el seudónimo de Rob Dagán. Mi pasión por la escritura es una consecuencia del ensordecedor barullo existente en mis pensamientos. Ellos se amainan un poco cuando son expresados en tinta, en un escrito. Más importante es expresarse que ser escuchado o leído, ya que la libertad no radica en hablar, sino en ser libre para pensar, analizar.