Diario Judío México - Uno de los peores errores en los que caemos muchos individuos casados es pensar, “ya es mío (mía)” y dejan de preocuparse por mantener vivo el amor. Un individuo puede ser mucho más compasivo con un amigo o un colega que con su propio cónyuge. Pero eso es una grave falta porque finalmente nuestra pareja es nuestro mejor amigo. Si un amigo se propusiese a bajar unos kilitos de más, por ejemplo, la persona es comprensiva y le da ánimos. Si esa misma acción fuese realizada por su pareja, la actitud puede ser muy diferente, tal vez diga con enfado, “ya era hora, no eras tan gordo (gorda) cuando te conocí”.

Esto se debe muchas veces a una excesiva confianza. Sin duda, sin confianza no hay matrimonio, pero, ¿cómo es posible que alguien pierda la sensibilidad hacia la persona que más la apoya y más la quiere? La vida de casados requiere de mucho esfuerzo, no es lo mismo un par de amigos que se ven una vez cada tanto que un hombre y una mujer que comparten todo, desde los más íntimos secretos hasta la conversación más mundana. Por lo tanto, requiere esfuerzo el mantener una buena relación. No es fácil. Pero es gratificante, si es un buen matrimonio.

Una de las maneras en que podemos mantener viva la relación es por medio de demostrar un verdadero interés en el otro. Por ejemplo, si el hombre colecciona estampillas, no es necesario que la esposa sea una experta en filatelia, pero sí un poco de interés. Y viceversa, el hombre debe importarle aquello que es significativo para su esposa. Aun si una relación es buena, siempre se puede mejorar.

Basado en y ampliado de las palabras de Rab Ben Zión Klatzko.

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